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Los exiliados de Dios - Cap XXXIII El martirio de Francisco Xavier Saeta

Un alegre misionero originario de Sicilia llegó lleno de entusiasmo para apoyar al padre Kino; el visitador de los jesuitas le había asignado la parroquia de Caborca que estaba sobre el río Magdalena. Era octubre de 1694.


Muere mártir el padre Fco. Xavier Saeta


El padre Kino en persona llevó al padre Saeta a Caborca, donde la casa de la misión se encontraba amueblada y llena de provisiones; la recepción había sido entusiasta y los pimas habían puesto arcos de flores por las calles.

Para iniciar la construcción de la iglesia, el padre Francisco Xavier se trasladó a las otras misiones de Sonora a pedir ayuda económica, y le fue bien como para empezar dicha obra y además ayudar a alimentar a la población.

En marzo del año siguiente, el padre Saeta estuvo realizando los actos litúrgicos de la Semana Santa con mucho entusiasmo; todo parecía maravilloso, hasta que el sábado irrumpieron en su habitación dos indios armados con arcos y flechas. Al principio, el padre no vio ninguna mala intención en ellos. Pero pronto se dio cuenta que sus intenciones no eran amistosas, así que se puso de rodillas con los brazos abiertos en señal de oración, cuando dos flechas le atravesaron el pecho. Sangrante, logró avanzar hasta su cama, y los salvajes le dieron varios mazazos y al fin lo atravesaron con otras flechas poniendo fin a su vida.

Los asesinos saquearon la casa y mataron a otros indios que colaboraban con el padre. Después salieron y mataron a varios animales para causar el mayor daño posible en la misión. Al día siguiente la noticia le llegó al padre Kino, que se encontraba enfermo padeciendo fiebres intensas; sin embargo, el sufrimiento por la noticia fue mayor que la enfermedad. Envió la noticia al alcalde del pueblo más cercano que era un indígena.

De Real de San Juan salió el comandante militar don Domingo Jironza con soldados para buscar a los culpables. Se hicieron las exequias del padre con una misa solemne; su cuerpo fue expuesto a la veneración y cientos de indios pasaron frente a su cuerpo, y muchos de ellos no pudieron contener las lágrimas.

Nunca se supo quiénes fueron los culpables, pero se inició una revuelta de unos 300 indios, que comparados con la totalidad de 10 mil, eran una minoría; pero ya sabemos que muchas veces las minorías son causantes de grande males.

Por esa época surgió un problema entre indios ópatas y los pimas por cuestiones de cargos públicos; además, en ocasiones se había acusado a los ópatas por las autoridades en forma injusta por el robo o desaparición de animales, cuando los verdaderos culpables habían sido los apaches, lo que los llevó a generar un resentimiento contra todas las autoridades.

Como en todas las revueltas y desórdenes, se saben cuándo empiezan pero no cómo pueden terminar. El padre Kino y los demás misioneros buscaban planes de paz, y en un momento determinado el gobernador estaba de acuerdo; pero entre sus tropas se encontraban varios individuos que se caracterizaban por ser sanguinarios, entre ellos, principalmente Antonio Solís.

En un lugar llamado “La Ciénega del Tupo” se dijo que estaba uno de los sospechosos, se lanzó entonces una convocatoria donde se comunicó que se investigaría y se liberaría a los inocentes. Al declararse sospechoso uno de ellos, Solís le cortó la cabeza, lo que provocó un desbandada. Entonces los soldados, pensando que eran atacados, se lanzaron contra los indígenas desarmados e hicieron una verdadera carnicería, quedando tendidos cincuenta cadáveres.

Así, el martirio del padre Seta desembocó en el martirio de muchos indígenas, y algunos acusaron injustamente al padre Kino de no haber actuado con la suficiente fuerza para impedir esta actuación de las autoridades.

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