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El nuevo traje de los ministros de la Suprema Corte

Se ha dicho que la realidad supera a la ficción. En los últimos días me he percatado de ello. Vivimos una situación semejante a aquella en que el Emperador, engañado por unos vivales que le confeccionaron un traje que sólo podrían ver los inteligentes y los aptos para ocupar los cargos que desempeñaban. Todos, para demostrar que eran listos o competentes, se mostraban admirados por la belleza de la tela y de la confección. Hasta que en el desfile de gala en que por primera vez el emperador lucía tan bella prenda ante su pueblo y todos unánimemente lo elogiaban, un pequeño gritó irreverente: ¡El emperador está desnudo! Entonces a todos se les abrieron los ojos.


La ley homosexual


Ahora asistimos ante una confección semejante. Cuatro ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación se han confeccionado un nuevo traje y salieron a exhibirlo ante la Nación. Y como en el cuento de marras, muchos se inclinan y aplauden admirados por la forma que lucen. En primer lugar, habría que reconocer su inteligencia y gran ciencia jurídica, que los hace idóneos para interpretar los misterios de la Constitución. Con ello demuestran que son aptos para su cargo, pues se alinean a lo que los sastres les han indicado que es el traje que deben vestir.

Vayamos atrás y conozcamos la historia. Los ministros discutieron si el amparo es procedente por parte de quienes en cualquier lugar del país, independientemente de lo que diga su constitución local o el código civil correspondiente, otorgarles el amparo. Y para ello se vistieron con el traje que ha confeccionado el lobby lésbico-gay en el mundo y en México para victimizarse y señalar que son discriminados al no poder contraer matrimonio y adoptar hijos. Y para ello, como en el caso del cuento, y para ser “modernos” y equitativos en el trato, redefinen lo que es el matrimonio, a partir de que los Constituyentes interpretaron lo que la familia era en su tiempo, y no la definieron, ni pensaron en su “evolución”, cosa que ellos sí hacen. Así que, como en el traje de marras, ahora tejen una nueva idea de matrimonio, se lo ponen y lo exhiben ante la sociedad mexicana.

Seguramente piensan que así como los ministros y el pueblo del cuento que querían quedar bien, elogiando el traje invisible, pensarán que también los mexicanos nos vamos a creer el cuento de que no hay diferencia entre una pareja homosexual y una heterosexual, porque “el matrimonio no se vincula con la procreación”. Se trata de una nueva aportación antropológica y científica de los nuevos sastres.

Otro valioso argumento de estos sabios intérpretes de la Constitución ellos se unen a esa moda internacional que “arrolladoramente” visten otros países (sólo 9), argumento suficiente para que todos nos vistamos igual y echemos a la basura los trajes del pasado, porque son del pasado y no han “evolucionado”.

Eso también significa, por cierto, una redefinición de la discriminación. Anteriormente era un trato desigual a los iguales. Ahora se entendería la discriminación como un trato desigual a los desiguales, por lo que habría que darles un trato igual a los desiguales.

Esta alta moda jurídica ya ha sido elogiada por los sastres que la confeccionaron. Desde luego por los ministros que la visten, y quien no quiere pasar por “homofóbico” o retrógrado. Van con la masa, con la corriente.

Sin embargo, más allá de las conductas personales, que quedan en quienes las realizan, siempre y cuando no afecten los derechos de terceros, la realidad es que el matrimonio no está ni por inventarse ni por redefinirse, por lo que sin temor, como ocurrió con el niño del cuento, habrá que decir que los ministros de la Corte, ¡están desnudos! Aunque eso signifique ir contra corriente.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com


 

 

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