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Santiago Genovés: La violencia, el olvido y la paz

La Guerra Civil Española trajo consigo -como toda guerra- mucho dolor y cambios abruptos, no solo para la nación que la padeció directamente. De las muchas consecuencias que el caos y el sufrimiento generan en una sociedad resquebrajada, la realidad de los desplazados es una de las más crueles.


Historia


En uno de aquellos grupos de refugiados que entonces llegaron a México, venía un niño de 15 años llamado Santiago Genovés Tarazaga.  Había estado en un campo de concentración en Francia, pero tuvo la fortuna de que sus padres, después de mucho penar, hubiesen logrado encontrar refugio en nuestra patria.  Esa oportuna circunstancia le permitió no solo salvar la vida sino desarrollarse en un país que enseguida pasó a convertirse en el suyo, pues con los años adoptó la nacionalidad mexicana.  Algunos de esos españoles que en esta tierra encontraron cobijo, llegarían a realizar aportaciones enormes en el campo del conocimiento, la docencia, la investigación y las letras. Genovés fue uno de ellos, uno de los más destacados.  Su historia personal quedó marcada por el desasosiego, el dolor y la incertidumbre que la guerra impronta. Su legado es uno de los más importantes en la antropología moderna:  el estudio de la violencia, el conflicto y la agresión en el comportamiento humano; la reflexión sobre la destrucción del medio ambiente, el uso irracional de la tecnología y la búsqueda de mecanismos para la paz.

Fue precisamente en el mes septiembre de 2013, hace dos años, cuando Santiago Genovés emprendió su último viaje, ese que no tiene retorno. Llevaba tiempo apartado de la vida pública, encerrado en su casa, desalentado, entristecido por lo que veía en el mundo; por el ascenso de la agresión, por la exaltación de la violencia en los medios, por la indiferencia de las naciones y su incapacidad para construir una civilización de paz.  

Su muerte en la Ciudad de México me provocó gran pesar pues le admiraba desde mi adolescencia gracias a la lectura de "Las Expediciones Ra", aquella increíble odisea en una barca de papiro navegando por el Océano Atlántico.  Entonces yo veía con mucho interés sus apariciones en televisión; eran eventuales pero a mí me resultaban fascinantes. La última vez que lo hizo fue con una serie de programas basados en la que tal vez sea su obra más conocida: Expedición a la Violencia.  En ese libro  —que debiera tomarse muy en serio hoy para su divulgación dentro de nuestro sistema educativo—  se revelan argumentos y nociones de contundente claridad sobre el tema que le da título. Fue éste el producto de más de 30 años de investigación del autor, con una visión científica, multidisciplinaria e imparcial. De hecho, las conclusiones allí expuestas son el sustrato principal de lo que se conoce como El Manifiesto de Sevilla, importante documento en cuya construcción convergieron —convocados por Genovés— 14 investigadores de diversas nacionalidades, todos de primer orden:  neurólogos, fisiólogos, antropólogos, sociólogos, psiquiatras, historiadores, psicólogos y bioquímicos.  Elaboraron en base a sus conclusiones, la primera Declaración sobre la Violencia, la cual ha sido adoptada por más de cien sociedades científicas del orbe así como por la UNESCO. Sus afirmaciones se pueden resumir de la siguiente manera: 

1. Científicamente es incorrecto decir que la violencia está genéticamente determinada; 

2. La violencia no está inscrita en nuestro cerebro.

3. La violencia no proviene de nuestro pasado animal.

4. En el proceso de la evolución humana no ha habido una selección en favor del comportamiento agresivo sobre otros tipos de comportamiento. 

5. La violencia no es hereditaria, es decir, los hombres no tienen "una mente o un cerebro violento" pues aunque nuestro aparato neurológico nos permite actuar con violencia, esto no se activa de manera automática por estímulos internos o externos.

6. Salvo en aquellos casos de excepción estudiados por la ciencia médica, no hay nada en la fisiología neurológica que nos obligue a reaccionar violentamente. 

7. Es científicamente incorrecto decir que la guerra es una consecuencia del "instinto" o de alguna motivación. La biología no condiciona a la humanidad a hacer la guerra. 

La aportación de Santiago Genovés para el entendimiento de un tema que no deja de agobiar a la humanidad, fue innegable. Su formación académica había sido amplia: estudió en la Universidad Nacional Autónoma de México y se doctoró en la de Cambridge, Gran Bretaña, especializándose en ciencias antropológicas.  Con el tiempo, llegaría a ser un hombre altamente respetado en su campo. Decano del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, fue uno de los más notables investigadores eméritos que ha tenido esa casa de estudios. Autor de más de 30 libros y 250 publicaciones, Genovés comenzó desarrollando trabajos sobre paleoantropología y evolución humana; posteriormente sus investigaciones derivaron en temas como la especie, la raza, el género y el racismo. Sus estudios lo adentraron en los orígenes del conflicto, la fricción, la agresión y la violencia. Fue el sufrimiento de los que habían experimentado la guerra lo que había marcado su vocación.  Por su trabajo, obtuvo el Premio Internacional de la Paz en 1968 y una nominación al Nobel en 1981. Penetró en territorios tan diversos como la psicología, la politología, la criminología, la neurofisiología y la dinámica de grupos, estudios que se reflejaron en libros como "El Mono Inquisitivo", "Acali",  "El Mar, los Peces y Yo" y "Principios de Criminología", entre otros.

Cuando se publicó Expedición a la Violencia, Genovés ya era una figura reconocida no solo por sus escritos sino por haber sido invitado a formar parte de las Expediciones Ra I  (1969) y Ra II (1970), empresa llevada a cabo por el explorador y antropólogo noruego Thor Heyerdahl, quien en 1947 adquirió celebridad mundial por su épica travesía en el Pacífico navegando en la famosa  Kon-Tiki,  una balsa de madera y fibras vegetales similar a la que pudieron haber usado los antiguos polinesios en sus audaces incursiones oceánicas.  Para las Expediciones Ra, Genovés fue llamado por Heyerdahl a formar parte de una pequeña tripulación internacional de científicos e  investigadores que pretendían demostrar que los antiguos egipcios pudieron haber llegado a costas americanas siglos antes que Colón en navíos construidos a la manera de aquellos que surcaban las aguas del Nilo —hechos de bejucos, papiros y madera— merced a las corrientes marinas y los vientos. El Doctor Genovés aprovechó aquella excepcional oportunidad para recabar sus experiencias sobre el comportamiento humano sometido a las condiciones de tensión, aislamiento, espacio reducido y adversidad. El revuelo que tal aventura generó, le dio proyección internacional a sus investigaciones facilitando la publicación de sus libros. Sin embargo, como suele suceder a los audaces y a los que desafían convencionalismos, Genovés fue atacado, envidiado, criticado y con los años finalmente marginado.  A pesar de todo ello fue un divulgador intenso, pues sabía hacer buen uso de la radio y la televisión, en donde sus trabajos e intervenciones le merecieron el respeto de la sociedad mexicana y el crédito de la comunidad internacional.  

Cuando me enteré de su fallecimiento, recordé la admiración que mi padre le tuvo y que yo le heredé, pues mi padre —aunque odontólogo— llegó a asistir a algunas de sus conferencias en la UNAM atraído por los temas y el carácter apasionado del personaje. Me vino a la mente el impacto que me produjo la serie documental realizada por Televisa y la UNESCO a principios de los noventa, en donde Genovés aparecía como presentador.  

"Había muerto un hombre notable, un mexicano destacado" —reflexioné íntimamente. 

Esperé en vano a que los noticieros dieran cuenta de su semblanza en forma amplia; que los legisladores pidieran un minuto de silencio en las Cámaras; que el Presidente ofreciera sus condolencias a la familia; vamos... que por lo menos la UNAM anunciase un homenaje y un ciclo de conferencias en su honor. Nada de eso ocurrió. Hubo unos cuantos mensajes en Twitter de quienes lo admirábamos, de algunos colegas y alumnos. Unas breves líneas aquí y allá.  Su muerte ocupó espacio pequeño entre las noticias de la radio; un comentario de página interior en ciertos periódicos nacionales;  unas escuetas palabras del Rector Narro que causaron pena, por decir lo menos.  El olvido es uno de los mayores pecados nacionales, y la desmemoria es un atentado frontal contra nosotros mismos. Por el contrario, los diarios españoles dedicaron plana completa para reseñar su vida y obra acompañando el texto con fotografías. En Galicia, provincia de su natal Orense, hubo aún más atención al hecho.

