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Verdes por fuera

La política es la actividad que procura la construcción del Bien común. Es una gesta constante en perpetua edificación y es una tarea noble que a todos concierne.


Proceso Electoral 2015


Lamentablemente, en estos tiempos la política goza de mala fama, pues ha sido asociada a perversiones y comportamientos deplorables de quienes se dedican -o creen dedicarse- a ella.

Organizaciones emergentes de torcida historia pública en México, ahora se nos presentan con un nuevo cariz, fortalecidas por los escándalos que en otros partidos han hecho mella. Se muestran como los nuevos espacios para la participación ciudadana en la política, aunque sean unos cuantos demagogos quienes gobiernen sus entrañas, siempre dispuestos al oportunismo y a la simulación.

Hoy, la opinión mayoritaria de analistas y observadores coincide en afirmar que entre la variedad de partidos políticos que existen en nuestro país --sumidos todos en profunda crisis--, hay uno que se destaca por su vacuidad, cinismo, hipocresía y frivolidad: el Partido Verde Ecologista de México (PVEM).

Cuesta trabajo llamarlo "ecologista" aunque oficialmente lleve ese nombre, ya que en los hechos no lo es. Ofende a los auténticos promotores del respeto al medio ambiente y banaliza el término. Lo cierto es que el PVEM fue expulsado hace algunos años de la organización internacional de partidos verdes del mundo, por contradicciones tan fundamentales como promover la pena de muerte, tener nulo activismo ambiental en causas legítimas y por el tráfico de influencias anexo a la corrupción de sus líderes para obtener permisos de fraccionamientos gestionando cambios de uso del suelo.

La organización internacional Greenpeace ha tenido serias diferencias con ellos, convencida de que no son un verdadero partido ecologista, debido al desinterés y falta de conocimiento que sobre los temas ambientales evidencian sus miembros.

Actualmente el Verde es el partido con mayor exhibición, es decir, con más cantidad de spots en todas las plataformas de comunicación, de tal suerte que ha logrado colarse hasta en los cines, haciendo con su demagogia que se nos atoren en la garganta las palomitas antes de cada función.

Con la manipulación sentimental de mostrar elefantes atormentados, delfines rescatados y secuestradores encarcelados, pretenden en este 2015 elevar sus cifras de votación, aprovechando el desgaste de las otras fuerzas políticas. Recurren de nuevo a su exitosa estrategia ya conocida: usar a los mismos actores de anteriores campañas para que hablen en su nombre. Esas mismas voces que empalagan por las mañanas en el canal principal de Televisa, son las mismas que pregonan que el Verde "sí cumple", para que el incauto ciudadano indeciso se lleve en la mente aquellas imágenes y eslogan hasta el día de las elecciones.

Como ha quedado demostrado, las campañas del PVEM no se hacen en las calles, sino en televisión y ahora también en pantalla grande. Los del Verde no van por las colonias tocando puertas ni haciendo gestoría. No tienen comités seccionales ni distritales por ninguna parte, ni promotores del voto o activistas. ¿Para qué, si no los necesitan? Para ellos es más rentable ahorrarse todo aquello e invertir en anuncios y en espectaculares. ¿Para qué gastar en comités de militancia activa si no aspiran a ser un partido que se renueve a sí mismo y construya cuadros militantes?

El Verde es un partido cuya permeabilidad la deciden solamente sus dueños. Las cabezas de esa corporación buscan en primer término el lucro, y su modelo de negocio es: incrementar su votación con el fin de acceder a mayores prerrogativas. Alquilarse al mejor postor... y vender caro su amor. Los tiempos de mantener el registro han quedado superados.

Lo trágico para México es que un partido así, protagonista por años de sonados escándalos, esté creciendo en simpatías. Un partido hechizo que le cuesta a la nación mucho dinero, que aprovecha el desprestigio de los otros y se fabrica una imagen para ocultar su vacío interior.

Un gran número de gente está cayendo en su trampa, lo que les anima a continuar con su publicidad. ¿De qué otra manera podemos explicarnos sus anuncios, en donde los rostros partidistas son gente del espectáculo seleccionados mediante "casting"? Baste recordar cómo en 2009 su actor-vocero Raúl Araiza, entrevistado por MVS-radio, reconoció cándidamente que no simpatizaba con la pena de muerte ni con las posturas de aquel partido, pues a él... lo habían contratado simplemente para hacer comerciales. La agencia que lo llamó realizó audiciones y finalmente favoreció su selección debido a que el actor "daba el tipo". ¡Eso explica todo! La apuesta a la fugacidad noticiosa y a la desmemoria del mexicano es evidente.

El PVEM sólo ha tenido dos dirigentes nacionales a lo largo de su historia: su fundador Jorge González Torres y su heredero, el funesto junior de nombre Jorge Emilio "El Niño Verde", siempre refugiado en algún cargo legislativo. Padre e hijo no han tenido escrúpulo en aprovecharse por años de los recursos legales que por ley se le asignan a los partidos.

