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Vasco de Quiroga, modelo de humanista

Hace 450 años Don Vasco de Quiroga partió a la Casa del Padre y dejó huérfanos, pero enriquecidos, a los indios purépechas de entonces y de ahora.


La vida de un santo


Esta efeméride se ha festejado en Morelia y en Pátzcuaro con bombo y platillo. No era para menos. Don Vasco es una figura que ha trascendido en la historia por su vida y por su obra. Ambas tienen un fuerte contenido que es un mensaje para nuestro tiempo.

Don Vasco unifica a todos los que lo conocen y estudian por ser un verdadero modelo de humanismo. Gabriel Méndez Plancarte lo ubicaba, junto con  el obispo Julián Garcés y Bartolomé de las casas, como los padres del humanismo mexicano. Un humanismo diferente al europeo, lleno de teorías y abstracciones, pero poco aplicado a la realidad.

El humanismo mexicano nace y florece en el Siglo XVI a partir de la defensa de la dignidad de los indios. Una defensa firme ante la autoridad española, al mismo tiempo que una realización concreta, particularmente en Don Vasco, al hacer justicia a quienes eran humillados y despreciados, a partir del principio de que eran hijos de Dios y había sido redimidos por la misma sangre que los españoles. Ése fue el fundamento de su humanismo y por él se explica todo lo que hizo.

Desde que decidió venir a la Nueva España como miembro de la Segunda Audiencia, lo hizo inspirado por el salmo que escuchó de los monjes cuando meditaba sobre la decisión que había de tomar: “Sacrificad sacrificios de justicia y esperad en el Señor. Son muchos los que dicen: ¿quién va a favorecernos?” (Ps. 4, 6-7). Y su propósito fue ayudar a la conversión de los indios a la fe.

La prédica de Don Vasco fue mixta: la acción y la palabra. Primero escuchó a los indígenas, sus quejas, y les hizo justicia. Luego, fundó los pueblos-hospital, de Santa Fe, en México, y Santa Fe de la Laguna, en Michoacán. Ahí les enseñó artes, oficios, letras, la fe cristiana, las actividades productivas y los organizó socialmente, a partir de la familia y como familia. Aplicó el espíritu de hospitalidad que aprendió como miembro de la Orden de San Juan de Jerusalén, hoy de Malta.

Su aspiración fue crear “un muy buen estado de república y policía (política) mixta, que sea católico y utilísimo a todos y conservativo de esta tierra y naturales, y preservativo de las injurias y fuerzas y agravios y opresiones que se les hacen (a los indios) en ella”. Para lograrlo, quería que los habitantes de los pueblos hospital, primero, y de su diócesis, después, fueran cristianos a las derechas.

Algunos, como Silvio Zavala, afirman que logró hacer realidad la Utopía de Tomás Moro. Más bien, logró que los purépechas se acercaran a su ideal de “cristianos a las derechas”, y los pacificó. Esta obra, iniciada como laico, le valió ser nombrado obispo, el primero de Michoacán.

A Don Vasco no se le entiende sin su cristianismo, del cual dio testimonio como abogado, como magistrado. Por esa trayectoria, el Cardenal Alberto Suárez Inda, arzobispo de Morelia, realizó el proceso diocesano para su canonización y ya concluido lo introdujo en el Vaticano, donde está en estudio. Si Dios quiere, llegará a santo elevado a los altares.

Hay, sin embargo, voces que se oponen a su canonización, “porque dejaría de ser humanista”. A ellos habría que explicarles que si llega a santo, es porque fue un humanista cristiano. Es decir, el más alto grado de humanismo posible, o el más auténtico.

A propósito del tema del desarrollo social –del cual Don Vasco fue experto- el Papa Paulo Vi escribió en la encíclica Populorum progressio:  «No hay, pues, más que un humanismo verdadero que se abre al Absoluto en el reconocimiento de una vocación que da la idea verdadera de la vida humana». Por tanto, escribió el Papa Benedicto XVI en su encíclica Caritas in veritate, “la fuerza más poderosa al servicio del desarrollo es un humanismo cristiano.”

Los dos Papas, con años de diferencia, han afirmado lo mismo, el humanismo, para serlo, tiene que estar abierto a la trascendencia. De esa apertura aprendió Don Vasco a ser humanista, a redimir a los indios, a elevarlos, reconociendo su dignidad. ¿Cómo es que se afirma, entonces, que si se le declara santo dejaría de ser humanista? Ser santo no significa ser ángel. Significa que como hombre ha vivido las virtudes en grado heroico, que es lo que se reconoce en el Don Vasco humanista. A este respecto, el Papa Benedicto XVI escribió que: “El humanismo que excluye a Dios es un humanismo inhumano. Solamente un humanismo abierto al Absoluto nos puede guiar en la promoción y realización de formas de vida social y civil –en el ámbito de las estructuras, las instituciones, la cultura y el ethos–, protegiéndonos del riesgo de quedar apresados por las modas del momento.”

Por esa inspiración Don Vasco y su obra han superado modas y mantienen actualidad en su fondo y en su forma. Los papas citados han insistido en que el hombre, sin Dios, no es capaz de gobernar por sí mismo su progreso. De ello vemos muestras día a día, pues los avances de la ciencia y la técnica nos han acercado más al hombre, al verdadero humanismo.

Don Vasco es y será humanista, ahora y como santo, si llega a serlo.

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