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Las lecciones de Charlie Hebdo

Mucho se ha hablado en todo el mundo (principalmente en el mundo occidental) sobre lo acontecido contra la revista francesa Charlie Hebdo. A pocos días de distancia, después de la justificada condena mundial contra los hechos de sangre, comienzan a serenarse las cabezas de analistas y expertos en terrorismo, toda vez que el juicio tajante y generalizado en términos de opinión pública había desembocado en las expresiones patrioteras que vimos a través de los medios. Desde luego, la unánime exaltación a la libertad de expresión ha sido útil en estos momentos de fervor para unir a una Europa que se topa de frente con su más reciente encrucijada.


Libertad de expresión y respeto


El fundamentalismo es el tema. La breve frontera que en la percepción colectiva separa a los radicales de aquellos que simplemente tienen el legítimo derecho a ejercer su libertad religiosa, es una línea frágil y delicada. Hoy en día la desconfianza y la división social-étnica-religiosa se agudiza en varios países europeos. Cualquier cosa puede exaltar los ánimos y desbordarlos en una atmósfera así.

También hay que decir que mucho se ha abonado en lugares como la propia Francia para fomentar ese clima que hoy se respira en ciertas regiones europeas. La discriminación, la intolerancia y el neofascismo no han encontrado por parte del Estado una contención eficaz más allá del enfrentamiento policial con agresividad. Por eso hoy debemos quedarnos con las enseñanzas del funesto y despreciable acontecimiento de París, condenando la violencia pero sin hipocresías ni acomodamientos. Sólo poniendo en un contexto sociológico amplio las cosas, podremos comprender mejor el enredado momento. Sin embargo, subyace el doble discurso, el maniqueísmo grosero y los nebulosos deseos de revancha. Oportunistas de río revuelto se hacen presentes y señalan hacia aquellos que tienen alguna afinidad cultural o religiosa con el Islam, en una deleznable asociación al terrorismo.

Charlie Hebdo es de naturaleza irreverente. Sus apologistas, enarbolando la bandera de las libertades, se justifican en ello reconociendo que en ocasiones se pasan de la raya, pero sin renunciar a su sacrosanto derecho a decir lo que les venga en gana. Por supuesto, todos condenamos la injustificable masacre, la barbarie y el extremismo, pero al mismo tiempo muchos pensamos que no era necesario alborotar el avispero en épocas como ésta;  la libertad de expresión es para usarse sin abusarse.

¿Se imaginan si hubiese existido Charlie Hebdo en la época del Affaire Dreyffus? ¿Se habría atrevido la revista a prender la mecha en medio de aquel polvorín? ¿Cómo habría reaccionado el Estado? Si Émile Zolà viviera... ¿Se atrevería a marchar con un cartel diciendo "Yo soy Charlie"?

Escuché el discurso en buen francés del Secretario de Estado norteamericano John Kerry, con su oportunista y compungido "Je suis Charlie", y me vino a la memoria cuando después de aquel trágico 11 de septiembre en Estados Unidos se le impidió la entrada al país al cantante y pacifista británico Cat Stevens. Figura del espectáculo en los años setenta, Stevens decidió retirarse de los escenarios tras su conversión al Islamismo. Dio su último concierto en 1978 y unos meses después cambió su nombre por el de Yusuf Islam, su atuendo y su estilo de vida, para predicar la palabra de Alá y difundir las enseñanzas del Corán. Inspirado en Mahoma, se unió a una comunidad que desde una mezquita en Londres difunde el pensamiento del profeta que lo rescató -según ha relatado el propio músico- de su anterior vida de frivolidad.

A Yusuf Islam (Cat Stevens) las autoridades le negaron el ingreso a Estados Unidos, país en el que otrora había vendido millones de discos, sólo por su apariencia "sospechosa". En el aeropuerto de Nueva York donde fue interceptado, juzgaron su atuendo, su nombre y su barba, pero no su labor humanista en pro de la paz.

Stevens es amigo de Mohamed Yunus, Premio Nobel de la Paz 2006. Había regresado a la música por razones de altruismo. Posterior a la ceremonia de aquel año en Oslo, brindó un concierto en honor del condecorado, al que asistieron los príncipes noruegos y otros dignatarios internacionales. Ha fundado varias escuelas de gran reputación en todo el Reino Unido, una de las cuales fue inaugurada por el Príncipe de Gales, y gran parte de su fortuna la ha dedicado a ayudar a las víctimas de las guerras (Bosnia, Irak, Darfur, Gaza) y desastres naturales, como el del tsunami que devastó a Indonesia. A sugerencia de Mijaíl Gorbachov, le fue otorgado el premio «Hombre por la Paz», y junto con otros artistas participó en el concierto en Sudáfrica, en conmemoración de la liberación de Nelson Mandela.

Si hombres como éste han enfrentado encono y discriminación, no por su nacionalidad (británica) ni por su raza (caucásica), sino por su religión y apariencia, qué trato podremos esperar entonces para otros ciudadanos que siendo tan europeos y tolerantes habrán de ser señalados con el dedo por sus mismos vecinos y conciudadanos. Eso ya se vivió una vez y las consecuencias fueron dolor y muerte. Las lecciones de la historia están para aprenderse.

Un analista estadounidense escribió algo con lo que coincido. Afirma que a los periodistas de Charlie Hebdo se les aclama ahora inadecuadamente como mártires de la libertad de expresión. "Seamos francos" -expresó. "Si hubiesen intentado publicar su periódico satírico en cualquier campus universitario americano durante las dos últimas décadas, no habrían durado ni treinta segundos. Los grupos de estudiantes y docentes los habrían acusado de incitación al odio. La Administración les habría retirado toda financiación y habría ordenado su cierre".

La reacción pública ante el atentado nos ha mostrado que existen muchos que se apresuran a ponerse camisetas con la ya famosa frase de apoyo a la revista, pero que son intolerantes con quienes confrontan sus propias opiniones en sus respectivos países. En Estados Unidos sobran botones de muestra: La Universidad de Illinois cesó a un catedrático que explicaba la postura de la Iglesia Católica respecto a la homosexualidad. La Universidad de Kansas expulsó a un profesor por criticar en Twitter a la Asociación Nacional del Rifle. La Universidad de Vanderbilt retiró el reconocimiento a un grupo cristiano que insistía en que la universidad estuviese dirigida por cristianos.

En un clásico ejemplo del "candil de la calle y obscuridad de la casa", podemos entender que algunos estadounidenses alaben a Charlie Hebdo por enarbolar la libertad de expresión (allá en Francia) con la suficiente audacia como para publicar viñetas que ridiculizan al profeta Mahoma, mientras por disposición gubernamental se censura en los medios norteamericanos la portada de la más reciente edición, para evitar que alguien se ofenda.

Así que ésta podría ser una ocasión para aprender algo. Los radicales provocaron el desbordamiento del radicalismo que mora en lo profundo de los defensores de la libertad. Los fundamentalistas son personas que se toman todo al pie de la letra. Son incapaces de matizar y adoptar puntos de vista diversos. Pero quienes sólo los critican también debieran ver la viga en el ojo propio antes de buscar la paja en el ajeno.

La actitud de Yusuf Islam (o Cat Stevens) viene bien como una lección para la concordia. Su ideal es el de un Islam abierto a toda la humanidad, pues sostiene que el mensaje ha sido manipulado por propios y extraños hasta el punto de convertirlo en algo irreconocible. En 2006, año en que regresó a la música, declaró: «Soy un espejo donde los musulmanes se miran para ver el mundo occidental y donde mis compatriotas se miran para ver el Islam».

El editorialista catalán Jaume Vives publicó recientemente: "Yo no soy Charlie Hebdo y me daría vergüenza serlo, pero condeno rotundamente el asesinato de esas 12 personas. Y no, no me parecen mártires de la libertad de expresión. La bajeza moral de Charlie Hebdo no justifica en ningún caso lo que han hecho estos dos yihadistas, de la misma forma que lo que han hecho estos dos yihadistas no justifica tampoco la mierda de dibujos que hacen en ese panfleto que destila burla violenta y mal gusto por los cuatro costados". Claridad contundente.

Las lecciones de este triste episodio de historia contemporánea deberán aprenderse...y pronto.

La libertad de cada uno termina donde comienza la de los demás. Para unos y otros aplica la misma sentencia de permanente y atemporal sabiduría:

"No hagas a otros lo que no quieras para ti".

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