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Pablo el caminante eterno, capítulo XXVI. Lucas entra en el escenario

Lucas es también un nombre frecuentemente leído, ya que su Evangelio y los Hechos de los Apóstoles, sus dos grandes obras son parte de la liturgia, sin embargo, como sucede con otros de nuestros personajes se conoce su obra, pero poco de su historia personal.


Lucas y Pablo


Lucas nace de padres griegos en Antioquia, y es el único escritor del Nuevo Testamento que no es israelita. Es de cultura griega y dirigió su mensaje a gentiles cristianos. Estaba muy bien educado en la literatura por lo que su Evangelio está muy bien redactado en griego, y era médico lo que lo hacía una persona muy culta. No se conocen detalles de su conversión, pero es posible que el mismo Pablo con sus prédicas lo haya atraído al cristianismo, y lo haya bautizado como a otros muchos durante su estancia en Antioquía.

Pablo llega a Troade, que hoy en día es una región que pertenece a Turquía, puerto comercial con pocos judíos por lo que no había ahí una sinagoga. Pablo y Lucas se deben haber encontrado porque suponemos que el médico ejercía su profesión en las ciudades marítimas de la región, y seguramente este último cautivado por la idea de colaborar con Pablo en la extensión del mensaje evangélico que a él le había señalado un nuevo camino en su vida, y Pablo encontrando en Lucas a un colaborador que entendía perfectamente el mundo griego y tenía grandes cualidades humanas, planearon unirse y formar uno de los equipos más apasionados y exitosos en la propagación de la Iglesia.

Lucas era médico, pero en las escuelas griegas por los conocimientos que se requerían lo podían equiparar con un filósofo, por lo que se expresaba en forma fina y elegante, era un gran observador, y cronista meticuloso, no cabe duda de que aquí se unieron el Oriente y el Occidente, un profeta y un pensador. Por su profesión tal vez también realizó algunos viajes en barco y por eso le atraía el mar, porque en la antigüedad nadie viajaba por placer, sino por oficio o por alguna imperiosa necesidad.

Estando seguramente meditando sobre cuál sería la mejor opción para continuar con la evangelización, El Espíritu Santo se encargó de disipar las dudas ya que le envió un sueño a San Pablo donde un macedonio le extendía las manos y le suplicaba: “Ven a salvarnos”.

La distancia que los separaba de su destino era corta, tan solo de dos días, pero culturalmente era enorme porque ahí si la cultura era totalmente grecorromana, y Pablo tendría que iniciar esa mutación para hacerse griego con los griegos, y romano con los romanos, por ello resultaba aquí imprescindible el apoyo de Lucas que venía de esa cultura.

Por otro lado, bajo este nuevo camino y esta alianza de fe y cultura entre Pablo y Lucas se inicia una etapa de la historia que habría de influir en un cambio trascendental para el mundo occidental, sin que nadie pudiera imaginar que estos dos viajeros serían los agentes de tan fenomenal transformación.

 

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