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Junípero Serra, un santo de tres naciones - Epílogo

La gran labor humana y evangelizadora de Fray Junípero Serra ha sido ya plenamente reconocida en el aspecto civil y en el religioso.


Vidas ejemplares


Primeramente en 1884, en una sesión del Congreso de California se decidió festejar solemnemente la fiesta del centenario del Padre Junípero Serra y erigir una monumental estatua del fraile en Monterey, donde descansan sus restos. Asistieron representantes de todos los estados, incluyendo lugares tan lejanos como Nueva York.

Eduardo E. Cothran en lo literario escribió lo siguiente:

“En las remotas playas, donde el mugir de las olas y el murmullo de los pinares entonan eterno himno, los padres de otros tiempos, sin temores y con fe viva, erigieron santuarios… Llegaron con palabra dulce y persuasiva, enseñando a los salvajes el amor y el temor de Dios. Y la tierra dichosa floreció cual nueva vara de Aarón”.

“Pasaron ya aquellos años felices en que el amoroso Serra recorría aquellos desiertos bendiciendo a sus hijos, enjugando sus lágrimas y consolándolos en sus tribulaciones. ¡Años olvidado! En el lugar que él pisó con sus sandalias, se yergue impasible su estatua tallada en piedra fría; sus labios permanecen silenciosos, pero su diestra todavía se levanta con actitud de bendecir”.

Posteriormente, en San Francisco y otras ciudades se erigieron otros monumentos en honor del fundador, hasta que en 1930 se coloca en el mismo Congreso en Washington la estatua del misionero español, que para nosotros es también mexicano.

Pero lo más relevante es que durante la visita del Papa a Estados Unidos éste 2015, el Papa Francisco lo canonizó con las siguientes palabras:

“Hoy estamos aquí, podemos estar aquí, porque hubo muchos que se animaron a responder a esta llamada, muchos que creyeron que «la vida se acrecienta dándola y se debilita en el aislamiento y la comodidad» (Documento de Aparecida, 360). Somos hijos de la audacia misionera de tantos que prefirieron no encerrarse «en las estructuras que nos dan una falsa contención, en las costumbres donde nos sentimos tranquilos, mientras afuera hay una multitud hambrienta» (Evangelii gaudium, 49). Somos deudores de una tradición, de una cadena de testigos que han hecho posible que la Buena Nueva del Evangelio siga siendo generación tras generación Nueva y Buena.

“Y hoy recordamos a uno de esos testigos que supo testimoniar en estas tierras la alegría del Evangelio, Fray Junípero Serra. Supo vivir lo que es «la Iglesia en salida», esta Iglesia que sabe salir e ir por los caminos, para compartir la ternura reconciliadora de Dios. Supo dejar su tierra, sus costumbres, se animó a abrir caminos, supo salir al encuentro de tantos, aprendiendo a respetar sus costumbres y peculiaridades.

“Aprendió a gestar y a acompañar la vida de Dios en los rostros de los que iba encontrando, haciéndolos sus hermanos. Junípero buscó defender la dignidad de la comunidad nativa, protegiéndola de cuantos la habían abusado. Abusos que hoy nos siguen provocando desagrado, especialmente por el dolor que causan en la vida de tantos.

“Tuvo un lema que inspiró sus pasos y plasmó su vida: supo decir, pero especialmente supo vivir diciendo: «siempre adelante». Esta fue la forma que Junípero encontró para vivir la alegría del Evangelio, para que no se le anestesiara el corazón. Fue siempre adelante, porque el Señor espera; siempre adelante, porque el hermano espera; siempre adelante, por todo lo que aún le quedaba por vivir; fue siempre adelante. Que, como él ayer, hoy nosotros podamos decir: «siempre adelante»”.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

 

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