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La cuestión es: “el perdón”

Mucho se ha escrito ya sobre el tema del perdón. En esta ocasión quiero llevar al lector a recordar algo de historia, a saber, tres hitos fundamentales que, a mi gusto, pueden ayudarnos a reflexionar aún más qué es la misericordia y por qué no siempre es cómoda.


Sínodo de la Familia


San Calixto I, Papa número 16 de la Iglesia Católica, ejerció su pontificado a inicios del Siglo Tercero (217-222). Fue un esclavo criado por una familia griega, que tras ser liberto sirvió a un funcionario del Emperador que lo introdujo al cristianismo. Ya cristiano tuvo la oportunidad de apoyar tanto a Víctor I como a Ceferino, quienes le precedieron en el pontificado. Lo interesante es que para aquellos entonces, alguien sí quería ser Papa: el diácono Hipólito, pero no fue electo tras la muerte de Ceferino, sino que fue elegido Calixto.

Ambos tuvieron serias disputas, pero una muy célebre fue la acusación que hiciera Hipólito a Calixto de laxitud moral, pues Calixto permitió el reingreso a la comunión a aquellos que habían realizado ofensas graves: Adúlteros, fornicarios, etc. Y es que la Ley de Moisés prescribía la excomunión (e incluso la pena capital) para varios pecados. 

Calixto defendía la eficacia del sacramento de la reconciliación, defendía el hecho de que “Dios lo perdona todo”, por eso, a los que, tras un proceso de penitencia y que sinceramente se arrepentían, los admitía de nuevo al seno de la Iglesia. Hipólito se separó durante varios años de la Iglesia, y curiosamente -creyéndose ortodoxo-, llamaba al resto de la Iglesia “la secta de Calixto”… Afortunadamente, se reconcilió al final de sus días.

¿Qué objetó Hipólito a Calixto? Que la pretendida misericordia que Calixto predicaba atentaba contra la doctrina, iba en contra de las Escrituras; lo cual no era del todo cierto, pues también la Escritura afirma que “lo que ates en la tierra, será atado en los cielos; y lo que desates en la tierra, será desatado en los cielos” (Mt 16,19). El Concilio de Trento reafirmó la doctrina de Calixto, que es la del Evangelio, afirmando que la reconciliación es el tribunal donde se absuelven todos los pecados cometidos después del bautismo, y declarando anatemas a todos aquellos que, como los Novicianos, negasen a la Iglesia el poder de perdonar los pecados.

Nuestro segundo hito es justo hace quinientos años. A finales de marzo de 1515, León X emite una bula que reconoce como comisarios pontificios para impartir indulgencias al Arzobispo de Maguncia y al encargado de los franciscanos de esa ciudad para recabar fondos para la construcción de la Basílica de San Pedro en Roma (recordemos que parte de lo recabado se lo quedaba el mismo emperador y que no todo fue a parar a las arcas de San Pedro). Como fuere, y ciertamente sin querer hacer una apología de los hechos, sí tuve la oportunidad de leer un bulario tanto de Julio II y de León X (ambos papas grandes mecenas de Miguel Ángel, Rafael, Bramante…) y la concesión de indulgencias era muy frecuente, tanto por rezar por el Papa, como por ayudar a los pobres, por visitar iglesias, ir de peregrinación, etc. Como sabemos, a finales de octubre de 1517, Martín Lutero clava, según la tradición, en las puertas de Iglesia del Palacio de Wittenberg, 95 proposiciones o tesis en contra del uso que hiciera León X de las indulgencias. Ahí y así comenzó la Reforma.

¿Qué objetó Lutero a León X? Ciertamente hay un punto que, en medio de toda precisión requerida -y no es el momento de hacerla-, es inobjetable: Con la fe no se comercia.

La Iglesia, mucho antes de Lutero, condenó toda forma de simonía. Sin embargo, quiero llamar la atención a un punto menos trillado de la historia y más sugerente: Lutero argumenta en contra del poder del Papa de “remitir los pecados”, de “perdonar”, de “volver al seno de la Iglesia a los pecadores”. Usted podrá leer completas las 95 tesis de Lutero; por ahora sólo señalo algunas frases entresacadas de algunas proposiciones: “El papa no puede remitir culpa alguna…”; “Hemos de cuidarnos mucho de aquellos que afirman que las indulgencias del Papa son el inestimable don divino por el cual el hombre es reconciliado con Dios”; “las indulgencias papales no pueden borrar el más leve de los pecados veniales”.

En realidad, pocas de las 95 tesis tienen que ver con el dinero y el hecho de “vender” indulgencias; la mayoría tienen que ver con minar la autoridad papal respecto al perdón de las penas.  Lutero defenderá la doctrina, de nuevo, desde la recta y ortodoxa lectura de la Escritura, y declarará una inmoral laxitud en Roma. De nuevo se revive la historia de Hipólito.

El tercer hito, como usted se puede imaginar, es el recién clausurado Sínodo sobre la Familia. Me ha resultado gratísimo ver el parecer casi unánime de todos los padres sinodales respecto a la redacción final. Creo que los medios de comunicación nos han vendido la idea amarillista de una Iglesia dividida, ahora me queda claro que no es del todo cierta dicha idea. Me han llamado gratamente la atención los obispos africanos y su defensa de la vida; me han gustado mucho los pronunciamientos de los círculos menores, en fin, la lectura de la relación final me está dejando mucho que aprender y que poner en práctica, comenzando en casa, con mi esposa e hijos.

