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Oportunidades y retos del turismo

La Semana Santa es siempre ocasión ideal para abordar el tema del turismo, cada vez más importante para la economía nacional, y de hecho, que representa cerca del 9% del producto interno bruto y ya genera hasta 40% más divisas que la industria del petróleo.


Semana Santa


Esta industria es una de las mayores palancas de crecimiento y de oportunidades para los mexicanos, y esta capacidad puede y debe multiplicarse.

Tras varios años complicados por diversas circunstancias, como la crisis económica internacional en el 2009 y el crecimiento de la inseguridad pública en algunos estados, el sector ha mantenido una dinámica favorable y de ascenso continuo.

El flujo de turistas internacionales a nuestro país y la derrama de divisas que dejan cerraron el 2015 con récords históricos: más de 32 millones de personas y casi 17 mil 500 millones de dólares.

Llevamos tres años consecutivos de crecimiento y de romper las marcas. En este lapso, el dinamismo del turismo casi cuadriplica el crecimiento de la economía en factores como la llegada de turistas internacionales y la captación de divisas.

Hay avances importantes en materia de conectividad aérea, con más rutas y mejoras en la infraestructura aeroportuaria, y los empresarios del sector y las autoridades han logrado coordinarse para llevar a cabo una promoción más profunda, eficaz y segmentada.

El año pasado, los llamados turistas de internación tuvieron un gasto promedio de más de 800 dólares. Se logró una ocupación hotelera global de cerca de 60%, con más de 76% de ocupación en las playas.

Sin embargo, es claro que aún hay mucho que hacer en materia de turismo para llevarlo a su nivel óptimo de desarrollo y de contribución a la economía nacional.

Baste contrastar, por ejemplo, las posiciones en que se ubica México en términos de riqueza cultural o de biodiversidad de acuerdo a fuentes como la UNESCO y, por otro lado, las grandes áreas de oportunidad en las que tenemos que remontar lugares en índices de competitividad.

Nuestro país tiene los elementos necesarios para aspirar a ser una potencia turística, a la altura de las primeras del mundo. Nos hemos consolidado entre las 15 más importantes, y volvemos a los 10 punteros; pero sin duda, la vocación, la misión, es tener una posición aún más relevante, más alta.

Esto es totalmente viable por nuestras ventajas comparativas, pero hay que trabajar mucho para hacer de la promesa, una realidad concreta, de la visión una realidad concreta.

Debemos proyectar en todo su alcance, de forma comprometida, a programas verdaderamente transexenales, como debe hacerse a partir de esfuerzos como el Acuerdo Nacional por el Turismo.

Entre alrededor de 140 países, estamos entre los 10 primeros lugares en recursos naturales y entre los 25 mejor catalogados en el renglón cultural. Sin embargo, estamos en la parte baja del rango en sustentabilidad medioambiental y en seguridad.

En este sentido, es evidente que muchos de los retos son transversales, en los que necesariamente debemos avanzar como nación. Ese es el caso de lo mucho que hay por hacer en materia de reordenamiento urbano, ante los cinturones de pobreza y la falta de servicios para la población que existen en varios destinos turísticos del país.

Nuestros centros turísticos, tanto los de playa como los de cariz cultural, no pueden seguir siendo islas de desarrollo en medio de la precariedad urbana. Este es un gran desafío para todos, a nivel Federal y de los estados y de los municipios.

Lo mismo aplica para el tema crucial de la infraestructura. En la economía de hoy, la conectividad es básica para prácticamente todos los sectores, pero para algunos, en particular, hace la diferencia entre el éxito o la irrelevancia. Ese es el caso del turismo, donde se presentan riesgos muy concretos, como quedarse fuera de los circuitos de viajes, aun contando con los mayores atractivos. El sector necesita tener un papel mucho más relevante en los planes y proyectos de infraestructura.

Por supuesto, el turismo no está exento de los grandes desafíos que todos los agentes económicos tenemos en materia de productividad, competitividad, desarrollo de capital humano e innovación.

Hay que insistir en que el capital turístico de un país o de una ciudad o de una región, no se limita a su legado natural o cultural. Ver las cosas de esa manera sería un grave error.

Tenemos que dar continuidad a los grandes avances que se han logrado en la profesionalización del sector, en todos sus componentes: empresarial, trabajadores, promotores y plantilla ejecutiva, proveedores de servicios y productos, y desde luego, las autoridades.

En la medida que vayamos resolviendo toda esta agenda estaremos más cerca de materializar el enorme potencial que tenemos. Pensemos en las oportunidades que existen tan solo en la diversificación de mercados, más allá del tradicional “sol y playa”.

El caso del turismo de negocios, del ecológico o del médico. En el campo de eventos y convenciones o circuitos culturales. En el potencial de la llamada segunda propiedad y el mercado masivo de los jubilados de Estados Unidos y Canadá. Asimismo, el potencial que aún queda por desarrollar en yates y cruceros. Incluso hay áreas, como el turismo rural, el de aventura, en el que realmente todo está por hacerse.

Hacia delante hay oportunidades y perspectivas altamente favorables, y mejor aún, con grandes motores emergentes en construcción.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

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