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Junípero Serra, un santo de 3 naciones - Cap XVII labor misionera incansable

La labor misionera de Fray Junípero se prolongó por varios años más, reforzando las misiones ya fundadas, confirmando en la fe a sus hermanos, predicando entre los indios, fundando nuevas misiones.


Vida de un santo


Durante sus últimos años visitó San Gabriel, San Luis y San Antonio, vivió la tristeza de saber que la misión de San Diego fue asaltada y destruida en 1775 por un grupo de indios, donde perecerían algunos de sus compañeros.

Estando en la misión de San Carlos se enteró de que por fin se había logrado la fundación de la misión de San Francisco con no pocas dificultades y sufrimientos; el Padre la pudo visitar en octubre de 1777 pronunciando en su agradecimiento a los Padres Palau y Cambón, que la habían llevado a cabo después de que en los intentos iniciales no había sido posible.

También el incansable caminante de Dios estaría vinculado a la fundación de San Juan de Capistrano y San Buenaventura.

La vida de este gran misionero se agotaba en el servicio del Señor, la famosa llaga de su pie cada vez estaba peor y sentía una gran opresión en el pecho, había llevado a cabo un recorrido y visita por la mayoría de las misiones y llegado a Monterey llamó a su inseparable amigo, el Padre Palau, que llegó el 18 de agosto de 1784. Llegó también el médico del rey Don Juan García, que trató de aliviarle el dolor del pecho con los incipientes conocimientos que se tenían en esa época, por lo que logró muy poco.

El Padre Palau, en la biografía de su amigo y por la cual conocemos tantos detalles de la vida de Fray Junípero escribió: “Día 26, se levantó más fatigado, diciéndome que había pasado mala noche, así que quería disponerse para lo que Dios dispusiera de él. Estuvo todo el día recogido sin admitir distracción alguna, y por la noche repitió conmigo su confesión general con grandes lágrimas, y con un pleno conocimiento, como si estuviera sano; y concluida, después de un rato de recogimiento, tomó una taza de caldo, y se recostó, sin querer que quedase alguno en su cuartito”.

“En cuanto amaneció el 27 entré a visitarlo, y lo hallé con el breviario en la mano. Preguntando cómo había pasado la noche me respondió que sin novedad, que no obstante que consagrase una forma y la reservase, que él avisaría”. La humildad de Fray Junípero era tal que el Padre Palau dice que pese a su estado de salud no quiso que le llevaran la comunión a su habitación, sino haciendo un enorme esfuerzo, acudió a la capilla a recibir a Nuestro Señor.

Por la noche se agravó más y pidió los santos óleos que recibió sentado en un equipal, y rezó las letanías de Todos los Santos y los Salmos Penitenciales; toda la noche la pasó sin dormir en oración, a ratos hincado, a ratos sentado.

El 28 de agosto de 1784, día de San Agustín, amaneció un poco mejor y recibió algunas visitas de los comandantes de las naves que lo habían llevado a diferentes lugares, a los que agradeció mucho el detalle. Se retiró a su cuarto y cuando regresó el Padre Palau lo encontró con una expresión muy serena en el sueño de la eternidad.

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