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Energías limpias, oportunidad para México

Esta semana será presentada en la Cámara de Diputados una iniciativa de ley de gran importancia para el futuro de nuestro país. Se trata de la nueva Ley de Transición Energética (LTE), que sustituye a la anterior Ley de Aprovechamiento de Energías Renovables y el Financiamiento de la Transición Energética (LAERFTE), aprobada en 2008.



La potencialidad de México en el uso de energías renovables es enorme. La capacidad de generación en energía solar, eólica, mini hidráulica y geotérmica, se puede considerar de las más altas del mundo, muy superior a la de los países que actualmente tienen los mayores índices de generación eléctrica limpia. Por ejemplo, Alemania, que es uno de los mayores productores de electricidad por celdas fotovoltaicas, no tiene ni la cuarta parte de la insolación de nuestro territorio; a pesar de ello, produce 67 GW (gigawatt) de energía solar, mientras que México, considerando todas las fuentes renovables, llegamos sólo a 3.1GW.

En 2008, se aprobó la LAERFTE con toda la buena voluntad de avanzar en la instalación de infraestructura para el aprovechamiento de las energías renovables; sin embargo, no se lograron los objetivos de impulsarla fuertemente, básicamente por la resistencia que ejercen los fuertes intereses económicos asociados al uso de combustibles fósiles y a la compra-venta de equipos de generación termoeléctricos. La LAERFTE tampoco establecía las obligaciones y plazos con claridad, dejando a la interpretación y discrecionalidad de las autoridades muchos de los objetivos planteados.

En 2012, se aprobó la Ley General de Cambio Climático, y en abril de 2013, la Estrategia Nacional de Energía 2013-2027, en las que se establecen dos metas concretas: 1) la reducción en un 30 por ciento de emisión de gases efecto invernadero al 2020, y 2) la generación del 35 por ciento de la energía total por fuentes renovables.

El 20 de diciembre de 2013 se aprobó la Reforma Energética, la cual representa, sin duda alguna, una transformación radical en cuanto a la generación y uso de la energía y una garantía para el avance de México en nuevas tecnologías, tanto en lo relativo al gas y petróleo, como al empleo de energías renovables.

En el texto de la Reforma se resalta el gran potencial que tiene el país para el desarrollo de energías limpias que permitirá inversiones en tecnología y la adopción a gran escala de fuentes de energía solar, eólica, geotérmica y mini hidráulica.

En materia de electricidad, la ley secundaria aplicable establecerá a los participantes de la industria eléctrica reglas claras y obligaciones de generación de energía limpia y reducción de emisiones.

A partir de esta reforma energética, el sector de energías renovables se convierte en una industria estratégica y de gran potencial; sin embargo, es necesario vencer inercias.

México sigue siendo un país altamente dependiente de los combustibles fósiles. Hasta 2011, su matriz económica se basaba en un 90 por ciento en el uso de hidrocarburos; y, a pesar de la aprobación de la Ley de Energías Renovables en 2008, la inversión en este sector ha sido muy baja.

Según el estudio realizado por el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA,) sobre las inversiones de los países en energías renovables de 2008 a 2012: México invirtió 7.65 millones de dólares; India 37.8; Brasil 42.2; y China 223.5. Como se puede apreciar, la Ley de 2008 no tuvo el efecto esperado y no se ha avanzado de acuerdo a los objetivos planteados, que de seguir por este camino evidentemente no podrán alcanzarse.

He aquí la importancia tan grande que tiene la discusión que habrá en el Congreso sobre la LTE. De esta aprobación dependerá el futuro de las inversiones en nuestro país y poder alcanzar los objetivos planteados.

En esta aprobación es imprescindible que se establezcan con claridad los plazos y las metas, fijando los objetivos parciales de cada año. También se deben establecer las obligaciones para los productores y las condiciones de incentivos y financiamiento.

El presidente Enrique Peña Nieto, en su discurso de inauguración de la planta solar “Aura” en Baja California Sur, confirmó el compromiso que ya había establecido la anterior administración del presidente Felipe Calderón, de que México crecería en la generación con energías renovables del 2016 al 2024, del 24 por ciento al 35 por ciento.

De la misma forma, hace unos días, en la inauguración del Foro Internacional de Energías Renovables en Quintana Roo, el secretario de Energía, Pedro Joaquín Coldwell, dijo que al final de este sexenio, México generará el 33 por ciento de electricidad por medio de energías limpias. Esta es una excelente noticia que está incluso por arriba del compromiso establecido en la Ley de Cambio Climático.

Es común en la política mexicana, que una vez aprobada una reforma constitucional, y que todo mundo reconoce el impulso a una transformación de fondo, resulta, que a la hora de presentar las iniciativas de Leyes Secundarias en la materia, las reformas constitucionales se ven limitadas o de plano anuladas. Por eso resulta fundamental la atención de los legisladores en esta nueva ley, porque debe garantizarse que se alcancen los objetivos planteados y reconocidos a nivel mundial.

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