Últimas noticias:

Los exiliados de Dios - Cap XLI Labor educativa

Ignacio de Loyola pasó de ser soldado de la nobleza a soldado de Cristo, pero un soldado muy culto que estudió en la Sorbona de París, al igual que sus compañeros con los que fundó la Compañía de Jesús. Así fue como se inició la tradición que identificaba a los Jesuitas con ser sacerdotes muy ilustrados, por lo que sus escuelas con el paso del tiempo se fueron convirtiendo en instituciones de renombre, y en la Nueva España esto no sería la excepción; al contrario, sus colegios pronto serían reconocidos como las mejores en todo el territorio.


La labor de la Compañía de Jesús


El 6 de noviembre de 1572 en la casa de los jesuitas se fundó el Colegio Máximo; pronto le siguieron otros colegios que dependían de éste y se llamaron el de San Pedro y San Pablo, San Gregorio, San Bernardo y San Miguel. Al principio, el Colegio Máximo estaba integrado tan sólo por los jesuitas que estudiaban para ser eclesiásticos, pero después se empezaron a integrar otros estudiantes no jesuitas.

Nunca tuvo el título de universidad, pero sus estudios equivalían a los de una institución de este tipo. El Colegio Máximo con el tiempo se trasladó a un suntuoso edificio que se empezó a llamar Colegio Real de San Ildefonso, que hoy conocemos por las maravillosas exposiciones culturales que ahí se exponen y es uno de los edificios más emblemáticos de nuestra ciudad.

Los métodos educativos que ahí se aplicaban eran similares a los del Colegio Máximo de Roma y al de la famosa Universidad de la Sorbona, donde ya dijimos habían estudiado San Ignacio y sus compañeros.

Pronto los jesuitas empezaron recibir solicitudes de los obispos para que instalaran colegios en las diversas provincias y ciudades de la Nueva España, ya que sabían que el nivel educativo era inigualable y seguramente de sus aulas saldrían candidatos al sacerdocio que llegarían muy bien preparados.

A finales del siglo XVI ya había colegios en Pátzcuaro, Oaxaca, Puebla, Valladolid (Hoy Morelia), Veracruz, Tepotzotlán (hoy museo Nacional del Virreinato), San Luis de La Paz (Guanajuato), Zacatecas, Durango y Parras.

En Puebla, que era entonces la segunda ciudad de México, donde se construyó el Colegio del Espíritu Santo, a donde se trasladó el noviciado. En 1926 se instituyó un segundo colegio llamado San Ildefonso, de Puebla, donde también se enseñaba letras humanas, o sea, literatura. A un costado del colegio se construyó la Iglesia del Espíritu Santo, a la que algunos llamaban “la iglesia más bella de América”.

En 1616 fundaron El Colegio y, por otro lado, en la lejana Sonora también llegó el impulso educativo de Mérida, que fue considerado como la verdadera Universidad de la ciudad y de toda la región.

Seguirían las fundaciones de Querétaro, San Luis Potosí, Parral y Chiapas, en la ciudad hoy conocida como San Cristóbal de las Casas.

Como podemos ver, los jesuitas constituyeron la verdadera espina dorsal de la educación en México; llegaron prácticamente a todos los rincones del país y enriquecieron además los lugares con la belleza arquitectónica de sus bellos edificios e iglesias. Hasta el día de hoy continúa la labor educativa en todos los niveles, teniendo como ejemplo la Universidad Iberoamericana y el ITESO de Guadalajara, entre otros.

@yoinfluyo

comentarios@yoinfluyo.com


 

Lo más visto

Síguenos en nuestras redes sociales

Yoinfluyo Yoinfluyo Yoinfluyo Yoinfluyo

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar