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El Árbol de la Ciencia

Una cosa es segura: que el Árbol del Conocimiento del bien y del mal no era precisamente un manzano. Sus frutos eran otros, aunque no sabemos cuáles. “El Señor Dios plantó un jardín en el Edén, hacia el oriente, y colocó en él al hombre que había formado. El Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles hermosos de ver y buenos de comer; además, hizo brotar el Árbol de la Vida en mitad del jardín y el Árbol del Conocimiento del bien y del mal” (Génesis 2, 8-9). 



Los estudiosos de la Biblia se han roto la cabeza durante siglos tratando de descifrar el enigma. En efecto, en el centro del jardín había dos árboles: el de la Vida y el del Conocimiento. Pero. ¿qué frutos daban uno y qué frutos el otro? Y, sobre todo, ¿qué es lo que hay que entender por ciencia del bien y del mal? El estudioso alemán Johannes B. Bauer propone la siguiente solución en uno de sus libros: “El conocimiento del bien y del mal no equivalía a una sabiduría absoluta de todo, ni a una total capacidad moral de distinguir entre ambas realidades, capacidad esta última que Dios no niega a la criatura racional en cuanto tal. La imagen empleada quiere significar una fuerza, una capacidad de estimarse a sí mismo por encima de todo, que le hace al hombre fijar por su cuenta qué es bueno o malo, y lo lleva a actuar en consecuencia” [La prehistoria bíblica, Estella (Navarra), Verbo Divino, 1969, p. 49]. 

Según esto, comer del Árbol del Bien y del Mal, en lenguaje bíblico, quiere decir: ahora el hombre ya no está dispuesto a vivir de toda palabra que sale de la boca de Dios (Deuteronomio 8, 3; Mateo 4, 4), sino que ahora él decide cómo quiere gobernarse a sí mismo. Ahora el hombre, en verdad, es la medida de todas las cosas. La siguiente observación de Bauer es aún más clarificadora: “Hasta entonces había sido Dios quien decretaba lo que era bueno o malo para el hombre (Génesis 2, 18: “No es bueno que el hombre esté solo”). El hombre, antes, aceptaba la decisión divina como un regalo para su vida. Ahora –y aquí se apoya el pecado contra la majestad de Dios- decide el hombre por sí mismo” (p. 51). Dicho de otra manera: si antes de la caída el hombre se regía según los mandamientos divinos, ahora quiere regirse según su propio parecer. “No más obediencia. En su lugar, razón y voluntad libres como norma de vida. Así el hombre empezó a interpretarse a sí mismo como no creado” (p. 50).

Esto, que puede parecer abstracto, quedará bien claro mediante los siguientes ejemplos. Hace unos meses, en un portal de internet, miles de personas pudimos leer –yo con horror; de los otros, nada sé– la siguiente noticia:

“Un hombre de 52 años se transforma en una niña de 6. Stefonknee Wolscht es un transexual que, antes de transformarse en mujer, se llamaba Paul y estaba casado. A los 46 años de edad, Wolscht abandonó a su esposa y a sus siete hijos para vivir lo que consideraba su vida verdadera. En una entrevista para The Daily Xtra, Wolscht detalla su lucha para convertirse primero en una mujer y, después, en una niña de 6 años de edad que habita en el cuerpo de un hombre de más de 50. ‘Hay días en que me olvido de mi pasado’, dice Wolscht, satisfecho del cambio que se ha producido en su vida. ‘No puedo negar que me casé, no puedo negar que tengo hijos’, admite tras explicar que lo que le motivó a ‘volver a ser niño’ fue que ‘no quería ser un adulto en ese momento’. Con este cambio de vida, Wolscht afirma que también han desaparecido sus pensamientos suicidas. Ser una niña pequeña le ha devuelto las ganas de vivir y, a su juicio, funciona mejor que cualquier medicamento. Ahora Wolscht vuelve a tener un padre y una madre. Una familia lo adoptó y le ha dado ‘el apoyo necesario’ para seguir adelante con su nueva vida. ‘Tengo una mamá y un papá que están totalmente cómodos con que yo sea una niña. Y sus hijos y sus nietos me apoyan’ –prosigue Wolscht.

“Wolscht, que apareció en un documental de larga duración con una iniciativa llamada Proyecto Transgénero, explica que se lleva muy bien con su nueva hermana de siete años. ‘Hace un año, yo tenía ocho años, y ella siete, y me dijo: ‘Quiero que seas la hermana más pequeña’. Y yo le dije: ‘Bueno, no me importa pasar a seis años. Así que tengo seis desde entonces’”.

He aquí otra historia, leída por mí con el mismo horror que la anterior:

“Madre e hijo planean casarse y tener un bebé. El incesto es uno de los tabús más grandes en la historia de la humanidad; las relaciones entre familiares son mal vistas, simplemente porque es inconcebible pensar en una relación así. Aunque esto no es problema para Ben Ford y su madre Kim West, quienes están buscando casarse y hasta tener un bebé. Vayamos por partes. Kim dio en adopción a Ben cuando tenía una semana de nacido y nunca supo de él, hasta que Ben la contactó por medio de una carta y reencontrarse como madre e hijo. Ben vivía en Estados Unidos, por lo que Kim viajó desde Inglaterra para conocerlo, después de varias llamadas telefónicas. Se encontraron en un hotel y ahí se dieron cuenta que se sentían atraídos físicamente. Ese mismo día se besaron y tuvieron su primer encuentro sexual, ya que, como señala Ben, en ningún momento la vio cómo su madre, sino como mujer. Sin embargo había un problema, pues Ben era casado. Así que le comunicó a su esposa que deseaba estar con su madre y se divorciaron. Por supuesto que la pareja ha recibido críticas, pero ellos aseguran que no están cometiendo incesto, sino que tienen ‘atracción sexual genética’ (GSA por sus siglas en inglés), un fenómeno que se da entre familiares que crecieron separados y se conocieron hasta una edad adulta. En la actualidad la pareja vive en Michigan, donde reciben apoyo de una pareja que tienen el mismo caso de GSA”.

En efecto, el ser humano ya no está dispuesto a recibirse como dado a sí mismo por la bondad de Dios, sino que ahora es él quien quiere hacerse a sí mismo por su propia cuenta. Los hombres no quieren ya ser creados, sino construirse; no ya obedecer, sino imponerse: esto es lo que significa –según Bauer– comer de El Árbol de la Ciencia del Bien y de Mal. ¿Estará equivocado? 

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

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