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México se derrumba… tal vez con nuestra colaboración

Es verdaderamente impactante escuchar la narración de los asesinos de los normalistas que hablan, de hecho, con una tranquilidad, como si estuvieran platicando la realización de un trabajo común, con una falta total de sensibilidad y conciencia que asusta.


Oración fortalece a la comunidad


Pero éste es un pasaje que se suma a un rosario de asesinatos y desapariciones que nos hace sentir que estuviéramos en un país que nunca hubiéramos podido siquiera imaginar, hasta que empezamos a reflexionar en que esto es el efecto de una cadena de falta de formación de valores, pero sobre todo de un alejamiento de Dios propiciado por un laicismo que ha sido todo, menos neutral y respetuoso de la forma de ser y creer de los mexicanos de hace tan sólo unas cuantas generaciones.

Y es que, en general, hemos abandonado la parte más importante de la educación. Estamos muy preocupados por la formación académica, que es bueno; por toda una serie de clases culturales y deportivas extra escolares, que también es bueno. Pero, en general, hemos dejado de lado lo más importante: la educación de la fe, y sobre todo, hemos dejado de practicarla nosotros mismos como familia, abandonado la oración y diciendo que estamos demasiado ocupados para ir en familia a nuestra misa dominical a dar gracias a Dios y a reflexionar sobre su palabra.

Y no menos importante es que, en ocasiones, por causas de necesidad extrema y no en pocas ocasiones por razones de otra índole no tan claras, muchos niños de hoy crecen sin el cuidado diario de sus madres, que han dado preferencia a otras actividades, olvidando que ellas son insustituibles y que no pueden ser reemplazadas ni por la abuelas, o por las tías o por personas ajenas a la familia, por muy capacitadas que estén, pues las madres tiene un don muy especial que les ha concedido Dios a través de la naturaleza, que les permite intuir las necesidades emocionales y espirituales de los hijos, para poder actuar en el momento preciso con el amor y la ternura que orienta y consuela y va formando la personalidad segura y con la dirección precisa; desde luego, con la corresponsabilidad y participación de los esposos.

Lo que escribía el Maestro Anacleto González Flores hace casi 90 años es una realidad lacerante hoy día:

“Nosotros los católicos hemos visto con nuestros propios ojos la caída estrepitosa del edificio de la sociedad y andamos entre escombros; sin embargo, poco nos hemos preocupado por conocer la verdadera causa del desastre.

“Y si hemos de ser sinceros y deseamos sanar, debemos reconocer que nada nos ha perjudicado tanto como el hecho de que los católicos nos entregamos a vivir con éxtasis en nuestros templos y abandonamos todas las vías de la vida pública a todos los errores.

“En lugar de haber estado en todas partes, especialmente ahí donde hicieron su aparición los portaestandartes del mal, nos encastillamos en nuestras iglesias y en nuestros hogares… Y les hemos dejado la escuela, la prensa, el libro…  y  todas las rutas de la vida pública, y no han encontrado una oposición seria y fuerte de nuestra parte por donde han llevado los caminos de la guerra contra Dios.

“Y han logrado arrebatarnos a la niñez, a la juventud, a las multitudes, a todas las fuerzas vivas de la sociedad con rarísimas excepciones… no hemos podido amurallar el alma de las masas, de los jóvenes, de los viejos ni de los niños”.

Pero el mismo Anacleto González Flores nos propone la solución:

“Hundiremos nuestro pensamiento y nuestra palabra en las profundidades del alma de la Patria, incrustaremos en ella con cinceladuras muy hondas la figura de Cristo, y así lograremos tener lo que jamás han logrado todas las revoluciones juntas: hombres de virtud acrisolada, amantes de practicar la justicia, de respetarse a sí mismos y a los demás, de sacrificarse, de hacer todo el bien posible a sus semejantes y de rendirle culto fervoroso y sincero al Derecho. Entonces la libertad reinará”.

A nivel sociedad hemos aceptado que se impongan como leyes hasta crímenes mismos como el aborto y otra serie de aberraciones contra la familia. Así que no es para sorprendernos cómo se ha corrompido la mente de muchos, hasta llegar al terror de los hechos ya comentados.

Ojalá hagamos algo, empezando por nosotros mismos y por nuestras familias.

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