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Del ensueño a la locura; Carlota una princesa infortunada - Cap XVII Juárez propicia la intervención extranjera

Siempre me he preguntado qué es lo que ha movido a nuestros políticos a mantener la figura de Juárez como la del político ejemplar y popular que no fue, y entre muchas razones pienso que su amor al poder y su habilidad para conservarlo es lo que lo hace el modelo de nuestros políticos, que por cierto, creo que han superado al maestro, agregando a lo anterior una ambición insaciable de dinero.


México; Juárez, extremista


Juárez gobernaba como un extremista, es decir, no todos los liberales estaban de acuerdo con la forma personalista de conducir el país; y además, su administración estaba demostrando que estaba muy lejos de hacer sentir a la población que lo robado a la Iglesia se transformaba en bienestar social.

Así, en otra de sus decisiones, emitió un decreto el 17 de Julio de 1861 que entre otras cosas decía: “… Desde la fecha de esta ley, el gobierno de la Unión percibirá todo el producto líquido de las rentas federales, deduciéndose tan sólo los gastos de administración de las oficinas recaudadoras y quedando en suspenso por el término de dos años todos los pagos, incluso el de las asignaciones destinadas para la deuda contraída en Londres y para las convenciones extranjeras”.

La prensa liberal adicta a Juárez saludó con gran entusiasmo este decreto, pero claro que los embajadores extranjeros pusieron el grito en el cielo ante una medida totalmente unilateral sin mediar –como era el estilo de don Benito– ninguna previa negociación.

Juárez había hecho un mal cálculo pensando que las potencias extranjeras estaban muy lejos para interesarse en México. Ya desde entonces se usaban estrategias para armar manifestaciones y las hubo frente a las embajadas extranjeras, e inclusive hubo un atentado contra el embajador francés.

Y en una maniobra política muy acertada para quitarse la presión del general González Ortega –que encabezaba uno de los grupos liberales enemigos de Juárez– lo nombra presidente de la Suprema Corte de Justicia, que en ese tiempo era el paso anterior a la presidencia. Pese a esto, se presentaron ante Juárez 51 diputados que le solicitaban la renuncia, incluyendo liberales notables, como Ignacio Manuel Altamirano y don Vicente Riva Palacio. Como era de esperarse, Juárez ni siquiera se tomó la molestia de pensar sobre esta petición.

Mientras tanto, en Europa Napoleón III de Francia maniobró para que se hiciera una convención en Londres con los representantes de Inglaterra, España y Francia. Aunque en el tratado se hablaba de no pedir ningún territorio a cambio, las intenciones de Francia eran otras, ya que no querían que el poderío de la nación del Norte siguiera creciendo, y veían en México la oportunidad de establecer un gobierno que no fuera como el de los liberales: totalmente favorable a Estados Unidos.

Napoleón pensaba que todavía en México había gran simpatía por el sistema de gobierno monárquico; pero, aunque una parte de la población lo deseaba, ante el caos de los gobiernos republicanos en general, se había perdido este sentido en gran parte de la población.

Se formó entonces la triple alianza y el 6 de enero de 1862 ondearon en Veracruz las banderas de Francia, España e Inglaterra. Pronto se reunieron los representantes de las tres potencias, pero en lugar de hacer un plan de trabajo conjunto, cada quien quiso ver por sus propios intereses, y la reunión resultó todo un fracaso. Gracias a eso, España e Inglaterra se retirarían muy pronto, quedando Francia sola.

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