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Propuestas concretas en innovación y desarrollo

La coyuntura nacional e internacional, con toda su intensidad, no debe hacernos perder de vista los retos estructurales que hay que superar para acceder a las tasas de crecimiento sostenible que necesitamos. Una gran asignatura pendiente es remontar nuestro rezago en investigación, desarrollo tecnológico e innovación, factor determinante para pasar de ser un país emergente a uno desarrollado, capaz de brindar niveles de bienestar adecuados a toda su población en la economía del Siglo XXI.


México; innovación, desarrollo


Afortunadamente, disponemos de oportunidades y de alternativas que no hemos aprovechado para avanzar más rápido en el camino de la economía del conocimiento. Podemos acelerar con fuerza el paso desde el próximo año, con efectos multiplicadores de mediano y el largo plazos.

Entre las prioridades del sector empresarial para los próximos años, y en particular en el 2017, destaca el dar un impulso decidido a la innovación y el desarrollo.

Con ese fin estamos afinando un paquete de propuestas muy concretas, en el marco del diálogo al que convocó el Presidente de la República, entre el sector privado, el Conacyt y las secretarías de Hacienda y Crédito Público y de Economía. En lo que atañe al corto plazo, queremos avanzar por tres vías principales.

Primero. En apego a las dos condiciones establecidas -no afectar la estabilidad en las finanzas públicas y lograr acuerdos en el Congreso-, en el Paquete económico 2017, vamos por esquemas de incentivos que promuevan fuertemente la llegada de inversiones y fondos de capital enfocados a la investigación, el desarrollo experimental y la innovación. Esto incluye un apartado especial para las Zonas Económicas Especiales. Segundo. Vemos una gran oportunidad en reformas muy puntuales en materia de compras públicas. En específico, modificaciones a la Ley de Adquisiciones, Arrendamientos y Servicios del Sector Público, que quiten candados a la innovación gubernamental.

Las empresas tienen mucho que aportar para mejorar la calidad y la eficiencia en toda la gama de actividades del Estado, pero en muchos casos no se puede hacer nada, debido diversas restricciones. Por ejemplo, la exigencia de pre diagnósticos de factibilidad, productos terminados o resultados comprobables. Esto es en gran medida incompatible con los principios de la innovación, que siempre implican un grado de incertidumbre, pero a cambio, de compartir riesgos para conseguir resultados fuera de lo habitual.

En tercer lugar, queremos impulsar un programa de desarrollo de habilidades para la innovación orientado a estudiantes de educación superior, con cátedras ex profeso.

Lo que debe quedarnos claro a todos, en el sector público, la iniciativa privada, la academia y la sociedad civil, es que no podemos pretender ser un país desarrollado sin una reducción sustantiva de nuestras brechas en investigación, innovación y desarrollo tecnológico. Y no podremos disminuirlas sin una estrategia integral, de largo plazo y consensuada entre estos cuatro sectores, para conjuntar verdaderas sinergias, y sin un esfuerzo y una inversión exponencialmente mayores para lograrlo.

México ha tenido avances importantes en la materia. En la última clasificación del índice mundial de Innovación, avanzamos nueve lugares, para llegar al lugar 57 entre 143 países. Pero nuestra posición comparativa se ha deteriorado en renglones como Ambiente de Negocios, Infraestructura y en especial Tecnologías de la Información y Comunicación, Comercio y Competitividad e Impacto del Conocimiento.

En factores clave como Ambiente Regulatorio, Educación, Crédito, Inversión, Vinculación en Innovación, Creación de Conocimiento y Activos Intangibles, la distancia que nos separa de los países desarrollados y de los emergentes con mejores prácticas es todavía muy importante, aunque haya avances en algunos conceptos.

La brecha de innovación es una de las debilidades más importantes del sector productivo nacional. En general, las empresas mexicanas tienen una baja capacidad en este terreno, lo que resulta en impactos económicos bajos, mientras que el grueso de la población ocupada se concentra en actividades de baja productividad. En términos relativos, son aún pocos los puestos de trabajo intensivos en conocimiento.

En México, tan sólo 30% de la inversión en la materia proviene del sector privado, mientras que en países como Corea del Sur ésta representa el 80 por ciento. La inversión total en la materia ha crecido, para llegar a niveles que se acercan al 0.6% del PIB, pero hay que recordar que la meta oficial es de 1 por ciento.

Es prioritario apuntalar una política de Estado integral: diseñar e implementar un sistema que articule y sistematice todos los esfuerzos que existen hoy en día en materia de innovación, tanto en el ámbito público como en el privado, en aras de evitar la duplicidad o atomización de recursos, para así lograr una aplicación más eficiente y debidamente enfocada a la generación de valor a nivel regional y nacional.

Necesitamos un Sistema Mexicano de Innovación Industrial, que recoja las mejores prácticas internacionales y que promueva una cultura con ese sentido en los ámbitos académico, de investigación, industrial y empresarial en general.

Hay que tender hacia el modelo México Innovación y Diseño (MIND), desarrollado por el sector industrial para crear ecosistemas de innovación, al mismo tiempo que impulsamos fuertemente la incorporación de las tecnologías de la información y la comunicación en todas las actividades.

Hay mucho trabajo por delante, en la misma magnitud que los rezagos que es indispensable recortar. Es urgente. Hay que empezar ya.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

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