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Pretenden imponer el socialismo desde las barricadas y Comuna CDMX

Cuando los criminales de la CNTE tenían en jaque al país consideramos tres escenarios. El peor era que consiguieran todo o casi todo lo que exigían, pero que tras del conflicto siguieran los desmanes.



Desafortunadamente, este tercer escenario es el que se ha materializado. Para todo efecto práctico, la reforma educativa está muerta en los estados donde los criminales de la CNTE mandan. Ha recuperado su botín, sus capos están libres, y tienen la impunidad garantizada todos aquellos que por meses bloquearon carreteras, saquearon comercios, hicieron perder a miles sus negocios y empleos, lesionaron gravemente policías o los mutilaron, robaron e incendiaron vehículos y causaron la muerte de una docena de personas.

Pese a haber recibido del gobierno federal todos estos regalos, todos estos premios a su accionar delictivo, los criminales de la CNTE y los grupos radicales que la hegemonizan siguen con la violencia, esta vez a través de una facción especialmente agresiva y desquiciada: los normalistas de Michoacán.

Estos malandrines han superado a sus mentores de Ayotzinapa. Han robado cientos de vehículos, saqueado sus cargamentos e incendiado decenas de ellos. Tienen paralizada la economía del estado.

¿Qué piden estos criminales? Pues lo de siempre: más prebendas e impunidad, acceso garantizado y vitalicio a los recursos del Estado (en realidad de los contribuyentes) como feroces rentistas que son. Pero eso en realidad es secundario, el principal móvil de su violencia es el objetivo de la revolución socialista a la antigüita, desde las barricadas. Todo lo que sea necesario para la toma del poder, a la “moderna”, para que en 2018 los ciudadanos hartos de desmanes digan: ¿quieren el poder?, pues tómenlo, que Andrés Manuel sea presidente ¡pero ya dejen de jodernos!

El gobierno, en realidad los gobiernos (el federal y el estatal) repiten la receta seguida frente a la CNTE y el resultado no puede ser más que el mismo: los criminales se hacen cada vez más fuertes y son cada vez más osados.

Los gobiernos intentan aplicar la ley, cuentan con el respaldo de una opinión pública harta de los desmanes, detienen a algunos de los malandros, pero ante la presión los liberan y sigue el desorden. Los gobernantes no quieren entender: mientras más alimentan a los cocodrilos, estos tienen más apetito y se tornan más grandes, fuertes, voraces y agresivos.

Pero en la lucha por imponer el socialismo en México y llevar a López Obrador al poder, el de las barricadas no es el único frente de batalla. Tan importante como ése, es el de lo que podríamos llamar la Comuna de la Ciudad de México (como la de… París en el siglo XIX, pero esta vez sin barricadas in situ).

El Jefe de Gobierno Miguel Ángel Mancera presentó un proyecto de Constitución de la Ciudad de México que la Asamblea Constituyente dominada por la izquierda deberá aprobar y fue elaborado por una caterva de marxistas recalcitrantes. El infame texto no es una copia del manifiesto comunista, no plantea explícitamente la abolición de la propiedad privada y que el Estado se apropie todos los medios de producción, pero ni falta le hace.

El proyecto de constitución plantea entre otras barbaridades el supuesto derecho de toda persona a un ingreso mínimo garantizado, que le permita la satisfacción de todas sus necesidades, así, por el solo hecho de vivir en la Ciudad de México, sin trabajar (¡que trabajen los demás!). La única manera de garantizar eso es mediante el saqueo progresivo hasta volverse total de los generadores de la riqueza. No hay porqué respetar la propiedad privada, pues para el proyecto de Constitución sólo tiene una función “social”, es decir, una función socialista: para ser utilizada por el Estado como bien disponga, ya sea mediante impuestos incautatorios, regulaciones y expropiaciones.

Algunos ingenuos externan su peregrina confianza en que la Suprema Corte de Justicia de la Nación hará trizas la pretendida Constitución de la Ciudad de México por violar la del país. Pero ¡no estén tan seguros! La constitución original de 1917 era de por sí bastante estatista y se tornó más con numerosas enmiendas, sobre todo las que se hicieron en los años ochenta y que prácticamente establecían la planificación central de la economía.

Además los ministros han probado estar irremediablemente contagiados de las ideologías generista, anti-vida y socialista.

El proyecto de crear la Ciudad de México no era en modo alguno una demanda de sus habitantes, quienes desairaron contundentemente la elección de la Asamblea Constituyente.

El Presidente Peña y su partido junto con otros partidos podrían haberle ahorrado a la capital del país este horror y no lo hicieron ¿En qué estaban pensando cuando cedieron a este capricho de la minoritaria izquierda? Otra decisión garrafal.

El socialismo es el peor sistema que la humanidad haya padecido, que restableció la esclavitud, sólo trajo miseria y opresión y asesinó a al menos 120 millones de seres humanos en el siglo XX.

Tras el colapso de la Unión Soviética y el bloque comunista, parecía que el socialismo habría muerto. Pero el muerto revivió en América Latina.

Los argentinos se hartaron de los socialistas y los quitaron del poder, los brasileños también y Venezuela es un completo caos. Y pese a todo, los socialistas insisten en llevarnos hacia la pesadilla socialista.

Hoy México enfrenta la peor amenaza de su historia. Tendrá que hacer un esfuerzo extraordinario para conjurarla.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

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