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La vocación del empresario ante los retos de nuestra época

La visita a nuestro país del Papa es realmente trascendente, no sólo para quienes somos católicos, sino para el país en su conjunto, por la simetría de circunstancias en las que tiene lugar.


Viaje Papa Francisco


Por un lado está el complejo momento que hoy vivimos los mexicanos, con los enormes desafíos que enfrentamos.

Por otra parte, está la orientación que Francisco ha querido marcar en la Iglesia y en su capacidad para influir en el mundo.

En concreto, la integración de la concepción cristiana de la misericordia, que es la inclinación del ánimo para solidarizarse con las penas de los demás, junto con un llamado urgente para el cuidado de “la casa común”.

El planteamiento del Papa no es abstracto, sino una invitación al reconocimiento de los problemas y a la acción concreta para hacer del mundo un sitio más justo, humano, sustentable y sin exclusión.

El reclamo que ha hecho expresamente es reconciliación, en el aquí y ahora, del desarrollo económico con el social y con la ética. Se convoca a “la familia humana a la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral”.

Con ese trasfondo, no debe extrañar la elección, para el recorrido por nuestro país, de lugares en los que se presentan, de forma emblemática, algunos de los más graves problemas que aquejan a millones de mexicanos.

Es el caso de la delincuencia y la violencia; de la degradación del medio ambiente; de las crisis migratorias económicas, políticas y de derechos humanos; de la pobreza, la desigualdad; las difíciles condiciones que enfrentan muchos jóvenes, sin perspectivas de futuro.

Enfrentar solidaria y subsidiariamente la exclusión de millones de mexicanos de los bienes públicos y los derechos más elementales, no sólo tiene sentido ético, sino tiene una profundidad y sentido económico.

La desigualdad es una causa estructural de la incapacidad de nuestro país de lograr mayores niveles de crecimiento, porque mantiene los mercados acotados, y junto con ellos, las oportunidades de inversión y de generación de empleo. Este círculo vicioso propicia, indirectamente, fenómenos como la criminalidad, la migración fuera de control y la inestabilidad social

Hay que aprovechar la ocasión, para ver de frente los problemas, en toda su amplitud, sin esconderlos ni matizarlos, también sin politizarlos. Para reflexionar y discutir sobre ellos, y sobre todo, con el compromiso que podemos hacer cada parte para resolverlos.

No se puede resolver aquello que no se reconoce. Aprovechemos la resonancia que genera, en este sentido, la visita del Papa, para empezar a reconocer y resolver los problemas haciendo cada quien lo que nos corresponde; en eso todos tenemos que aportar, porque es el país de todos.

Con esa disposición vamos los empresarios al encuentro que tendremos con el Santo Padre, el Papa Francisco, y con representantes del mundo del trabajo el miércoles 17, en Ciudad Juárez. Con voluntad de reconocer de los retos de nuestro tiempo y voluntad de hacer lo que nos corresponde en el cambio que necesitamos, a través de la empresa, a través de nuestra participación en las distintas comunidades empresariales, en las regiones, en la sociedad, en nuestro rol de empresarios y trabajadores, juntos.

Ante el cambio de época al que asistimos, estamos obligados a pensar en la responsabilidad que nos toca, como líderes no sólo de cada una de nuestras empresas, sino en un contexto mucho más amplio, como participantes activos de nuestra sociedad.

Tenemos que partir del hecho de que, si la familia es la célula básica de la sociedad, es la empresa la célula básica de la economía, y por lo tanto tiene una responsabilidad para disminuir la desigualdad y la inequidad a través del empleo, el desarrollo y el progreso.

Los empresarios no podemos sustraernos de las grandes disyuntivas de nuestro tiempo, y de nuestra propia responsabilidad.

Por supuesto, debemos asegurarnos de que nuestras empresas funcionen y subsistan en el tiempo, que crezcan con su rentabilidad y vuelvan a invertir para su crecimiento, generando nuevas oportunidades para todos.

Es nuestra vocación, esta vocación empresarial que trasciende mucho más allá del interés patrimonial, y se centra en la responsabilidad de generar oportunidades, empleo y opciones de desarrollo integral a todas las personas que conforman a la empresa; que las personas a través del trabajo puedan crecer, tener nuevos conocimientos, oportunidades de desarrollo, y que esta generación de valor, genere nuevas oportunidades para nuevos integrantes en la empresa.

Responsabilidad que se extiende – y tiene que ser así – al devenir de nuestras comunidades y las sociedades en las que formamos parte, e inclusive frente a las futuras generaciones.

Tenemos que concebir la vocación empresarial en toda su profundidad y dimensión, que incluye la participación en la vida pública para impulsar el alineamiento entre lo que hace la empresa y sus trabajadores con políticas públicas que verdaderamente favorezcan la inversión, el empleo, la productividad, y con todo ello, el desarrollo económico sostenible e incluyente.

Sólo así, a través de la empresa, juntos trabajadores y empresarios en el desarrollo, en el esfuerzo compartido, podremos disminuir la desigualdad, erradicar la pobreza extrema y dar la vuelta a la página a las carencias que enfrentan millones de personas, para esto necesitamos la coadyuvancia, también el compromiso de la política pública, para que existan instituciones que nos den certeza jurídica, y el resto, el trabajo, lo hacemos las personas que estamos en la empresa.

Esa es, en el fondo, la dimensión profunda que hay que dar a la figura del empresario, y los trabajadores juntos, ante los retos de nuestro tiempo: ser verdaderos líderes en la creación de condiciones y espacios donde las personas puedan crecer de manera integral, a través del trabajo y el desarrollo de sus capacidades para generar valor agregado a la sociedad, y a los miembros que la componen.

Esa es la respuesta de nuestro compromiso que debemos dar al llamado del Papa ante los desafíos de México y el mundo, seamos creyentes o no: nuestro compromiso de impulsar juntos – entre trabajadores y empresarios — un crecimiento que ponga a la empresa en el centro, como motor de la economía y de las personas y su desarrollo, como principio y fin de toda la actividad social, económica y política.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


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