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Anacleto, un mexicano al que la Revolución no pudo vencer

“Y es que el amor a la libertad se halla

en relación directa del amor a la virtud

que es lo único que eleva y dignifica”.



La Revolución lo mató, pero no lo pudo vencer porque Anacleto González Flores era un hombre que vivía por encima del tiempo que había hecho de la cultura humana un patrimonio que le permitía ser de todos los tiempos y proyectarse a la eternidad. Le preocupaba el destino de México al que veía caminar hacia un desfiladero y decía que el destino estaba en los ciudadanos que deberían participar en todas las actividades de la sociedad, pero con verdadero concepto de verdad.

El 20 de noviembre la Iglesia ha colocado en el calendario litúrgico la conmemoración de Anacleto González Flores y sus compañeros mártires que este año coincide con la fiesta de Cristo Rey a la que él era tan devoto, sin embargo, hoy quiero destacar su figura como ciudadano y como humanista que inspirado en el Evangelio luchaba por la superación de los individuos, pero siempre enfocado al trabajo organizado para que se reflejara en un México libre y justo.

Un joven pobre de Tepatitlán que un día al participar de unos ejercicios espirituales empezó a reflexionar cuan misterioso era que el Hijo de Dios se hubiera sacrificado por los hombres que tan mal correspondían a ese sacrifico y recibió en forma misteriosa una llama de fuego en el corazón que se iría acrecentando hasta ser tan incontenible que contagiaría a toda una sociedad y la llevaría al sacrifico por el ideal del amor y la libertad.

Es una pena y un reflejo del nivel de nuestra sociedad que un hombre de esta altura  sea tan poco conocido mientras nos ponen como modelos a muchos personajes que en verdad deberían avergonzarnos.

Anacleto una vez que tuvo la oportunidad de empezar a estudiar en el seminario de San Juan de los lagos se enamoró de Cristo, pero también de todo lo bello que ha desarrollado el hombre y leyó con avidez todos los libros de literatura, historia, filosofía, teología e inclusive de las ideologías contemporáneas que le permitieron tener una visión extraordinaria sobre la situación de México y del mundo allá de los principios del siglo XX. Descubrió que su manera de servir a los demás no era a través del sacerdocio sino de las leyes y se fue a estudiar para abogado a Guadalajara.

Veía ante todo como primer reto la formación de la persona como alguien destinado a hacer cosas relevantes que tuvieran como objetivo ayudar a los semejantes y a toda la sociedad presentando la necesidad antes que nada de la formación personal según podemos apreciar en sus palabras:

“Porque quién no sabe ser dueño y señor de sí mismo, de sus apetitos y de sus pasiones menos podrá serlo de los apetitos y de las pasiones de los demás, qué decimos, ni siquiera sabrá sacrificarse. Los pueblos y los hombres tienen pues, que comprar y conservar la libertad a un precio   muy subido, exorbitante si se quiere, pero inexorable: la virtud, la inmolación constante implacable de los malos deseos en aras de la verdad convertida en norma moral para la actividad individual y colectiva, y la lucha franca y abierta consigo mismo”.

Veía también como una necesidad para el desarrollo del carácter la amistad de la que decía: “La amistad -puesto que es amor- es una fuerza viva que se traduce siempre en un reflujo constante de ideas. Y ese reflujo completa y transforma todos los días nuestra personalidad…La amistad se traduce siempre en una dádiva recíproca. Damos y Recibimos. Al dar fortalecemos a los demás, al recibir fortalecemos nuestra propia personalidad”.

Hablaba de un tema del cual nos hemos olvidado para la salud de la sociedad: “Contrarrestemos la inmoralidad donde quiera que la encontremos, inspiremos a esta generación que está en nuestras manos y que mañana llevara en las suyas los destinos de la Patria, con un amor hondo y fuerte a la virtud y al sacrificio y la libertad será una realidad”.

Anacleto vivía en una época donde la revolución había causado grandes estragos al país y ahora tanto Calles como Obregón los herederos del poder de la misma amenazan con instaurar una verdadera tiranía donde solo el pensamiento revolucionario tendría cabida. Hoy ante la violencia y la corrupción que nos agobia buscamos leyes y policías, pero la solución no está ahí, el maestro decía que. “La regeneración de nuestra Patria, entraña, exige una transformación honda, radical y, por lo mismo, exige que antes que todo se deje la modificación de las fórmulas, de las exterioridades, para bajar hasta los espíritus, imprimirles un nuevo rumbo y lanzarlos a través de una ruta de engrandecimiento y de virtud. Y una vez resueltos a realizar un cambio hondamente espiritual, debemos pensar en la trasformación de las ideas y de las costumbres, porque ellas son la síntesis en que se encarna y vive la fisonomía de las sociedades”.

