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Los exiliados de Dios – Cap. XXXV Tiempos mejores

Después de que se restableció la paz en Sonora, el padre Kino, gozando de cabal salud, se propuso continuar con su gran obra, cuyo impulso vital era su amor a Jesús y sus indios, a quienes procuraba civilizar y evangelizar al mismo tiempo con su testimonio de vida como principal herramienta de convencimiento; y emprendió así una serie de recorridos por nuevos territorios para conocer nuevos pueblos. Esto, además, estaba ligado a sus inquietudes de cosmógrafo, y como buen científico quería corroborar personalmente la exactitud de los mapas en los que trabajaba arduamente.


Un ambiente de América del Norte


Inició un recorrido para dar seguimiento al cauce de dos ríos, el San Pedro y después el Santa Cruz, encontrándose que los dos eran afluentes de un tercer río, el Gila, que desembocaba en el Mar de Cortés.

Las expediciones misioneras iban encabezadas por el padre Kino, que era un excelente jinete; lo acompañaban pimas con rebaños de cabras, vacas, y alimentos, que iban dejando por las misiones donde pasaban o por las nuevas que iban fundando.

Pero no se crea que el padre actuaba tan sólo como lo haría un jefe o un capitán; él trabajaba al parejo cuando se necesitaba unirse a los zapadores, al mismo tiempo actuaba como médico curando a los indios, lazaba y marcaba reses y herraba caballos, y cuando se requería, ayudaba a conducir los rebaños.

Durante su trabajo misionero se cosechaban ya cereales y frutos como melones y sandías, naranjas, peras y manzanas, además de calabazas y otras verduras. A las orillas del río San Pedro, en Querubí, fundó una nueva misión, catequizó y evangelizó a todos los indios, incluyendo al jefe que se llamaba “EL Coro”, y dejó en la misión ganados y provisiones.

Sobre el Río Santa Cruz fundó otras misiones y fue también el fundador de la ciudad de Tucson, hoy Arizona, donde realizó muy exitosamente también la labor de evangelización. Y en verdad que nos parece sorprendente que con climas tan adversos haya podido ligar, tanto en el orden espiritual como en el orden material.

Con un trabajo tan agotador, fue asaltado por fiebres que le impedían seguir el mismo ritmo de trabajo, por lo que por algún tiempo tuvo que disminuir la intensidad del mismo, lo cual le causaba un extraordinario pesar, pues sentía que todavía había mucho por hacer.

No cabe duda cuánto bien se haría si desde la escuela se enseñara a admirar a este tipo de hombres y su extraordinaria capacidad de trabajo, aunada a su generosidad, a su congruencia con la fe que profesaban. Seguramente en el espíritu de la juventud se desarrollaría otro sentido de la vida, que se reflejaría en un desarrollo social y material que nos tendría en otra situación como país.

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