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Cinco minutos con Jacobo

Fue hace más de 3 años, una tarde muy fría, muy gris, muy lluviosa -como suelen ser muchas del año en Londres- cuando al salir de un café por la zona de Piccadilly nos topamos con Jacobo Zabludovsky. Con gran sencillez y una sonrisa nos respondió el saludo. Mencionó que en unos meses más estaría en la cobertura de los Juegos Olímpicos transmitiendo para el canal ESPN junto con José Ramón Fernández, y por supuesto para su querido noticiero "De Una a Tres" en Radio Red.


Jacobo Zabludosky


Estrechó manos y dio palmadas. Bromeó y sonrió de nuevo mientras nos hacíamos algunas fotos. Sin mencionarlo, su cara no disfrazaba que estaba disfrutando íntimamente de aquel instante: ese pequeño toque de color con el que los mexicanos podemos iluminar un día brumoso cuando nos reconocemos en cualquier sitio. La imagen impresa que hoy conservo de ese encuentro la tomó "El Joven Murrieta", fiel discípulo, amigo suyo en profesión y vida.

Hoy jueves 2 de julio, en otro día londinense, pero aquí en la Ciudad de México, Jacobo se fue. Y con él se han ido también las anécdotas de toda una época, con historias luminosas y sombrías; personajes y voces, reconocimientos y críticas, alabanzas y acusaciones.

Tangos y toros, reclamos y lisonjas, se esfuman súbitamente.

La vida continúa en otra forma.

Fue la voz de un tiempo de México que ya no es; heraldo de un sistema que se había ido pero ahora se empeña en regresar; faro orientador de aprendices de reportero; maestro de alta escuela en la ciencia de narrar al aire. Zabludovsky fue entronizado, deificado, defenestrado, embalsamado y exhumado. Diestro en la conducción y parco en todo asunto fuera de guión.

En su segunda época, sin duda fue otro.

Paulatinamente venía reconciliándose con su conciencia, frente al micrófono de su cabina. A diario, desde allí daba cátedra por dos horas, en sus últimos y mejores momentos.

Más allá de cualquier sentencia que de él se haga, hay cualidades que debemos reconocer en Zabludovsky: Su elegancia profesional como periodista, su amplia cultura expresada en una pulcritud natural en el uso del idioma, y su insuperable capacidad como entrevistador. En estos tiempos en que la improvisación y la babosada son aplaudidas y hasta dinero generan en la espantosa televisión nacional -en la cual Jacobo ya no tenía cabida-, su legado es un periodismo inteligente y respetuoso, de la mejor estructura, contextualizado y de gran oficio.

A mi juicio, el magnífico periodista que era emergió cuando soltó la pesada armadura que Televisa imponía, y aún hoy impone. Muchos creemos que la radio fue el refugio de su mejor periodo, de su tiempo redentor. Comenzamos a escucharlo de nuevo, esta vez sin prejuicio, con sincero agrado. Entonces, nos dimos cuenta de que el periodismo en México tenía muchos aprendices, pero pocos maestros.

Descanse en paz Jacobo Zabludovsky.

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* Las opiniones expresadas en esta columna, son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com


 

 

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