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Los exiliados de Dios - Cap XXXVIII Las misiones como centros económicos

Las misiones no eran tan sólo (como ya lo hemos visto) centros de evangelización, sino verdaderos núcleos de civilización y crecimiento cultural donde los niños aprendían, además de la doctrina, a leer, escribir, cantar y algunos oficios. Pero, además, se desarrolló en torno a ellas una economía para mejorar el nivel de vida de sus pobladores. Así, había pastizales y cultivos de maíz, frijol, granos, frutas y vegetales, y para el año de 1700 en las misiones se contaban cerca de mil reses y varias manadas de yeguas.


La compañía de Jesús


El padre Kino, como la mayoría de los misioneros, supo captar las ventajas de evangelizar no solamente con la palabra, sino con elementos visuales y artísticos. Así organizaba las ceremonias litúrgicas y, sobre todo, las fiestas para que fueran vistosas y con gran colorido y, al mismo tiempo, de gran solemnidad, desde los cantos (para los cuales los indios ensayaban constantemente) hasta los ornamentos litúrgicos que atraían las miradas de los indios y al mismo tiempo les conducían a imaginar la grandeza de Dios y su belleza.

Los reyes de España habían legislado mucho a favor de los indios, un avance muy notable a lo que hoy llamamos derechos humanos. Colonizadores y terratenientes hacían poco caso de esta legislación, que era difícil de aplicar en aquellos territorios tan lejanos, así que había constantes roces con el padre Kino y los demás misioneros que trataban de defender a los indios que caían bajo la casi esclavitud de estos señores que eran protegidos por las autoridades menores de aquellas regiones.

No faltaron también presiones de algunas autoridades eclesiásticas que, en lugar de cumplir con su deber, se ponían más bien al servicio de su propia conveniencia, así que empezaron a hacer política para que se destituyera al padre Kino y se le trajera a algún colegio jesuita pretextando el bien que haría a los alumnos con sus enseñanzas.

Pero el padre Superior de los jesuitas desde Roma conocía demasiado bien al padre Kino para caer en las trampas de esta sucia política, así que con su autoridad ordenó que por ningún motivo fuera removido el padre de sus queridas misiones, comparándolo con el mismísimo san Francisco Javier, del que ya hablamos ampliamente en cuanto a su celo misionero y su importancia para el Oriente.

Hoy en día, cuando en lugar de seguir creciendo como sociedad cristiana, estamos más bien caminado al abandono de nuestra fe, porque es más cómodo y conveniente, y nos resulta mucho más fácil seguir el camino de nuestras propias conveniencias, comodidades y debilidades, deberíamos recordar el trabajo, el sufrimiento, el sudor y las lágrimas que costó que el Evangelio llegara a estas tierras, y recobrar ese sentido de orgullo de pertenecer a la Iglesia que nos trajo a Jesucristo y que formó nuestra cultura y conciencia de nación, y buscar formar a nuestra juventud en estos valores.

Eso sí sería en verdad actuar para combatir la pobreza, la drogadicción y la violencia, puesto que imbuidos por ese espíritu nos dedicaríamos todos a trabajar por el bien común.

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