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El renacimiento del Jacobinismo

Ateos e indiferentes religiosos siempre han existido como posiciones individuales que afectan únicamente a las personas que viven de esa manera y que aunque lo expresen no asumen una posición beligerante respecto de los creyentes. Sin embargo, el llamado jacobinismo tuvo su origen en la Revolución Francesa y se identifica con la expresión social de persecución religiosa, independientemente de la ideología o principios en razón de lo cual se haga. Y esa exaltación ha tenido diversas manifestaciones en el mundo en distintas épocas ya sea como hostigamiento o franco intento de acabar con la vida religiosa, como ocurrió con el marxismo y el nazismo.


Jacobinismo 


El liberalismo ha vivido su relación con la religión de muchas maneras, una de ellas convirtiendo el hecho religioso a un fenómeno individual e interno de las personas o con indiferencia, pues se vive simple y llanamente como si Dios no existiera. Ese ha sido un fenómeno creciente y en Occidente prevaleció durante el Siglo XX.

Sin embargo, a raíz de la caída del socialismo real, tanto el subsistente marxismo como el neoliberalismo han dado origen a nuevos fenómenos de jacobinismo disfrazados de tolerancia y de combate a la discriminación, intentado evitar por todos los medios posibles las expresiones religiosas públicas, tanto personales como grupales, en tanto que el intento de imponer un pensamiento único encuentra respaldo político e institucional. Ha surgido así la llamada “intolerancia de los tolerantes”.

En víspera del arribo del Papa Francisco numerosas iglesia de Santiago de Chile fueron pintorrajeadas con frases ofensivas de rechazo al Pontífice. En otros lugares se ha puesto explosivos en iglesias. En Perú fue incendiado el Cristo del Pacífico también previamente a la llegada del Papa. En la actualidad existe una campaña internacional contra el Papa Francisco. Una oleada de hostilidad ha sustituido la inicial campaña de apoyo después de la renuncia del Papa Benedicto XVI.

Pero no son los únicos casos. Numerosos gobiernos han iniciado campañas para presionar a las escuelas y universidades cristianas para que retiren los crucifijos de las aulas, “porque ofenden los sentimientos” de quienes no comparten la fe. Lo mismo se ha hecho con monumentos y hasta Iglesias, mientras que, por ejemplo, se defiende el derecho de los musulmanes para que la media luna adorne edificios y las mujeres porten la tradicional burka. Prohibición para unos, derecho para otros.

El gobierno chino, fiel a su pensamiento comunista, ha perseguido a los cristianos y en los últimos días ha derribado dos templos cristianos y amenaza hacerlo con más. Los gobiernos socialistas de España han realizado distintas acciones en contra de la Iglesia y han enfocado sus acciones tanto contra los ministros como con iglesias como La Sagrada Familia y la Basílica del Valle de los Caídos, por señalar unos pocos ejemplos.

A los deportistas que suelen santiguarse al inicio de los partidos o dan gracias a Dios al realizar una buena jugada o al obtener un triunfo, se les ha prohibido que hagas esas muestras públicas de su fe. Todo en aras de la “tolerancia” respecto de los que no son cristianos. Pero en realidad se trata de formas sofisticadas de jacobinismo hipócrita.

Pero este jacobinismo no es casual. Se trata de una acción concertada mundialmente para contener la creciente movilización de los creyentes para contrarrestar las acciones políticas, legislativas y sociales en contra de la dignidad de la persona, la familia y los valores culturales de occidente. Finalmente, después de la modorra e indiferencia con que muchos cristianos se comportaron frente al deterioro de los valores morales y sociales, poco a poco se ha generado una respuesta positiva de afirmación y defensa de esos principios.

El Papa Francisco, al igual que sus antecesores inmediatos, ha invitado con creciente fuerza a los laicos a hacer presencia pública, a evangelizar y a participar en política, a fin de que los creyentes, que en algunas sociedades son mayoría, se organicen y muestren fuerza en la vida pública. Esto se hizo evidente recientemente, en el encuentro entre obispos y políticos convocado por el CELAM.

El nuevo jacobinismo camina paralelo, con mayor “elegancia”, al yhijadismo que en Medio Oriente y en África, pero eso no justifica esta agresión contra la libertad religiosa, piedra de toque de los derechos humanos.

 

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