Hoy en día el hombre se vuelca también mucho a la naturaleza, pero muchos han tomado a la misma como bandera política y tergiversan su mismo sentido retornando a un panteísmo. Anacleto vislumbraba el sentido de la misma, pero todo dentro de un orden perfectamente establecido y para una finalidad y en un discurso sobre el sentido de la vida decía:” Nosotros sorprendemos la vida con diversos grados de poder y de fuerza en los distintos seres que forman el Universo. A lo largo de la llanura inmensa y en las escarpaduras del picacho, la encontramos en los momentos precisos en que los gérmenes brotan a la luz del día y cuando las frondas se rejuvenecen y cubren la desnudez de sus troncos y de sus ramas con el verdor de la primavera…Nosotros sorprendemos el poder de la vida  con un grado mayor de fuerza y de poder en el animal: Y allá entre el verdor del follaje y los troncos de la selva hay pupilas que se encienden, ojos que se iluminan y dilatan; cuando en el estruendo de los cielos y las canciones de los nidos despiertan mil sensaciones. Finalmente, en el hombre encontramos la vida en un grado superior”.

Anacleto veía ahí en todo un orden y una maravillosa unidad y lo quería utilizar de ejemplo para hablar de la necesidad de la unidad para conseguir un objetivo importante y decía que la unidad es la condición esencial para la vida, empezando por la unidad personal entre lo que se piensa y lo que se es. Por eso consideraba que el egoísmo es lo que nos estaba destruyendo como sociedad.

“ Todos o casi todos procuran el mejoramiento  exclusivo de su persona sin que les importe la situación de los demás, de este modo hemos llegado a la situación lamentable en que se encuentra la humanidad….y esto es antisocial, es contra el progreso, es contra la prosperidad de los pueblos y contra la naturaleza del mismo hombre…porque el progreso exige por una ley inexorable, que las energía humanas realicen una misión social y porque en todo tiempo el hombre ha necesitado el auxilio de los demás”.

El Lic. González Flores decía que la solución a todo esto estaba en el pensamiento cristiano, porque bajo este pensamiento todos los hombres son iguales porque su origen es común, porque tiene los mismos destinos y los mismos derechos y todos los hombres se unen bajo las palabras de “Padre Nuestro que está en los cielos pronunciadas hace más de dos mil años que los patricios no se habrían atrevido a dejar pronunciar a sus esclavos; que los emperadores -raza de dioses según los prejuicios de entonces- habrían consagrado para su uso exclusivo ; que todavía los blancos no entienden totalmente en presencia de los negros; han venido como  inmenso lejano terremoto, derrumbando paso a paso viejas y arraigadas barreras llegará el momento solemne en que todas las manos por encima de todas las fronteras: color, riqueza, talento, blasones, alcurnia y raza, se junten para repetir el mágico conjuro que salió de los labios del radiante carpintero de Nazaret”.

Anacleto encabezó un gran, movimiento social que se llamó la Unión Popular, que llegó a tener cien mil afiliados, que buscaba instaurar un orden social cristiano que restableciera la paz y la concordia entre las clases del capital y del trabajo, con la justicia como eje y, más allá, basadas en el amor al prójimo. “Hundiremos nuestro pensamiento y nuestra palabra en las profundidades del alma de la Patria, incrustaremos en ella con cinceladuras muy hondas la figura de Cristo, y así lograremos tener lo que jamás han podido producir todas las revoluciones juntas: hombres de virtud acrisolada, amantes de practicar la justicia, de respetarse a sí mismos y a los demás, de sacrificarse, de hacer todo el bien posible a sus semejantes y de rendirle culto fervoroso y sincero al derecho. Entonces la libertad reinará”.

El sueño de Anacleto fue cortado por las circunstancias que envolvieron al país y que hizo inevitable que el pueblo se levantara en armas para defender sus derechos, él siempre pensó que no era el camino pero el destino lo señalaba como el líder moral, y así acusado injustamente fue sacrificado violentamente, mantuvo la serenidad hasta el final pese a las torturas a las que fue sometido confortando a los amigos que lo acompañaron al martirio y perdonado a sus verdugos, por eso es que sus enseñanzas valiosa en sí mismas cobran una dimensión extraordinaria porque estuvieron avaladas siempre con su conducta y selladas con su propia sangre.

La Revolución mató su cuerpo, pero sus ideales y sus enseñanzas siguen vivas; y, aunque muchos se dieron a la tarea de tratar de sepultarlas, cada día van resucitando y serán una luz para nosotros y las futuras generaciones de mexicanos y de todos los hombres que amen la libertad y la justicia.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

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Comentarios  

#1 Rogelio Monroy 18-11-2016 23:12
Excelso articulo y gracias al columnista por compartirlo,como la verdad nos hace hombres libres ,el testimonio de este hombre deberia de motivarnos para abrir nuestra boca y proclamar justicia social. Bravo por los hombres valientes y mas aun por aquellos que momentaneamente han sido callados por el oficialismo. Viva los hombre valientes, viva Anacleto Gonzalez Flores.
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