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Del ensueño a la locura; Carlota una princesa infortunada - Cap XXXV Cartas de Carlota a su querida abuela

Mucho escribía Carlota a su abuela sobre su visión, de cómo se sentía en México, sobre Maximiliano y la situación en México, en una carta de agosto de 1864 decía: “Continuamos bien y todo el resto también. Max gobierna con sabiduría, yo visito escuelas donde espero implantar mejorías. No hay más que un asilo atendido por las Hermanas de la Caridad francesas que encontré trabajando en grande, como en Europa. Aquí se puede hacer de los niños lo que uno quiera porque son buenos e inteligentes.



El general Uraga se ha sumado a Max, lo cual debilita mucho al gobierno de Juárez, cuyas bandas se complacen en asolar al país, impulsadas a retroceder más y más por las tropas francesas. El clima es soberbio, aunque estanos en la estación de lluvias. Las mañanas son radiantes y el aire es de una frescura deliciosa. Los pájaros cantan a todo pulmón. No hace calor más que cuando estás bajo el sol y, aun así, moderadamente, infinitamente menos que en Europa en esta época. Pasamos la mayor parte del tiempo en Chapultepec y después venimos por unos días aquí.

La misión que vamos a cumplir en este país es siempre de un interés creciente y no nos arrepentimos de haberla emprendido. Con un poco de paciencia y progreso será rápido.

Adiós querida abuela, la abrazo con todo mi corazón y soy, por toda la vida, vuestra afectuosa y enteramente devota nieta, Carlota”.

Y en otra carta del 10 de septiembre Carlota le dice a su abuela que se siente perfectamente feliz y que Max también. Que tenían muchas actividades como correspondía a su juventud a comparación de cuando estaban en Europa que hacían muy poco.

También le dice que el emperador se había enfermado durante una gira en Irapuato, pero ya estaba mejorando, mientras que ella había ido de visita a Tlaxcala donde visitó dos fábricas, algunas escuelas y había comido en el campo que le parecía encantador.

Muy interesante debe haber resultado para su abuela saber que Maximiliano la dejaba en la regencia cuando salía de viaje y le comentaba a su abuela que al día siguiente presidiría el Consejo de Ministros y el domingo daba audiencias públicas para conocer los problemas y tratar de resolverlos.

También le platica a su abuela sobre lo bien que ha sido recibido su esposo en las diferentes ciudades y que las damas quieran abrazarlo según una costumbre muy española pero que esto no debe ser.

No cabe duda que es muy interesante al leer estas cartas sentir que en verdad la emperatriz y su esposo veían en esta decisión que habían tomado el gran compromiso de su vida, y sentían que estar en México le daría sentido a su vida, y tenían la verdadera intención de hacer de México su única patria.

Una visión realmente diferente a la que se nos enseña en la historia oficial donde unos son totalmente buenos y otros totalmente malos según conviene a la ideología oficial, cuando en verdad estamos hablando de seres humanos que con aciertos y errores van labrado su suerte, pero cuyos sentimientos íntimos es muy importante conocer para formarnos un juicio sobre sus intenciones independientemente de que los resultados queden muchas veces muy distantes de sus propios deseos.

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