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Del ensueño a la locura; Carlota una princesa infortunada - Cap XV Viaje a Brasil

Maximiliano por un lado estaba contento disfrutando de su palacio en Miramar, pero por otra parte necesitaba más actividad y se confortaba con recibir visitantes importantes de Italia y otros lugares y visitar de vez en cuando la corte austriaca. Carlota, por su lado, se sentía feliz al lado de su esposo y decía que Miramar era un lugar encantador y que los domingos se abrían los jardines a la gente y por las noches cenaban en la terraza con la vista del mar.


México; princesa Carlota, Brasil


Pero años más tarde escribía que prefería estar en México pese a los riesgos que a la aburrida vida en Miramar, así es que queda la duda si en verdad lo que escribía entonces era con plena sinceridad o simplemente quería que se pensara que era absolutamente feliz.

Muchos historiadores piensan sin embargo que fue aquí donde empezó cierto distanciamiento entre los esposos al irse conociendo más, siendo el espíritu de Maximiliano un tanto superficial y Carlota más profunda en cuanto a la búsqueda de objetivos.

Por ese tiempo hicieron un viaje en su yate La Fantasie a varios lugares como Málaga, Gibraltar y Ceuta; y cada uno en sus memorias habla de diferentes cosas, pero ninguno de ellos dos pone algún recuerdo de su convivencia juntos.

Súbitamente, Maximiliano decide hacer realidad el sueño de visitar a su primo el emperador Pedro II en Brasil. Carlota se entusiasma mucho con la idea de cruzar el Atlántico hacia esas exóticas tierras y ambos se embarcan el primero de noviembre de 1859 y atracan en varios puertos antes de llegar a Madeira donde se instalan en la capital Funchal. Como Carlota se ha sentido un poco mal, Maximiliano decide dejarla en compañía del conde Zichy y el barón De Pont, y el archiduque se va acompañado de sus amigos, situación que no gustó nada a Carlota, que para pasarla mejor se dedicó a escribir dos libros.

Maximiliano, por su parte, arribó a la Bahía de Todos los Santos el 11 de enero de 1860. En sus memorias escribía entusiasmado que al llegar vio por primera vez un colibrí que describía que no podía sujetarse a un juicio prosaico, semejante al aroma de las flores, a la armonía poética, al acento del arpa… es tan pequeño, tan gracioso, tan rápido, que en cierta manera se sustrae a la definición de los cuerpos.

Se encuentra muy feliz desfrutando del calor, mientras en Europa se mueren de frío; disfruta de todo y no extraña en lo más mínimo a su esposa. Visita a su primo en Petrópolis y a sus primas, pero tiene poco interés en dedicarle mucho tiempo al protocolo y prefiere disfrutar de la naturaleza, porque la población local le interesa muy poco y critica muchas cosas, como la propia bandera que le parece como un “guiso de huevos”, y dice que ahí falta energía y dinero.

Su interés por la botánica fue muy notable, como después lo sería en México, y se dedicó a recolectar algunas plantas que se llevaría de regreso a Europa. Le escribe una carta amorosa a Carlota donde le dice que este viaje realmente no es para mujeres porque está lleno de incomodidades. Maximiliano regresa el 5 de marzo de 1860, y aunque Carlota nunca se queja, la familia real de Bélgica se encuentra sumamente disgustada por el abandono de la archiduquesa esos tres meses. Cuando llegan a Miramar en mayo de 1860, se nota que la relación matrimonial está muy dañada.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

 

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