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No hay justicia, ni pronta ni expedita

Un clamor creciente recorre el país pidiendo justicia. Ayer fueron unos jóvenes normalistas, antier un grupo de familias, luego un joven falsamente acusado, torturado por la policía y muerto en la tarea, para después difamarlo. En ocasiones son los policías los que intervienen, a veces el ejército, otras los sicarios. Los muertos se multiplican y multiplican. Parece una carrera sin fin. Por aquí y allá hay dolor, injusticia. Pero los encargados de aplicarla callan, en ocasiones ellos son los victimarios o cómplices de ellos. ¿Quién nos hará justicia?


Seguridad y Justicia


El Artículo 102 de la Constitución señala que: “Corresponde al Ministerio Público la persecución, ante los tribunales, de todos los delitos del orden federal; y, por lo mismo, solicitará las medidas cautelares contra los imputados; buscará y presentará las pruebas que acrediten la participación de éstos en hechos que las leyes señalen como delito; procurará que los juicios federales en materia penal se sigan con toda regularidad para que la impartición de justicia sea pronta y expedita; pedirá la aplicación de las penas, e intervendrá en todos los asuntos que la ley determine”.

La gran pregunta es: ¿Se cumple este mandato constitucional? La triste respuesta es: NO.

De las reformas que se han hecho en México, la más rezagada es la relativa a la aplicación de la justicia. Reformas constitucionales van y vienen, pero los aparatos responsables de aplicar la justicia en todas las instancias siguen rezagados. Pareciera que se apuesta al olvido, a la prescripción de los delitos y, en consecuencia, a la impunidad.

Hay un caso paradigmático que muestra que las autoridades no quieren, no han querido, hacer justicia: el asesinato del Cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo y seis personas más, que acaba de cumplir 22 años de perpetrado y sigue sin ser resuelto. Se trató de un magnicidio, pues se dio muerte a un Príncipe de la Iglesia, y todo apunta que fue un crimen de Estado, de ahí el interés de echar tierra y sepultar en el olvido esta agresión.

La averiguación del caso está abierta, se “sigue investigando”. ¿Será verdad? ¿Quiénes investigan, dónde, qué avances tienen? Hasta ahora no hay respuestas. Las preguntas que los abogados coadyuvantes del caso hacen, no tienen respuesta. El caso no avanza, pues hasta el momento ninguna persona ha recibido sentencia firme por su participación en los homicidios. El Tribunal Superior de Justicia de Jalisco revocó la sentencia de los procesados, como consecuencia de sus apelaciones y se están reponiendo los autos, pues no hubo sustento legal para detener a los procesados como consecuencia de la versión de que lo ocurrido en el aeropuerto de Guadalajara fue una confusión.

Hay investigaciones que muestran que el atentado contra el Cardenal Posadas fue doloso y directo en su contra. Los datos orientan hacia la posibilidad de consignaciones correctas y no como las que sirvieran para echar una cortina de humo y engañar a todos los mexicanos. Esas pruebas se orientan hacia funcionarios públicos que valiéndose de sus posiciones urdieron el crimen y fueron capaces de manipular, no sólo a las policías, sino a algunos narcotraficantes, para hacer posible que aparecieran en la escena de los hechos.

Esto, además del crimen, muestra cómo desde el aparato gubernamental había comunicación y hasta complicidad con las mafias que ya desde entonces violaban las leyes y sentaban sus reales en diversos rincones del país.

Una vez más existe la posibilidad de que el Ministerio Público cumpla con su deber y demuestre que en México es posible hacer justicia, en éste y muchos casos más donde no hay justicia pronta y expedita.

Muchas voces han pretendido acallar a los pocos que insistimos en que se haga justicia en estos temas. Incluso los que han levantado su voz en otros casos, donde tienen un interés particular, guardaron silencio en su momento y hasta llegaron a mofarse del Cardenal Juan Sandoval por su persistencia en pedir justicia sobre el caso.

A 22 años de distancia la memoria se niega a olvidar. El clamor de justicia de quienes velaban el cuerpo del Cardenal Posadas cuando Carlos Salinas de Gortari llegó a la Catedral de Guadalajara aún resuena y su eco se prolonga hasta hoy. “¡Que se haga justicia!”

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