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Del ensueño a la locura; Carlota una princesa infortunada - Cap XIX Maximiliano conoce a Napoleón III

Un gran acontecimiento familiar propició que Maximiliano y Napoleón III se conocieran. Resulta que el 16 de marzo de 1856 nace el hijo del emperador francés y de Eugenia de Montijo, lo que hace que Napoleón pueda soñar en establecer una dinastía que llene de gloria a la nación francesa. Llegan felicitaciones de todo el mundo y es entonces cuando Francisco José decide enviar a Maximiliano como su representante personal para enviar sus felicitaciones a la familia Bonaparte.


México; Maximiliano, Napoleón III


Se dice que Maximiliano causó una buena impresión en la corte francesa y en Eugenia la emperatriz; por eso, cuando años después las circunstancias fueron conduciendo a la idea de implantar un imperio en México patrocinado por Napoleón, uno de los candidatos casi naturales fue Maximiliano, por venir de la familia más aristócrata de Europa y al mismo tiempo no tener posibilidades de llegar a ser emperador del Imperio Austriaco.

Sin embargo, hay que aclarar que durante esta visita en Francia todavía no se había desarrollado ningún interés acerca de México, por lo que ni remotamente se platicó sobre este tema y más bien lo que Francisco José buscaba era conocer más sobre los planes de Napoleón y mantener una buena relación.

Tiempo después, José Manuel Hidalgo, que tenía acceso muy frecuente con la emperatriz Eugenia, en diversas conversaciones fue enterándose que Napoleón tenía una buena impresión de Maximiliano por su desempeño durante su gobierno en Italia; y así, se iban acumulando más puntos en favor de que Maximiliano fuera el candidato de los monarquistas mexicanos.

Pero en esta trama cada vez tuvo un papel más importante la emperatriz francesa, que a decir de muchos era la mujer más bella de Europa. Poco a poco se fue involucrando y se reunía con otro gran personaje de la época a quien también empezó a gustar la idea, que era el príncipe Metternich, que había sido embajador de Austria en Sajonia, Prusia y Francia. Ayudó enormemente al emperador Francisco I con una gran habilidad diplomática, siendo un factor muy importante para el crecimiento del poder de Austria, siendo el ministro de Relaciones Exteriores desde 1809 hasta 1848. Aunque curiosamente el hijo de este príncipe decía que la empresa sería un total fracaso y se preguntaba: ¿Cuántos cañonazos serán necesarios para establecer en México a un emperador y cuántos más para mantenerlo en el puesto?

En octubre de 1858, Eugenia arregló una entrevista de Hidalgo con Napoleón, en Compeigné, donde el emperador preguntó a Hidalgo sobre cuál era la situación en México y el mexicano le respondió que el país vivía una situación crítica y que terminaría por hundirse si Napoleón no acudía en su ayuda.

Napoleón se interesó, pero le preocupaba que Inglaterra se opusiera a sus planes y no contara tampoco con el apoyo de España, además del riesgo de ir en contra de la famosa doctrina Monroe de América para los americanos, o sea para Estado Unidos, que era el que se consideraba dueño de todo el continente, y no quería para nada tener ninguna competencia de los europeos. Sobre este punto, sus preocupaciones disminuyeron por la la crisis que se presentó en la poderosa nación por la cuestión de la esclavitud entre los estados del norte y del sur.

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