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Se vislumbra un segundo semestre difícil para la economía mexicana

La economía se desacelera. La segunda mitad del año luce complicada, con crecimiento a la baja, además de desafíos y riesgos de gran calado. En estas condiciones, esperamos acabar el año con un incremento del PIB en torno al 2%, pero preocupa –y hay que evitar– que la tendencia de debilidad se extienda para el 2017.



Esta visión poco optimista para el corto y mediano plazo deriva de factores externos, pero también internos.

El panorama internacional ciertamente es complicado y no favorable para México.

Aunque los mercados financieros se han mantenido en relativa calma después de la sacudida inicial del Brexit, pocos analistas apuestan a que se haya agotado del todo su efecto. La incertidumbre persiste, y no pueden descartarse nuevos episodios de alta volatilidad, máxime con una economía global que sigue débil.

Hay varios frentes abiertos que pueden generar nerviosismo e inestabilidad: desde las campañas presidenciales en Estados Unidos, hasta la situación de la economía china, cuyo desempeño es clave para la demanda mundial y los precios de los commodities, incluyendo los del petróleo, que son críticos también para nosotros.

En general, en Estados Unidos crecen a un ritmo inferior al que se esperaba.

México tiene una posición de gran vulnerabilidad ante un eventual empeoramiento en la economía global. No sólo por nuestra exposición como economía abierta, sino también porque tenemos importantes flancos débiles propios, que es necesario atender y solventar con oportunidad. En este sentido, los síntomas de debilidad interna siguen acumulándose.

El consumo da señales de estancamiento, con una perspectiva agravada por el reto de una mayor inflación. La fuerte depreciación del peso no podía quedar sin consecuencias, y difícilmente los precios pueden ser inmunes a alzas como las que se han dado en gasolina, luz y otros servicios. Por su parte, la confianza de los consumidores ha seguido bajando.

Ante los indicios claros de que también hay una menor inversión física privada y pública, deben considerarse las implicaciones de las medidas restrictivas de política fiscal y monetaria que se han instrumentado, bien hechas, bien recetadas y necesarias, pero que no pueden dejar de afectar al crecimiento.

Nuestro blindaje macroeconómico es importante, pero no es suficiente. La fuerte depreciación del peso no responde sólo a la difícil coyuntura internacional y a su uso como medio de cobertura, sino también a desequilibrios estructurales que socavan nuestra estabilidad macro.

Hoy tenemos el más alto déficit público en casi 30 años, lo cual incide en que mantengamos un nivel de endeudamiento público que no es sano.

Con más deuda y menores ingresos públicos y entradas de divisas, y sin que las exportaciones, en general, hayan reaccionado al tipo de cambio más competitivo, se ha deteriorado la balanza de pagos. La cuenta corriente presenta ya un déficit que se acerca al 3% del PIB, cuando hace apenas 10 años no llegaba a 1 por ciento. Todo esto acaba por aumentar la vulnerabilidad ante fases de volatilidad financiera y presiona los precios en el interior.

Así, se frena la mejoría que hemos tenido en el poder adquisitivo de importantes segmentos de la población, y que ha sido el motor del consumo. Eso es lo que tenemos que evitar a toda costa: el mercado interno es la carta más fuerte que tenemos en términos de crecimiento en este momento.

A todo ello, hay que sumar el gran desafío de México en materia de Estado de Derecho y seguridad, que se han deteriorado. Los fenómenos de ingobernabilidad e ilegalidad, son un mal precedente para la economía, como lo son también para la estabilidad política y social.

De ahí la gravedad de los costos que resultan del conflicto con la CNTE y los grupos que la apoyan. A pesar del diálogo y las concesiones, lejos de bajar la intensidad de sus acciones delictivas y de bloqueo, las están radicalizando en algunos casos, mientras que las pérdidas económicas de las empresas y los ciudadanos se multiplican.

Las más afectadas son las pequeñas y micro empresas locales, de las que depende gran parte de la población. Las pérdidas que se reportan son cuantiosas, en el sector industrial, nos han reportado pérdidas que rebasan los 10 mil millones de pesos, y en el comercial, entre 7 mil y 8 mil millones de pesos. Las afectaciones tienen efectos en amplias cadenas de abastecimiento, que llegan hasta los estados del norte.

Estamos, todos juntos en el sector empresarial, afinando un paquete de acciones conjuntas entre la iniciativa privada y el Gobierno federal, y los estados y municipios, para impulsar la reactivación económica en las áreas con más problemas, una vez que termine el conflicto y se desaparezcan los bloqueos y así apoyar a las empresas y a los ciudadanos en su recuperación.

Afortunadamente, tenemos alternativas y márgenes de maniobra para mejorar el entorno e impulsar un mejor desempeño de la economía para el corto y el mediano plazos. Me concentro en dos, que son clave.

El paquete económico para 2017 tiene que enviar señales claras de responsabilidad y de confianza y sinergia también con los agentes económicos.

Por el lado del gasto, es fundamental reducirlo más, y por supuesto hacerlo efectivamente: en el presupuesto y en los hechos, en el ejercicio. Hay que corregir de forma más contundente el déficit primario, de hecho tiene que haber un superávit primario, de una manera decidida y clara. En el caso del déficit público, se ha anunciado un esfuerzo importante de recortarlo a un 3% en el 2017. Consideramos que no es suficiente.

Debemos bajar el gasto en niveles de hasta 300 mil millones de pesos para 2017, pero con ahorros y reducciones en áreas no fundamentales, a fin de liberar recursos para la inversión, gasto social eficiente y la amortización de la deuda, para no tener que pedir prestado para pagar los intereses de nuestra propia deuda.

Por el lado de los impuestos también hay que propiciar la liberación de recursos para el ahorro, la inversión, la creación de empleos y el consumo privado. Esperamos también que puedan implementarse incentivos, simplificación y ajustes, así como mejoras operativas que disminuyan la carga administrativa de las empresas y de los contribuyentes ciudadanos.

Es necesario dar, como nación, muestras claras del compromiso de ir a fondo en el reto de hacer de México un país de leyes e instituciones, de ir con todo contra la corrupción, la inseguridad, la impunidad y el abuso. Estamos creando mecanismos institucionales muy importantes para avanzar en este terreno, pero hay que usarlos, independientemente de la política, sin negociaciones, sin discrecionalidad. Ese es el gran cambio que se espera de México para despegar económicamente.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com

 

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