De semejante aferración a la ubre del poder, me brinca en la memoria un ejemplo pater-filial de lamentable similitud, en Haití. Allá, el vitalicio dictador François Duvalier, conocido como "Papa Doc", antes de su retiro instaló en la silla presidencial -sin el menor recato- a su inepto hijo Jean Claude, llamado por extensión "Baby Doc". De ese régimen de inenarrables décadas de corrupción, da cuenta la realidad presente de Haití, hoy convertida en la nación más empobrecida del Continente.

Si bien es cierto que para la mayoría de los ciudadanos los partidos políticos resultan repugnantes en los tiempos presentes y sus campañas por consecuencia, la realidad es que el Partido Verde se excede. Nos escupen a la cara como le escupen a la ley electoral, la cual les importa un pepino.

Las llamadas al orden por parte del INE y las sanciones no les asustan; estiran la liga pues se saben en ascenso. Portan un cinismo extremo que no disimula la soberbia de quienes han alquilado la franquicia. A pesar de las amonestaciones (inútiles), de las multas (risibles) y de las protestas formales ante el Instituto Nacional Electoral, el PVEM no se inmuta; por el contrario, desacata... y desafía.

Recientemente, diversas voces han elevado la protesta por sus últimos promocionales, en donde se adjudican la paternidad de algunos programas sociales en materia de salud, por ejemplo, la asignación de medicamentos gratuitos.

Si a esto sumamos los intereses empresariales del "Tío Verde" Víctor González Torres, poderoso farmacéutico y hermano del fundador del partido, mejor conocido como el "Doctor Simi", pues la ecuación termina por hacer sentido. Este personaje sería uno de los mayores beneficiarios en el canje de los vales de medicinas que tanto promueve la asociación política fundada por su hermano y manejada por su sobrino.

De esta manera el PVEM que ahora se ha aliado al partido en el poder sumándole los votos que necesita en el Congreso a cambio de impunidad, rebosa de orgullo ante la cercanía de su consolidación al dejar de ser un partido emergente.

Los González duermen tranquilos. En otro país, un partido político familiar con una historia de irregularidades semejante, ya habría sido suprimido.

En junio de 2012 el Consejo General del IFE aprobó una multa de 57 mil 460 pesos contra la dirigencia del PVEM por faltar a sus obligaciones con la autoridad electoral en materia de transparencia y acceso a la información. Los dirigentes soltaron la carcajada, pues pagar una multa así les permitió continuar en lo suyo, desatendiendo el mandato de la autoridad electoral.

Desde luego, Jorge Emilio González Martínez ha sido continuamente acusado por actos de corrupción, como aquel de la famosa "chamaqueada", en donde pedía dos millones de dólares a cambio de conseguir permisos para fraccionar predios. Aún pesan sobre él acusaciones sobre sus fiestas, excesos y desmanes, con casos no aclarados como el de la chica de Europa Oriental que murió al caer desde lo alto de su departamento en Cancún.

A pesar de todo lo expuesto, el PVEM tal vez llegue a experimentar el mayor crecimiento de su historia en estas próximas elecciones. Es una de las graves fallas de nuestro sistema, y poco se hace al respecto.

El Instituto Nacional Electoral (INE) a través de la Unidad Técnica de lo Contencioso Electoral, ordenó la suspensión inmediata de los promocionales publicitarios en las empresas Cinépolis y Cinemex, así como de cierta publicidad fija, después de declararla propaganda ilegal y también después de que se determinó que ese partido incumplió las medidas cautelares dictadas.

Pero en los hechos, sus anuncios siguen en los cines.

Denise Dresser, una de las voces más acreditadas en el análisis político, ha afirmado con contundencia que quienes voten por esa cofradía, en los hechos le están entregando un cheque en blanco al Niño Verde, así como a sus múltiples prestanombres. La telebancada se ha venido construyendo con votos bien intencionados, pero fatalmente ingenuos.

Así las cosas, es necesario que reflexionemos seriamente sobre la viabilidad de organizaciones distorsionadas como ésta, a menos que el pueblo de México desee seguir pagando las vacaciones y ágapes de los líderes verdes, así como sus fiestas, discotecas, limusinas, restaurantes, viajes a Europa y suites de lujo en paradisíacos hoteles.

La desvergüenza del Verde debe confrontarse con la dignidad de los ciudadanos y quedar al descubierto. Si no hacemos algo ahora –porque no pasa nada, porque todos son iguales o porque da lo mismo–, entonces tendremos a los verdes gobernándonos merecidamente… pero para desgracia de todos.

Una voz a tiempo es un llamado a la razón.

Las quejas a toro pasado no valen.

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