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Del ensueño a la locura: Carlota una princesa infortunada - Cap II Nace una princesa

Leopoldo I, rey de Bélgica y padre de la princesa Carlota, es un personaje interesante que, pese a gobernar un pequeño reino, tenía una gran influencia en Europa y además se distinguió como un diplomático extremadamente hábil.


Personajes de la Historia


Leopold Georg Christian Friedrich von Sachsen-Coburg und Gotha nace en Coburgo, Alemania, el 16 de diciembre de 1790, hijo menor del duque soberano Francisco de Sajonia-Coburgo-Saalfeld y de su segunda esposa, la condesa Augusta de Reuss-Ebersdorf.

Leopoldo se casa el 2 de mayo de 1816 con la princesa Carlota de Gran Bretaña, hija única del príncipe inglés y futuro rey Jorge IV del Reino Unido. Carlota es la heredera al trono inglés, pero fallece el 6 de noviembre de 1817 tras dar a luz un bebé muerto el día anterior. Pese a su viudez se queda a vivir en Inglaterra y su hermana Victoria se casa con el duque de Kent, por lo que con el tiempo se convertiría en tío de famosa Reina Victoria de Inglaterra.

En 1826 había sido llamado al trono de Grecia, pero como sagaz político comprendió que por la situación política existente no podría gobernar, y fue cuando en 1832 lo llamaron al trono de Bélgica que aceptó y llegó por fin a ser rey. No pensemos, sin embargo, que la situación era muy tranquila, pues los holandeses reclamaban ese territorio, así que decidieron marchar sobre el nuevo reino; pero el rey, al frente de su ejército y con la ayuda de los franceses, detiene a los invasores y vence también después otras dificultades, demostrando tener carácter y ganándose el respeto de sus ciudadanos.

El 9 de agosto de 1832 contrajo segundas nupcias con Luisa María de Orleans, hija de Luis Felipe I de Francia, con la que tendría cuatro hijos: Luis Felipe Ernesto, que murió muy pequeño; Leopoldo Luis Felipe, que lo sucedería en el trono de Bélgica; Felipe Eugenio Fernando, y la princesa María Carlota Amelia Augusta Victoria Clementina Leopoldina de Bélgica, personaje de nuestra historia y para la cual solamente usaremos su nombre más conocido.

La mamá de Carlota era 22 años menor que su padre, y fue una reina muy querida por todo el pueblo; se decía que era una mujer prudente, inteligente, de un alma delicada, de gran bondad, preocupada siempre por los demás y que tenía una mirada profunda y luminosa que reflejaba todo lo que conformaba su alma.

El 7 de junio de 1840, a la una de la mañana, llegaba a este mundo la princesa María Carlota; horas después, 21 cañonazos anunciaban el gran acontecimiento y todos los edificios eran engalanados, y a la noche, los principales edificios lucían iluminados; y el domingo siguiente se ofrecía un Te Deum en acción de gracias con la asistencia del rey y todos sus funcionarios, los diplomáticos de los países acreditados con embajadores, generales del ejército, senadores, presidentes de la Suprema Corte de Justicia y representantes del pueblo.

Pero, pese a todas estas fiestas, se notaba al rey contrariado, pues se dice que esperaba a un niño; sin embargo, poco a poco la pequeña princesa se fue apoderando del corazón del rey, y a los cuatro años nadie negaba que era su hija favorita.

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