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Un mexicano destinado a que Japón fuera su destino

Aquel Inquieto muchacho que había sido expulsado del colegio de San Pedro y San Pablo por su mala conducta, que después se había fugado del seminario, que tantos problemas tuviera con su padre por no trabajar responsablemente en el taller de platería de su familia, y que se embarcaría para Manila como agente de negocios de su padre para disfrutar de la vida lejos de su tutela, en esa ciudad que se dice tenía deslumbrantes atractivos para la juventud, encontraría su verdadera vocación.


San Felipe de Jesús 


Pues bien así en plenitud de vida, el joven Felipe de las Casas Martínez, que había nacido en la Ciudad de México en 1572 y se había embarcado en 1590 para Manila, parecía muy feliz, dedicaba parte de su tiempo con gran pasión a los juegos de azar, a divertirse con sus amigos, y sin embargo sentía que en su interior se iba formando un gran vacío. Un buen día, se encontró con la frase del Evangelio “Si quieres venir en pos de mí, renuncia a ti mismo, toma tu cruz y sígueme” (Mt. 16,24), y meditando sobre ella encontró su camino.

El cambio de Felipe, que añadió a su nombre el de “Jesús” al entrar al convento fue total: estudiar, orar, ayudar al prójimo y cuidar a los enfermos se convirtió en su actividad diaria, pero su sueño era ser misionero, ir a llevar el mensaje de Cristo a tierras lejanas aún a costa de los enormes riesgos que esto significaba. Los superiores decidieron darle una enorme concesión, que se pudiera ordenar en México en compañía de sus padres hermanos y amigos, por lo que se embarcó en Manila con destino a Acapulco, en nada se parecen esos embarques a los de la actualidad, eran de seis a siete meses de enormes penurias y con no pocas probabilidades de perder la vida. El doce de Julio de 1596 de embarcaría en un buque casualmente llamado “San Felipe”.

Fray Juan Pobre pidió que lo dejaran en las costas de Japón, el capitán del barco accedió y cuando cambiaron de rumbo fueron atrapados por un gran tifón que casi hundió el barco. Casi  sin control, arrastrado por el viento y las corrientes la nave se movía a las costas de Japón, Felipe se encontraba sumamente emocionado porque pensaba que esta era una enorme oportunidad de cumplir sus sueños de misionar, y que si se podía quedar ahí  posteriormente podría ser ordenado por algún obispo misionero.

Al inicio se había permitido la evangelización, pero luego se expidió un decreto prohibiendo la predicación del cristianismo, aunque de hecho no se había aplicado. Felipe y sus compañeros se dirigieron a Kyoto para ver al Shogún y pedir permiso para reparar el barco, pero no fueron recibidos, y si aprehendidos, pero como no habían predicado y eran náufragos, se les dio permiso de reparar el barco y salir. Felipe decidió quedarse con los padres franciscanos que estaban en la isla aún a sabiendas de que arriesgaba la vida.

El emperador decide entonces hacer efectivo el decreto y se determina conducir a los misioneros en medio de grandes afrentas a Nagasaki, se les mutila la oreja izquierda como señal de que estaban condenados a muerte. Felipe recibe la noticia con gran entereza. Al llegar a la ciudad destinada, 26 cruces fueron puestas en una colina, suspendido mediante cinco argollas, resbalaron sus pies de la base donde debería apoyar los pies, solo se le escuchó decir, “Jesús, Jesús, Jesús, cuando dos oficiales lo atravesaron con sus lanzas.

Cuenta la leyenda que una higuera que estaba seca en su casa reverdeció en ese momento, su nana años antes había dicho que era más fácil que esa higuera reverdeciera, a que Felipillo fuera Santo.

Beatificado en 1627 y canonizado en 1862 como San Felipe de Jesús, se declaró con gran regocijo fiesta Nacional el 5 de febrero, y así fue festejado por toda la Nación la fiesta del primer santo nacido en México durante muchos años, hasta que se nombró ese día como fiesta cívica para la constitución de 1917 atropellando así una tradición popular y religiosa de tiempo, lo que con el tiempo ha hecho que muchos olviden que el 5 de febrero sigue siendo el día para festejar a este personaje que fue durante muchísimos años el único santo Mexicano. Vale la pena recordarlo como uno de los grandes hombres que México ha dado al mundo.

 

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