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Las manos del Amor

Hay un libro extraordinario que escribió Henry Nouwen, El regreso del hijo prodigo: meditaciones ante un cuadro de Rembrandt, cuya trama se desarrolla a partir de la parábola del hijo pródigo, el cuadro de Rembrandt y la propia historia del autor. Y vaya que una imagen dice más que mil palabras.


Familia


Encontré, leyendo un libro, una imagen de Jean Fouquet, que usted tiene a sus ojos. Es una evocación de la creación, mostrando como escena central la presentación de Adán con Eva, miniatura pintada hacia el año 1470. Al igual que el cuadro de Rembrandt, esta pintura tiene elementos para contemplar durante largo rato y que evocan misterios y realidades que nos pueden hacer reflexionar. Aunque usted seguramente encontrará otros detalles valiosos, quiero señalar cuatro que me parecieron dignos de alguna anotación.

1. Los ojos de Dios miran a la mujer, los de ella a Adán, y los de éste a la tierra. Me asombró el hecho de una mirada que habilita a mirar… Dios nos mira, después, nosotros somos capaces de mirar al amado con otros ojos. 

Eva mira a Adán después de que se sabe mirada amorosamente por Dios. Adán es mirado por el amor, y voltea a la tierra, extendiendo su mano -que probablemente la labrará- con una mirada noble y pura. El trabajo humano y nuestra relación con la Naturaleza tornarían muy diferente si aprendemos a mirar con los ojos del amor. Amamos porque nos sabemos amados. Pero la mano del hombre amado que ya pretende trabajar tiene como contraparte la mano de Eva que se toca el vientre, pues el amor es fecundo. La Eva sonrojada de los cabellos dorados hasta la rodilla y el tímido Adán de barba marrón comienzan a ser familia gracias a una mirada que los habilitó a amar y trabajar uno por el otro.

2. El manto protector de Dios cubre al ser humano. Allí estriba la fe del matrimonio, en que, pese a las dificultades cotidianas y a los desafíos de la vida, estamos cubiertos por Dios. La desnudez del matrimonio, delicadamente pintada por Fouquet, es intimidad desde el momento que es cubierta por la ternura divina. El sol, el viento, los animales no acceden a la exhibición del amor. En esta pintura Dios no tiene corona, ni cetro, ni silla real, tiene un manto protector. Acaso sea esto el matrimonio la unión entre dos en uno. El centro de la pintura no deja de ser una imagen trinitaria.

3. Las manos del amor. Al centro de la pintura encontramos la escena fundamental: cuatro manos. La mano de Eva llevada por una mano de Dios a la mano de Adán llevada por la otra mano de Dios. ¿Qué es familia? Encuentro. La metáfora es poderosa en esta miniatura. Es Adán quien realmente toca a Eva, accede a ella,  y ella quien realmente toca a él, accede a él. Dios no es un intermediario que impide el roce directo, sino el mediador para un encuentro pleno. Las manos de Dios no obligan ni fuerzan a ninguno de los dos. Véalo detenidamente. Es como si la tendencia natural al encuentro fuera más bien procurada y cuidada, no tanto violentada. Más aún… pareciera que Eva y Adán quieren tocarse, pero no saben cómo. Es Dios quien delicadamente les enseña.

Las manos humanas son manos de amor, capaces de encuentro, porque previamente son tocadas por las manos del Amor.

Seguramente usted, con más detenimiento podrá encontrar más y mejores reflexiones sugeridas de esta bella imagen. Tal vez nos lleve este ejercicio a descubrir también la mirada, el encuentro y el amor en nuestras familias.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

 

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