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Los exiliados de Dios – Cap. XXXI Situación extrema en California

Verdaderamente la situación se tornó muy dramática. Los síntomas del escorbuto se presentaron y muchos soldados tenían las encías sangrantes y aún putrefactas. La buena noticia fue que el 12 de marzo llegó de Mazatlán un barco con provisiones y cuatro buzos para iniciar la pesca de perlas.


Sigue la historia de una gran compañía


Se determinó que San Bruno no era un buen lugar para permanecer, por lo que un grupo en donde participaría el padre Kino saldría a buscar un mejor lugar para establecer la base de la colonización. Pero las corrientes y los vientos los llevaron a la Isla del Tiburón, a la que le pusieron el nombre de San Juan Bautista, cuya bahía en la actualidad se llama Bahía Kino.

La búsqueda de perlas no resultó tan exitosa como la imaginación de Cortés lo había previsto; la mayor parte de las conchas que había no tenían las preciosas esferas blancas. Llegó entonces otra embarcación con el padre Copart que estaba lleno de entusiasmo para reforzar la misión.

Llegó entonces una orden del virrey para que la pequeña flota de California escoltara a la Nao de China para cuidarla del ataque de los piratas, y el padre Kino fue a bordo de una de ellas para llegar a Acapulco y después dirigirse a la Ciudad de México para entrevistarse con el virrey y tratar algunos asuntos, pues había voces que decían que era imposible establecer cualquier colonia en un territorio tan agresivo en cuanto al clima, tan poco productiva y además poco habitada, con indios tan salvaje y primitivos que no se les podría evangelizar.

Sin embargo, el padre Kino decía que todos los seres humanos podían ser evangelizados y pedía libertad para que los misioneros pudieran trabajar y sobrevivir por ellos mismos, pues estaba convencido de que, pese a los fracasos iniciales, se podría desarrollar la agricultura, para, como dicen hoy en día, ser autosustentables.

Aunque el virrey estuvo de acuerdo con el padre Kino, por la crisis financiera por la que atravesaba en ese momento la Colonia, le dijo que antes de permitirle regresar, necesitaba la autorización del rey, lo que causó una depresión al padre, de la que logró salir, como siempre, por su gran fe y su profundo espíritu de oración.

Mientras tanto, el padre Kino consiguió que le permitieran ir a las misiones de Sonora. En Guadalajara consiguió una carta para que los indios que se bautizaran se libraran de los trabajos forzados en las minas; y, después de recorrer 2,500 kilómetros a caballo, llegó a Sonora y coincidió con el padre Manuel González, visitador de las misiones de los jesuitas.

El padre Kino le manifestó al padre visitador que quería misionar entre los indios seris y los guaymas, pero el padre visitador lo autorizó a continuar con la conquista espiritual del noreste mexicano, enviándolo como párroco al mundo de los pames que estaban pidiendo un misionero

Así iniciaría el padre Kino gran labor misionera y colonizadora en el noreste mexicano; abría el camino a las misiones para toda la parte norte de México y lo que hoy es la parte sur de los Estados Unidos. Así vemos que la labor de los misioneros se extendía por todos los territorios de lo que mucho tiempo después se constituiría en México, y se sembrarían las bases culturales para constituir el verdadero lazo de unión entre todos los habitantes del gran territorio mexicano que sería el cristianismo, convirtiéndose así la labor de la iglesia en la piedra angular de la construcción de nuestra nación.

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