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Los exiliados de Dios – Cap. XXX. Inicia la aventura de California

El paisaje era sorprendente: la tierra era plana y se veían una gran cantidad de palmeras que llegaba hasta unas colinas que más tarde se convertían en grandes montañas. Afortunadamente encontraron agua potable y una gran cantidad de madera.


La misión de la Compañía de Jesús


Los recién llegados se dieron a la tarea de construir una iglesia pequeña dedicada a Nuestra Señora de la Paz, y una fortaleza que bautizarían con el nombre de Nuestra Señora de Guadalupe.

A los españoles les empezó a extrañar el no encontrar indígenas en los alrededores; sin embargo, pasados cinco días, de repente escucharon grandes alaridos y enseguida vieron aparecer a un grupo de indígenas totalmente desnudos, armados con arcos y flechas.

Los padres Kino y Goñi ofrecieron a los indios granos cocidos de maíz y algunos collares de cuentas de vidrio que les agradaron mucho.

Con los regalos cambió la actitud de los indígenas y se mostraron más amigables, ofreciendo a los visitantes del otro lado del mar pencas de mezcal asado, redes de hilo para pescar y plumas de pájaro que llevaban sobre su frente. El padre Kino, enseguida, vio que ahí es donde estaba su misión y no volvió a pensar en la lejana China con la que tanto había soñado.

El padre Kino era optimista por naturaleza y comprobó que en la región abundaban los peces, venados y conejos; y pensó que se podían sembrar melón y maíz; además, le pareció que los indios eran sonrientes y joviales.

Los padres Kino y Goñi trabajaron y fueron consiguiendo que los indios se acercaran con más confianza; sin embargo, en ocasiones llegaban otros que veían a los españoles como invasores y los amenazaban, lo que produjo que en uno de sus encuentros y desencuentros los soldados mataran a un indio, y con esto empezó una especie de pequeña guerra que terminó por hacer que los colonos tuvieran que salir de La Paz y cruzaran el Mar de Cortés para llegar a Sinaloa.

El virrey de México decidió hacer un segundo intento para colonizar la Baja California y organizó una flota donde zarparon 177 personas con caballos y provisiones. Los padres Kino y Goñi habían estado de visita en las misiones de Sinaloa y Sonora, en donde los padres jesuitas les obsequiaron gran cantidad de provisiones.

Uno de los principales problemas para la evangelización era el desconocimiento de las lenguas indígenas y, por eso, el padre Kino dedicó mucho tiempo al estudio de las lenguas y, al mismo tiempo, les enseñaba el castellano a los evangelizados; y así inició la enseñanza del catecismo, aunque todavía no se había decidido a bautizar a los indígenas, hasta que estuviera seguro que comprendían y aceptaban a Jesucristo y las verdades de la fe.

El almirante Atondo y el padre Kino organizaron una expedición con intenciones de cruzar toda la isla, pero pronto se dieron cuenta de que la gran sierra era muy difícil de atravesar, y a una cima que se encontraba a 2 mil metros de altura la llamaron la Santa Cruz, a los llanos que vislumbraban en la lejanía los llamaron llanos de San Javier, porque ese día se festejaba al gran santo jesuita.

Mientras tanto, en el año de 1684, dirigidos por el padre Kino, continuaron en San Bruno la construcción de un fuerte y una iglesia y sembraron gran cantidad de árboles frutales, granos y verduras. Pero el clima extremo hizo que no se recogieran ni frutos ni granos y pronto empezaron a temer por la falta de víveres; pero gracias a Dios el día 10 de agosto llegó un barco con provisiones y en él venía el padre Juan Bautista, que era un jesuita de Bélgica que llevaba, además, la autorización del padre general de Roma para la incorporación definitiva del padre Kino a la Compañía de Jesús.

Iniciaron la expedición y el padre Kino pudo montar un nuevo caballo y en compañía de los soldados emprendió su camino. El padre Kino tenía la esperanza de que en un momento determinado los misioneros se pudieran mover más libremente y no dependieran de los contingentes armados; sin embargo, también era una realidad que estaban expuestos a grandes peligros, pues no todos los indios eran amigables, aunque la mayor parte de las veces el padre Kino fue capaz de acercarse a ellos, hablándoles con tranquilidad y ofreciéndoles pequeños regalos.

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