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Junípero Serra, un santo de tres naciones - Cap XII Monterey la misión de San Carlos

Bueno el Monterey de California se escribe con una sola “r”, y es totalmente diferente a nuestra industriosa y gran capital del estado de Nuevo León, que rodeado de grandes montañas, luce imponente. Este Monterey es una pequeña población turística, con unas vistas excepcionales al mar, y es un lugar en cierto sentido muy exclusivo, pero no siempre fue así.


Vida de un santo


Después de varias expediciones, se encontró el lugar donde se decidió fundar la misión que se llamaría de San Carlos Borromeo; sin embargo, después de un tiempo, fray Junípero decidió cambiarla de lugar porque se encontraba lejos de los indios y la recorrió cerca de cinco kilómetros a orillas del Río Carmelo. Esta misión es muy importante porque sería la sede que eligió el fraile para dirigir todo el territorio que le habían encomendado y porque ahí reposarían sus restos. Si alguna vez están por ahí, no dejen de visitar la misión y de hacer una oración ante la tumba de este gran explorador, misionero y santo.

El 31 de mayo de 1770 llegaron al puerto que el mismo padre describe como muy bello y recuerda que había sido descubierto por don Sebastián Vizcaíno en 1603. Pronto llegó la expedición que había partido por tierra; y así ya todos reunidos y gozando de salud, participaron de la primera misa de cantos de alabanza a Dios y a la Virgen Santísima, tomaron las tierras en nombre del rey, y dice fray Junípero que después comieron bajo una sombra a la orilla de la playa.

Cuando la llega noticia a la capital de la Nueva España de que ya se tenía una fundación que se estaba consolidando, las campanas se echaron a vuelo y se hicieron grandes celebraciones, ya que los dominios del rey se extendían ahora a más de mil kilómetros al norte.

El entusiasmado fray Junípero encontró que alrededor de la misión había tierras fértiles y además gran cantidad de pobladores, lo que daba un gran sentido a la misión, ya que había muchos indios a los que llevar la palabra de Dios y, una vez convertidos, bautizarlos y conducirlos a los demás sacramentos. Pero al mismo tiempo evaluó que era demasiada la distancia que se tenía entre San Diego y esta nueva misión, por lo que era imposible evangelizar tan vasto territorio, así que escribió al virrey y a su colegio de san Fernando pidiendo ayuda.

Grande fue su felicidad cuando tiempo después le confirmaban que se enviarían a 30 nuevos misioneros, algunos destinados a la Baja California con el padre Palau y otros para salir a evangelizar esos territorios a los que él se había referido. en sus cartas.

El 25 de octubre de ese mismo año salieron los misioneros franciscanos para Tepic y el 20 de enero de 1771 zarparon de san Blas, llegando a San Diego el 12 de marzo y a Monterey el 21 de mayo.

Mientras tanto, en lo político se retiraba el Virrey marqués de la Croix y llegaba en su lugar don Antonio María de Bucareli y Ursúa; el visitador Gálvez se retiraba para la corte, y con este cambio se determinó que los padres dominicos ocuparan las misiones de la Baja California y los franciscanos se concentran en California, para con esto hacer más efectiva la labor de evangelización.

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