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Riesgo silencioso en la ciudad

La semana pasada traté el tema del agua en la Ciudad de México como una prioridad tanto del gobierno federal como de los locales, la razón: se están agotando los acuíferos.


El riesgo del medio ambiente


La Metrópoli está asentada en un valle que se conoció como el Anáhuac, que significa “lugar junto al agua”. Este nombre se debía a la grandeza y hermosura de sus lagos, ríos y manantiales.

Hoy, después de una urbanización desenfrenada y carente de planeación, junto a las grandes obras hidráulicas de desagüe del valle, toda el agua superficial ha desaparecido.

Al agotarse el agua superficial, desde principios del siglo XX, se inició una explotación desmedida del agua subterránea que si bien fue abundante en un principio, al cabo del tiempo la riqueza de los acuíferos se ha ido perdiendo, producto de una extracción muy por arriba de lo que se recarga de forma natural.

La mayor preocupación es el suministro del líquido, ya que un colapso de nuestros acuíferos significaría una verdadera catástrofe para la ciudad. Pero hay otra consecuencia directa de la sobreexplotación del agua subterránea, que son los hundimientos constantes del suelo. Son de tal magnitud, que se considera uno de los fenómenos de subsidencia del suelo más graves en el mundo.

Este fenómeno se debe principalmente a la pérdida de agua del subsuelo, es decir, la extracción desmedida de agua ocasiona los hundimientos. Está vinculado también al tipo de suelo que en su mayoría está compuesto por arcillas. Este material en presencia de agua, forma una “liga hidráulica” que le da una consistencia moldeable pero a la vez estable. Además es impermeable, razón por la cual se formaron lagos en grandes extensiones. Al haber desalojado del valle toda el agua superficial y posteriormente continuar con una irracional extracción de agua del subsuelo, lo que ha pasado es que las moléculas de agua vinculadas a las arcillas, también han desaparecido.

Al eliminar el agua, las arcillas pierden volumen, se compactan, y esto deriva en los hundimientos constantes del suelo. Otra característica de esta “desecación” de las arcillas, es que se convierten en un material duro y quebradizo, lo cual produce inestabilidad de los suelos frente a fenómenos de movimientos de la tierra. Por esta razón, cuando se presentan temblores, pueden aparecer grandes agrietamientos y movimientos de la tierra mucho mayores, ocasionando daños muy serios. Esto ya lo vivimos en la trágica experiencia del terremoto de 1985, donde fue evidente que el mayor número de casas y edificios derrumbados lo tuvimos en la zona con mayor capa de arcilla hacia el centro de la ciudad.

Yo le llamo “riesgo silencioso”, porque la gente en general no percibe ni conoce la gravedad del problema; la mayoría de las personas no saben el riesgo al que se expone la ciudad con esta situación. En promedio, el suelo de la ciudad se hunde 10 centímetros (cm) al año, pero en ciertas zonas que corresponden a las capas más gruesas de arcilla sobre las que se formaron los antiguos lagos, se miden hundimientos de 20 cm a 40 cm al año.

El grupo que promueve la construcción del nuevo aeropuerto en el Lago de Texcoco, no tiene idea de la gravedad de los hundimientos. Es un suelo tan inestable, que en cuanto se construyan las pistas y los edificios, inmediatamente iniciarán los hundimientos. Desde el punto de vista de mecánica de suelos, han escogido el peor sitio para la construcción, además de todos los inconvenientes que en este espacio hemos señalado.

La única solución a este grave fenómeno de subsidencia del suelo, es revertir la sobreexplotación de los acuíferos y disminuir las extracciones hasta el punto de equilibrio del acuífero, donde la recarga deberá ser siempre superior a la extracción. Esto que digo en cinco líneas requiere inversiones cuantiosas y programas de reordenamiento urbano metropolitano con visión de muy largo plazo. Nos costará mucho dinero y nos llevará tiempo, pero si no iniciamos inmediatamente, estamos perdidos.

ciudadposibledf.org

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