El difícil tema de los divorciados vueltos a casar al parecer es el tema más espinoso. La verdad no tengo conocimientos teológicos ni pastorales para dar una opinión de experto sobre el tema, ni mucho menos es mi intención. Sin embargo, sí quiero llamar la atención sobre un punto: Leo que algunos Cardenales hablan con medios de comunicación para expresar libremente que se alegran que el Sínodo no haya roto con la tradición ni con la doctrina; otros afirman que se pone en riesgo la doctrina al admitir (con las causales previstas de penitencia y observando caso por caso) a los divorciados vueltos a casar a recibir la eucaristía.

¿Qué objetan algunos a Francisco? Que la misericordia sea a costa de la verdad. En otras palabras, que se abra un indiscriminado perdón que atente contra la Escritura o contra la doctrina de la indisolubilidad del matrimonio. Y trato de entender y sopesar verdaderamente lo que afirman… De hecho, me ha ayudado mucho el seguir los argumentos y conocer más a fondo el Magisterio sobre este tema. Algo de razón hay en ellos. ¿Por qué? Porque un perdón así predicado, ni es evangélico ni es auténtico perdón… pero, ¿es este perdón el que está proponiendo el Papa Francisco?

Leí el numeral 84 de la Exhortación Apostólica Familiaris Consortio de Juan Pablo II, y allí se afirma con toda claridad: “La Iglesia, en efecto, instituida para conducir a la salvación a todos los hombres, sobre todo a los bautizados, no puede abandonar a sí mismos a quienes —unidos ya con el vínculo matrimonial sacramental— han intentado pasar a nuevas nupcias. Por lo tanto procurará infatigablemente poner a su disposición los medios de salvación. Los pastores, por amor a la verdad, están obligados a discernir bien las situaciones. En efecto, hay diferencia entre los que sinceramente se han esforzado por salvar el primer matrimonio y han sido abandonados del todo injustamente, y los que por culpa grave han destruido un matrimonio canónicamente válido. Finalmente están los que han contraído una segunda unión en vista a la educación de los hijos, y a veces están subjetivamente seguros en conciencia de que el precedente matrimonio, irreparablemente destruido, no había sido nunca válido”.

Hasta aquí hay criterios muy rescatables: el discernimiento, el que hay quien padeció injustamente el divorcio, y los que incluso están en alguna causal de invalidez. En todos estos casos se requiere una acción distinta: Orientar, acoger, proceder canónicamente a declarar la invalidez, etc. Pero en todos los casos, continúa el Papa Juan Pablo II: “La Iglesia rece por ellos, los anime, se presente como madre misericordiosa y así los sostenga en la fe y en la esperanza”. Una vez discernidos los casos, continúa la Exhortación Apostólica, la Iglesia “reafirma su práxis de no admitir a la comunión eucarística a los divorciados que se casan otra vez” para concluir afirmando que “la Iglesia está firmemente convencida de que también quienes se han alejado del mandato del Señor y viven en tal situación pueden obtener de Dios la gracia de la conversión y de la salvación si perseveran en la oración, en la penitencia y en la caridad”.

Los parágrafos 84-86 de la Relatio final en nada contradicen las enseñanzas doctrinales. Afirman que los divorciados deben ser integrados sin causar escándalo; llama a discernir cuáles de las exclusiones litúrgicas, pastorales, educativas e institucionales pueden ser superadas, y cuáles no; que los divorciados deben sentir a la Iglesia como una madre que acoge; que el discernimiento individual debe hacerse con apego a la doctrina de la iglesia y no en contra de la verdad del Evangelio; que la misericordia de Dios no se niega a ninguno. 

Me surgen varias preguntas: ¿Si algo lo dijo el Papa Juan Pablo II, está bien y es “ortodoxo”, pero sí lo mismo lo afirma el Papa Francisco está mal y es “heterodoxo”? ¿De veras hay ruptura entre el Magisterio de los tres últimos pontífices o no más bien una fructífera continuidad? ¿La misericordia es opcional para los católicos o no acaso es un imperativo fundamental (“sed misericordiosos como vuestro Padre celestial…” Lc 6,36)? ¿Qué importancia tiene para un católico Pedro (Francisco)?

Estamos sólo a dos años que se cumplan los 500 años de la dolorosa ruptura entre católicos y protestantes (1517-2017); estamos a dos años que se cumplan justamente 1800 años de la ruptura de Hipólito (217-2017). Antes de esas rupturas (curiosamente acaecidas en los funestos 17), hubo Papas que predicaron el perdón, tanto de las culpas (Calixto I) como de las penas (León X)… Las rupturas fueron, en parte, porque no sabemos comprender la belleza del perdón. Porque nos cuesta ser misericordiosos y acoger. Porque somos la viva imagen del hermano mayor del hijo pródigo que recrimina a su Padre el ser tan “injustamente” amoroso. Oro para que la soberbia no vuelva a ser causa de un nuevo cisma en nuestra amada Iglesia.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

 

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