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Del ensueño a la locura; Carlota una princesa infortunada - Cap XXXIII Tropiezos y caídas

Muchas anécdotas se podrían contar sobre la adaptación de los emperadores en su nuevo imperio; creo que no nos será muy difícil imaginar las grandes diferencias que había entre una corte europea de gran tradición y una corte improvisada en México, tratando de imitar a las del Viejo Continente.



Uno de los grandes tropiezos eran las comidas tan diferentes en su preparación, en la manera de comerlas y desde luego en la etiqueta que debería de seguirse al estar en presencia de la pareja real.

Se dice que un día se pusieron en la mesa nueces y almendras y se colocó un cascanueces en cada lugar; sin embargo, con verdadero horror Carlota veía cómo sus comensales no los utilizaban y con los dientes abrían las nueces para comérselas. En otra ocasión, al poner huevos cocidos, una de las invitadas tuvo problemas con el mismo y este fue a parar a los vestidos de la emperatriz; al final de las comidas se hacía un brindis y enseguida los invitados empezaban a fumar en el mismo comedor, que era otra de las cosas que también molestaban a la monarca.

Maximiliano trataba de acercarse a las costumbres del país, para lo cual se mandó hacer un traje de charro, pero por su constitución no le quedaba nada bien y tampoco se pudo adaptar a las sillas de montar mexicanas que eran muy diferentes a las europeas.

Pero estas cosas no eran más que pequeños tropiezos que tienen poca importancia cuando se comparan con las primeras acciones del emperador, que trató de acercarse a los liberales con nombramientos como el del Ministro de Relaciones Exteriores que le fue otorgado a don José Fernández Ramírez, que era liberal, aunque no de los radicales; en la Secretaría de Guerra nombró a Don Juan de la Peza, también liberal. El emperador pensaba que con estos gestos habría un acercamiento, pero eso era imposible porque a los liberales no les importaba tanto la ideología como el poder, así que ellos lo único que querían y en especial Juárez, era regresar a la silla presidencial.

El 27 de diciembre de 1864 Maximiliano publicó un decreto, confirmando la confiscación y venta de los bienes de la Iglesia realizados por el gobierno de Juárez. Se arrogaba también el derecho de patronato, es decir, el derecho de escoger a obispos y altos dignatarios eclesiásticos que se había otorgado como un privilegio muy especial a los Reyes Católicos y designaba a la Iglesia como un departamento público del Estado, e inclusive en otro decreto exigía la aprobación imperial para la publicación de cualquier documento de la Santa Sede.

Con estas acciones no consiguió acercarse a los liberales, y como el 98% de los mexicanos eran católicos, los conservadores empezaron a decir que habían traído a otro Juárez a gobernar, sólo que ahora en lugar de ser presidente, era emperador.

A Napoleón no le gustaba la forma de cómo se empezaban a conducir las cosas en México y Eugenia censuraba a Carlota por la forma como había tratado el Nuncio del Papa, ya que con estas acciones se alejaba de los que lo habían llevado al país y eran los que los podían apoyar.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

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