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Del ensueño a la locura. Carlota, una princesa infortunada - Cap X Amor o dinero

Carlota hablaba de las muchas cualidades de Maximiliano y éste, a su vez, decía a su hermano Carlos Luis que: “Ella es pequeña y yo soy alto como debe ser. Ella es morena y yo soy rubio, lo que igualmente está bien. Ella es muy inteligente, aunque con un poco mal carácter, pero sin duda finalmente nos entenderemos”.


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Sin embargo, durante esta visita no queda claro cuál sería la intención de Maximiliano, y así se lo escribe Leopoldo a la reina Victoria; y que aunque para él no es importante, le ha quedado claro que su hija sí se ha enamorado del archiduque.

Para el mes de octubre, finalmente Maximiliano propone matrimonio a Carlota, y el rey le escribe diciéndole que, aunque a veces parece que este tipo de cosas se refieren en mucho a cuestiones políticas, él en lo personal durante su visita lo llegó a estimar y además le parece que es una persona digna de confianza; y que teniendo Carlota otros pretendientes, que por cierto también eran de la realeza, lo ha elegido a él, por lo que está muy complacido. Así, éste es uno de esos pocos casos en que en este tipo de matrimonios la voluntad de la novia es tomada en cuenta y la elección del consorte es libre y no sólo por cuestiones de Estado.

Como siempre en estos casos, lo más complicado fue la cuestión económica, aunque Maximiliano seguía siendo el segundo heredero en la línea de sucesión del imperio, porque Francisco José hasta ese momento sólo tenía dos niñas, y gozaba de una generosa pensión e ingresos extras como contraalmirante, exigía una mayor dote al Rey Leopoldo, que por el contrario se defendía y era presionado su hijo.

No debe haber sido fácil ponerse de acuerdo entre las casas reales, pero al fin llegaron a uno y la dote sería de tres millones de francos; además, Carlota tendría su fortuna personal, que también era una cantidad cercana, más joyas valuadas cerca de los 500,000 francos. Por su parte Francisco José entregaría a la novia cien mil florines, más otros trecientos mil en regalos.

Carlota, dejando volar la imaginación en la parte romántica del futuro matrimonio, no participa en las negociaciones económicas. Ella, mientras tanto, escribe a su abuela de una manera muy entusiasta acerca de lo feliz que se siente de tener a Maximiano a su lado, de las muchas cosas que comparten y que destinan mucho de ese tiempo para hablar de su futuro. Maximiliano, que se encontraba muy entusiasmado con la construcción de su palacio en Miramar, aprovechaba algunas ocasiones para mostrar a su futura esposa algunos de los planos del palacio. Todo parecía apuntar a que éste podía llegar a ser uno de los muy pocos matrimonios de la realeza que en verdad pudiera ser feliz.

Por su parte, como toda mujer, Carlota seguramente sentiría mucho la ausencia de su madre, la princesa Luisa de Orleans, que la habría llenado de buenos consejos y acompañado durante la ceremonia.

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