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Del ensueño a la locura; Carlota, una princesa infortunada - Cap XXI Sentimientos de Carlota sobre la situación mexicana

Antes del ofrecimiento concreto de la corona a Maximiliano, ya Carlota había escrito a la emperatriz Eugenia la siguiente carta:


México; Princesa Carlota, XXI


Madame:

Aprovecho el regreso del general Almonte para expresarle a vuestra majestad el reconocimiento que experimentamos por el interés que mostráis en la causa de un infeliz país. Vuestra majestad, que siempre favorece el bien, parece visiblemente designada por la Providencia para iniciar una obra que podríamos llamar santa, por la regeneración que está designada a operar, y sobre todo por el nuevo desarrollo que va a dar a la religión en un pueblo al que la discordia civil no ha podido todavía extinguir la ferviente fe católica de sus ancestros.

La bondad compasiva de Vuestra majestad no ha permitido olvidar que los mexicanos son de raza española y es así que esa infortunada nación le deberá la primera perspectiva de futuro que le ha sido ofrecida en cuarenta años; es así que esta nación no separará jamás el nombre de su augusta benefactora de aquel del emperador en las acciones que elevará al cielo el día en el que este porvenir se llegue a realizar.

Permitidme añadir, madame, que el archiduque, quien tiene al honor de conocer personalmente a vuestra majestad, y quien me ha alabado frecuentemente vuestra gracia, vuestra virtudes y eminentes cualidades, conservará siempre, igual que yo, un recuerdo profundo de la benevolencia de la que ha dado prueba hacia nosotros.

Esperamos pronto estar felices de ofrecer, de viva voz ante vuestra majestad, la seguridad de los sentimientos de admiración  que nos anima hacia usted.

Soy de usted, madame, vuestra muy devota sierva amiga.

Charlotte.

Después de la visita de la delegación mexicana para ofrecer la corona oficialmente a Maximiliano, Carlota le escribía a su querida condesa d´Hulst:

Hasta ahora, nada en esta grande y noble tarea nos ha parecido que no reafirma las condiciones indispensables de éxito, necesarias en toda obra terrestre; en tanto no tengamos una razón para cambiar de opinión, permaneceremos listos para aceptarla. Si las cosas cambian, veremos ahí una advertencia de la Providencia, pero supongo que no será el caso. Se nos desea vivamente ahí, tenemos las pruebas palpables y diarias; una votación más general llenará las condiciones que restan a allanar. El resto vendrá por consecuencia.

No crea que no hay nada de maduración reflexiva en todo aquello que acabo de decirle. Han pasado ya dos años en que hemos vivido todo esto; lo hemos repasado, y al fin hemos encontrado la misma decisión de emprenderlo.

Considere el asunto frente a Dios, con imparcialidad y calma; me equivocaría gravemente si no se encuentra por ello tranquilizada. Me parece que las aprehensiones que este asunto despierta se parecen a aquellas que se oponen, por ejemplo, a la adopción de la vida religiosa. ¿Por qué? Porque salen de lo común e inmediatamente porque son difíciles. ¿Pero es que estamos en este mundo para disfrutar los días de sol y de oro? ¿Y si tenemos la vocación de conformarnos con lo que Dios nos pide de nosotros?

No veo nada en este asunto que no sea altamente probable, y soy testigo en este día solemne en que perdimos un ángel sobre la tierra (era el aniversario de la muerte de su madre) para tener una protectora en el cielo; ella misma nos ha alentado a emprender esta obra digna de su aprobación, y que ella nos impulsa quizá desde esa zona de felicidad donde se elevó fuera de todas las consideraciones secundarias de este mundo.

Es evidente que Carlota estaba muy convencida de dos cosas: La primera era que en verdad los mexicanos deseaban que ella y Maximiliano se convirtieran en sus monarcas; y segundo, que ésta era una misión que Dios les encomendaba.

Muchas veces se ha dicho que Eugenia y Carlota fueron las que orillaron a Napoleón y a Maximiliano a emprender esta fracasada y trágica aventura.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

 

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