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La Navidad y el nudo central

Decía Anacleto González Flores que:

“Sócrates y Marco Aurelio son la expresión de los valores más altos fundidos en la hornaza del paganismo… Y cuando uno apura la copa de cicuta y el otro invoca a Epicteto y aprieta reciamente el puño para ser más fuerte que el dolor, se siente la tentación de pensar que de ahí nadie pasará.



“Sin embargo, ha hecho su aparición Jesús, y la Historia ha cambiado de ruta, y ha venido a enseñar que la figura del Maestro es el nudo central de la vida humana”.

La Navidad festeja ese acontecimiento central en la historia de la humanidad, sobre todo para lo que conocemos como el mundo occidental, cuya formación cultural se desarrolló a la par de la evangelización y en cuya constitución social la fuerza moral de la doctrina cristiana constituyó uno de sus ejes más importantes, en lo que se llamó la cristiandad, y que reflejó su influencia cultural en la literatura, en la música, en la escultura, en la arquitectura y en las mismas legislaciones.

Aun después de la ruptura de la unidad y el surgimiento de las iglesias protestantes se mantuvo esta influencia. Sin embargo, llega la Revolución Francesa y presenta como una de sus banderas de libertad el laicismo, que si bien en la teoría significaba la libertad de conciencia sobre la religión, en la práctica fue un ataque directo al cristianismo para eliminarlo, no solamente como religión, sino como forma de pensamiento y de cultura.

En el plano económico el liberalismo desembocó en el capitalismo, que si como doctrina no combatía al cristianismo, en la práctica con el materialismo y las injusticias que provocó contribuyó mucho a la pérdida de la fe, y estas injusticias hicieron que la Iglesia condenara al liberalismo.

Por otro lado, como remedio para estas injusticias surgió el socialismo y el comunismo; pero como se dice popularmente, el remedio resultó bastante peor que la enfermedad, y entonces se creó un monstruo llamado Estado Socialista que además persiguió de manera directa y salvaje al cristianismo.

Hoy, sin embargo, han caído los Estados totalitarios que giraban bajo la sombra del Estado Soviético, aunque ahora surgen las versiones tercermundistas. Pero hay un fenómeno mucho más peligroso que es difícil definir, y es una mezcla de indiferencia de los cristianos con un ataque de fuerzas anticristianas envueltas en la bandera de nuevos derechos; y por si fuera poco, el materialismo salvaje domina a la gran mayoría y de alguna manera casi no hay nadie que se libre de su influencia.

Como parte de este movimiento y envuelto bajo un velo de aparente respeto hay una campaña que poco a poco se ha ido imponiendo para dejar de decir: “¡Feliz Navidad!”, y en cambio utilizar el vago slogan de “Felices Fiestas”, que no dice absolutamente nada.

Regresemos a la Navidad como el nudo central de esta época y que sea el inicio de una etapa de la historia que nos conduzca a un cambio personal que se deberá reflejara su vez en un cambio social. Pongamos como centro de nuestros adornos a las amables figuras de María, José y el niño Jesús y que nuestro festejo de la Navidad gire en torno a este recuerdo y su actualización en un compromiso de vida más amorosa y responsable para con todos, y al decir “¡Feliz Navidad!” otorguemos nuestros mejore deseos y nuestro compromiso personal de mejorar y ayudar a mejorar a la sociedad.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com


 

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