¡Qué injusticia!  Con tantas vivencias y aportaciones intelectuales, el recuerdo de Santiago Genovés merecía mayor consideración.  Me referiré aquí a una de tantas anécdotas excepcionales;  ésta sucedida a finales de 1972 en donde el antropólogo tuvo ocasión de poner a prueba en forma dramática sus teorías sobre la violencia y los grupos humanos: el avión en el que regresaba después de haber dado una conferencia en Monterrey, fue secuestrado. Tras una escala en la Ciudad de México, los terroristas lograron despegar rumbo a La Habana. Uno de ellos, herido en la refriega, requería ayuda y el Doctor Genovés se la brindó. Durante esa última etapa del vuelo tomó notas y se entrevistó con todos los secuestradores extrayendo de ellos valioso material de primera mano que luego pudo integrar a sus investigaciones.

Con otra de sus hazañas volvió a captar los reflectores internacionales en 1973 por el viaje transoceánico de la balsa "Acali", proyecto gestado por él, en donde un grupo de cinco hombres y seis mujeres pertenecientes a distintas etnias, religiones, nacionalidades y formación zarpó desde Las Canarias con destino a México, en travesía de 101 días en el mar.  De esa experiencia escribió que "...la búsqueda del poder fue el primer factor de violencia en la balsa, y lo es en el planeta”.  Varios años más tarde, en su última aventura, se internaría en solitario en el Atlántico pasando más de tres meses a la deriva en una peculiar embarcación similar en todo a una boya. Muchos lo tildaron de "loco", pues el experimento tenía como objeto ahondar en el conocimiento de sí mismo en medio de las soledades marinas, según declaró Genovés. "Es una locura, como casi todo lo que vale la pena en esta vida"  —afirmó en una rueda de prensa.

Habiendo trabajado por años sobre los orígenes y las fuentes del conflicto, la agresividad y la fricción, opinaba que el racismo era el factor que más violencia provocaba. Apasionado del cine y gran admirador de Buñuel, realizó una película: ¿La Pax? (así, con interrogaciones), un asunto  que le obsesionó siempre.  Cultivó también la poesía, una de sus aficiones más queridas. En ella tocó desde luego el tema omnipresente de su obra: la relación del hombre con el hombre y su tendencia al conflicto.  En el año 2006  Genovés fue condecorado por España con la Gran Cruz del Mérito Civil. Décadas atrás, en los sesentas, México le había otorgado el Premio Nacional de Ciencias, para luego —conforme avanzaba el siglo— ubicarlo en un segundo plano de atención.

Yo no quise que terminara el mes de septiembre sin recordar a Santiago Genovés. Hace más de 4 años solicité por escrito a Televisa su autorización para transmitir de nuevo la serie "Expedición a la Violencia" sobre la cual aquella empresa posee los derechos. En ese momento dirigía un organismo internacional dedicado a proyectos educativos que además operaba los canales de televisión de la Red EDUSAT, con contenidos culturales y de formación sin fines de lucro. Había recuperado aquel material y consideré que debía difundirse ampliamente por la pertinencia que entrañaba y la necesidad de entender mejor ese fenómeno desquiciante de nuestra civilización que es la violencia. Después de muchos meses de esperar, al fin recibí una seca respuesta:  sin dar razones, la compañía no consideró conveniente otorgar la autorización para la retransmisión de la serie.  Fue una lástima.  Hoy que prevalece una crisis humanitaria por la guerra siria; que tenemos Ayotzinapa y Apatzingán; que atestiguamos en las pantallas del mundo la agresión irracional que puede haber en una escuela en los Estados Unidos o en las calles de alguna ciudad latinoamericana, las lecciones del Doctor Genovés debieran revalorarse.  A modo de colofón, me quedo con la frase predilecta de Don Santiago: "Vamos entendiéndonos más y juzgándonos menos".  A ver si así comenzamos a superar el subdesarrollo de nuestra especie.

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