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Jesuitas - Capítulo XIV-La Compañía va creciendo

No cabe duda de que al revisar ciertas épocas se afirma más que Jesús cumple siempre a cabalidad sus promesas y por eso no tenemos la menor duda de que prevalecerá hasta el final de los tiempos, porque a pesar de las enormes fallas de sus miembros como en el tiempo de San Ignacio, donde la Ciudad de Roma más que ser un ejemplo era un escándalo para la cristiandad, había odios, enemistades, venganzas y las mismas prostitutas se paseaban en los carros de los ricos y de los mismo eclesiásticos, los beneficios de los cargos en la Iglesia habían propiciado que muchos sin vocación los buscaran sin el menor interés de servir a Dios y a los demás, sino para servirse a sí mismos.

Pero cuando las situaciones en la Iglesia han parecido más difíciles, siempre se ve la presencia amorosa de Dios que por medio del Espíritu Santo va haciendo aparecer en el panorama almas generosas que marchando a contracorriente corresponden al amor de Dios y ayudan a corregir el rumbo, sufriendo grandes contrariedades por ir contra los intereses creados.

Así, el Papa Paulo III, que no se había distinguido durante su juventud por ser muy ejemplar, al llegar al pontificado, pese a haber cometido algunos errores al principio, rectificó su conducta y se tomó muy en serio su trabajo, y sobre todo su vocación como sucesor de san Pedro al frente de la Iglesia, y puso mano firme en la reforma de la Iglesia.

Pronto el Papa estuvo seguro que con Ignacio y su Compañía de Jesús iba a contar con un apoyo muy importante para esta reforma y para buscar llevar el Evangelio a nuevos lugares para cumplir con el mandato de ir a predicar a todas las naciones, pero también contó con ellos para trabajar con los propios romanos. Y así, aun con las prostitutas, Ignacio creó la obra de Santa Marta, que ayudaba a estas mujeres a salir de la situación en la que vivían y les proporcionaba trabajo en casa de familias honorables que querían ayudarlas o en monasterios.

Y no faltaron tampoco judíos de los que habían sido expulsados de España que al conocer a Ignacio y sus compañeros se sintieron atraídos por sus enseñanzas; y así, con toda libertad, no obligados por nadie, se fueron convirtiendo y, después de tomar los Ejercicios Espirituales, pidieron el bautismo para incorporarse a la Iglesia.

Pronto empezaron a llegar muchos aspirantes para integrarse a la Compañía de Jesús, pues se respiraba en el ambiente un sentido auténtico de amor a Dios que se reflejaba en el servicio a los demás, inspirados en el amor de Dios, por lo que se necesitaba un buen número de ejemplares de los Ejercicios Espirituales, que hasta entonces eran manuscritos que se copiaban y se pasaban de mano en mano. Francisco de Borja, virrey de Cataluña, se enteró de esta necesidad y patrocinó con su propio dinero la primera  impresión.

Muchos misioneros habrán de salir de las filas de los jesuitas, uno de los más notables sería Francisco Javier de cuya historia nos ocuparemos en los siguientes capítulos.

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