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Del ensueño a la locura; Carlota una princesa infortunada - Cap XXXII Los emperadores chocan con la Iglesia

México no puede explicarse sin la Iglesia católica y su labor; su participación dentro de la historia tiene un lugar preponderante y, por ello, en un momento determinado se generó un cuestionamiento entre quienes consideraban (los llamados “conservadores”) que debería seguir teniendo ese papel relevante, y los que se declaraban enemigos de que la Iglesia siguiera participando en los derroteros políticos y económicos del país, e inspirados por la masonería, querían desde controlarla, hasta eliminarla por completo.



Ante el apoyo de Estados Unidos a los llamados “liberales”, por así convenir a sus intereses, los conservadores buscaron por su parte a un monarca católico para tratar de equilibrar la situación, y ya sabemos que las circunstancias hicieron que este personaje fuera Maximiliano. Lo que nunca se imaginaron es que los emperadores, aunque católicos en su fe, eran muy liberales en sus ideas políticas, y consideraban que en un Estado moderno el papel de la Iglesia debía estar completamente controlado por el Estado.

Carlota, además, juzgaba muy mal el papel de la Iglesia en México, diciendo que no estaba haciendo bien su labor educativa, y que las riquezas de la misma estaban en unas pocas manos y no se utilizaban debidamente en ayuda de las comunidades más necesitadas.

Maximiliano, en primer lugar, determinó que las confiscaciones de bienes que se habían hecho a la Iglesia durante el gobierno de Juárez permanecerían en quienes las poseían y ningún bien sería regresado a la Iglesia, que el gobierno manejaría sus bienes y se les asignaría un sueldo.

Por otra parte, el Nuncio, el Arzobispo Labastida y otros Obispos sostenían que estos bienes eran necesarios para el mantenimiento de hospitales, casas de huérfanos, escuelas, seminarios y muchas otras instituciones de caridad que manejaba la Iglesia; y es que pocas veces se reflexiona sobre que todas estas labores que ahora vemos que el gobierno realiza, por cientos de años la Iglesia había sido, no sólo en México, sino en muchas naciones, la que estaba a cargo de las mismas.

Maximiliano y Carlota se reunieron con el Nuncio para explicarle su plan. Desde luego que ante visiones tan distantes, y dado que el Papa había esperado un mayor apoyo por parte de los nuevos gobernantes, no se llegó a ningún acuerdo.

Carlota quedó sumamente molesta por la entrevista y se empezó a quejar con todo mundo, inclusive escribió su molestia en varias cartas y llegó a decir al general Bazaine que lo que había que hacer era: “Echar al Nuncio por la ventana porque estaba loco”.

Con este tipo de acciones y con estos comentarios un tanto imprudentes, los emperadores empezaban a perder apoyo, que se iría remarcando cuando entre los nombramientos del gobierno, en lugar de estar destinados a los miembros del Partido Conservador que lo había traído, el emperador se los fue asignando a antiguos liberales, lo que aumentó el alejamiento de muchos de los que esperaban que Maximiliano –basado en las tradiciones– tuviera un gobierno más conservador.

La emperatriz Carlota, con el tiempo, se iría mostrando aún más liberal en su relación con la Iglesia, ya que, en cuanto a lo que se refiere a la fe, siempre se mostraba muy devota; pero ya en lo que se refería a cuestiones de relaciones políticas con la Iglesia, se decía inclusive que era una “roja” en su pensamiento.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

 

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