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Del ensueño a la locura; Carlota una princesa infortunada - Cap XXXVI Los norteamericanos y la situación del imperio

El 9 de abril de 1865 terminó prácticamente la guerra de secesión en Estados Unidos al rendirse el General Lee. El Secretario de Estado Seward pronunció un discurso donde hablaba contra Napoleón y por otro lado ponderaba la prudente actuación de Francisco José. William H. Seward desde su juventud era partidario de que Estados Unidos se extendiera al menos desde Canadá hasta Centroamérica, pero si fuera posible desde el Polo Norte hasta el Polo Sur. Pero la influencia del presidente Lincoln lo había hecho un poco más moderado y realista, y se conformaba con que la influencia de su país no estuviera ensombrecida por potencias extranjeras, y menos con una intervención directa de Francia.



Pese a todo, quedaban algunos focos de los confederados que esperaban que el presidente Jefferson Davis pudiera escapar a Texas, y esto preocupó a Grant, ya que temía que se pudieran aliar con las fuerzas del imperio, y envió al general Philip Sheridan con tropas para evitarlo, pero también con instrucciones de no pasar a territorio mexicano para evitar un conflicto directo con Francia.

Sheridan, por su parte, se lamenta de la instrucción de no poder cruzar la frontera y llega hasta Fort Duncan enfrente de Piedras Negras, donde a través de un emisario se pone en contacto con Juárez informándole de la disposición de su ejército para apoyar la causa liberal. Estas noticias, por otro lado, hicieron que el ejército imperial recibiera órdenes de retirarse más al sur para evitar un problema, una decisión que permitió a los norteamericanos iniciar una estrategia de apoyo con armas que permitió al general Mariano Escobedo levantar un ejército en poco tiempo.

Sheridan decía que sus hombres tenían grandes deseos de cruzar la frontera, cosa que les impidió el Departamento de Estado; sin embargo, durante ese tiempo se dedicaron a hacer llegar armas al ejército liberal, al que enviaron 30,000 mosquetes tan sólo del arsenal de Baton Rouge.

Maximiliano se encuentra de gira en el país cuando esto sucedía, mientras tanto Carlota regía con bastante inteligencia y mano fuerte el gobierno, que contrastaba con la forma de ser de su esposo, que hacía muchos planes grandiosos, pero no se dedicaba al gobierno práctico. Así, en una carta, un oficial francés decía que: “El archiduque es un buen hombre. Es, asimismo, una persona cultivada, amante de las letras, de la ciencia, pero a tal grado que, ignorando los gravísimos problemas de la administración, ocupa gran parte de su tiempo en proyectos grandiosos pero inútiles… cuando se cansa de lo poco que gobierna, se retira a una quinta que tiene en Cuernavaca, a cazar mariposas y lagartijas. Mientras tanto, la emperatriz Carlota se queda al frente del imperio, lo que no es una desventaja, porque ella sí sabe gobernar y tomar decisiones”.

Pero además algo sucedía en las relaciones íntimas de los emperadores, cosa que muchos notaron durante su viaje a Puebla, en donde se instaló una suntuosa recámara para ella, pero Maximiliano pidió un austero catre para él en un lugar muy alejado de la alcoba de su esposa. Además, en Chapultepec tampoco dormían juntos, se decía que por las infidelidades del emperador o por desavenencias en la forma de llevar el gobierno.

La suma de todos estos eventos internos y externos se iba acumulando para crear una situación que ya no se veía tan optimista como la de meses atrás, cuando todo parecía enfocarse a que los sueños de los emperadores de hacer de su nueva Patria una gran nación pudiera concretarse con cierta facilidad.

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