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El Gulag de Fidel Castro

Finalmente, Fidel Castro ha partido. Con él se irá, poco a poco, el mito. Cada vez será más fácil transparentar la realidad del Gulag del Caribe que fue posesión personal de Fidel desde 1959 hasta su muerte, aunque haya “renunciado” al poder en beneficio de su hermano, muestra clara del menosprecio a su pueblo y lo antidemocrático de su sistema.



Resulta increíble escuchar a estas alturas elogios a quien fuera uno de los dictadores más fuertes del Siglo XX, pues los miles de muertos que se le pueden abonar, directa o indirectamente, superan con creces los genocidios en otros países. Fidel persiguió y ejecutó, desde luego, a sus enemigos políticos e ideológicos; también los encarceló y silenció. Muchos de ellos siguen recluidos en las cárceles cubanas y ha hecho oídos sordos a las mujeres de blanco, a quienes han invocado los derechos humanos, a quienes con motivo de las visitas de los papas pidieron clemencia. Eso en contraste con el trato que él recibió después del asalto al cuartel de Moncada en 1953, pues a pesar de ser el líder no fue ejecutado y liberado tras 22 meses de cárcel gracias a una amnistía. Hecho que contrasta con los 22 años de prisión en que tuvo a Armando Valladares.

Entre los muertos que se le atribuyen se cuentan Huber Matus y Camilo Cienfuegos, éste fallecido en un “accidente” aéreo en extrañas circunstancias. ¿Qué decir de las miles de víctimas del intento de huir del primer “país libre de América”, según la leyenda colocada en el aeropuerto de La Habana? Adicionalmente, entre sus víctimas se cuentan los miles de abortos provocados y patrocinados por el Estado, al grado de ser el país con mayor número de víctimas mediante este sistema en América Latina. Abortos resultantes, entre otras causas, de la prostitución institucionalizada en la Isla, ya que muchas mujeres para sobrevivir recurren a esta práctica, no sólo por dinero, sino por ropa o por comida. La vergüenza es que en México y en otros países se promovía ese turismo sexual.

Fidel se deshizo de todos sus compañeros que pudieran poner en riesgo su poder, incluyendo al Che Guevara, a quien marginó y alentó a que saliera de Cuba para realizar la revolución proclamada por la OLAS. Lo prefirió como imagen emblemática que como al líder que pudiera disputarle poder y prestigio. A sus incondicionales los protegió y les dio privilegios de los que carecía el resto del pueblo cubano, mientras le fueran útiles. Pero cuando estorbaban o lo ponían en problemas por el tráfico de drogas que se hacía desde Cuba, por ejemplo, los ejecutaba. 

El sistema castrista, cobijado de comunista, fue un modelo de terrorismo. Los Comités de Defensa Revolucionaria, copiados en otras revoluciones de izquierda, vigilaban a los vecinos y los denunciaban por “contrarrevolucionarios”. El sistema se sostenía, también, mediante un sistema de espionaje y vigilancia a los extranjeros. De eso fui testigo directo durante un viaje a Cuba con un grupo de periodistas mexicanos.

Se elogia el logro de alfabetización en la Isla, pero se calla que éste se alcanzó antes de la Revolución, al igual que los logros en salud, de los cuales, por cierto, se ha hecho todo un mito en la medicina actual en la Isla. En cuanto a la alfabetización, lo escribí a mi regreso de aquel viaje, ha sido el mejor medio para mantener enajenados a los cubanos, a los cuales se adoctrina desde niños en el movimiento de los “Pioneros”, los cuales concluían sus presentaciones con la exclamación: “¡Pioneros, por el comunismo, seremos como el Che!” Pero qué triste escuchar a quienes tenían estudios superiores por las nulas posibilidades de desarrollo profesional que tenían, los bajos salarios –la igualdad en la pobreza si fue un logro de Castro– y la carencia de los medios más elementales para vivir dignamente.

De la libertad de pensamiento y religión, ni hablar. El cristianismo estuvo a punto de extinguirse. A la falta de sacerdotes –algunos de ellos muertos por la persecución o exiliados– se agrega que los católicos no podían asistir a las iglesias, pues eran fichados y corridos de sus trabajos. Solo los ancianos y los niños pequeños se salvaban de esto. Cuando la visita del Papa Juan Pablo II a la Isla, al igual que ocurrió en Polonia, la policía trato de impedir que el pueblo asistiera y dio preferencia a los grupos controlados por el gobierno a que ocuparan la plaza. En cuanto a escritores no alineados, además de no poder publicar eran reprimidos. Internet y las redes sociales están limitadas.

Sobre las posibilidades democráticas, recordemos que pasaron años para que hubiera una nueva Constitución, y cuando fue autorizada, Castro siguió como el verdadero y único gobernante, con el Partido Comunista del cual la propaganda –de la cual la Isla está llena, pero se prohíbe la publicidad– declaraba con soberbia: “El Partido es inmortal”. Quizá Castro llegó a pensar que también él era inmortal.

Pero, finalmente, se ha ido. Hoy los gobiernos semejantes al establecido por Fidel, lo elogian. Otros mejor guardan silencio. Los ciegos ideológicos o los ingenuos lo lloran o lo aplauden. Pero sí, hay que reconocer que tiene la misma estatura que Stalin y es ejemplo del inhumano “socialismo real”, aunque se disfrace de socialismo del Siglo XXI.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

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Comentarios  

#1 Rogelio Monroy 08-12-2016 11:23
Excelente articulo, basado en experiencias vivas.Lamentablemente los izquierdistas mexicanos imponen sus punto de vista utilizando la television .
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