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Junípero Serra, un santo de 3 naciones - Cap IX Una injusticia y una oportunidad

Lo que sería una de las más grandes injusticias de la historia sería, sin embargo, el hecho que permitiría a Fray Junípero Serra retomar su camino de misionero.


Vida de santos


En agosto de 1776 llegaba un nuevo virrey. El Marqués de Lacroix venía en compañía de Gálvez, un visitador que se rumoraba, quería revisar la administración de las haciendas de los jesuitas -de donde obtenían los recursos para sus escuelas y misiones-. Al mismo tiempo, el virrey empezó a organizar una milicia, cosa que empezó a causar extrañeza pues, es una realidad que la Colonia se mantuvo hasta esa época prácticamente sin ejército; pues a diferencia de lo que siempre se ha enseñado, la mayoría de los habitantes de la Nueva España se sentían bien y por ello no necesitaban muchas fuerzas militares para mantener el orden.

Después sucedió uno de los hechos más vergonzosos, que es poco conocido por los mexicanos. A las cuatro de la mañana del 25 de junio de 1767, un pelotón de soldados llamó a las puertas de la casa anexa a la Iglesia de la Profesa, en las calles de Madero e Isabel la Católica, exigiendo que inmediatamente se reuniese a toda la comunidad en la capilla; los Padres acudieron rápidamente llenos de sorpresa, escucharon atónitos la lectura del decreto de Carlos III. La Iglesia fue saqueada y las puertas cerradas, el veredicto: el exilio sin acusación alguna.

Lo mismo sucedió en todo el territorio, por lo que las misiones del Norte -que se encontraban a cargo de los jesuitas- súbitamente se quedaron sin pastores, ante este gravísimo problema el virrey recurrió al Colegio de San Fernando a pedir el apoyo de los Padres Franciscanos para tapar ese tremendo hoyo.

El Padre Superior evaluó el gran trabajo que eso significaba, sin embargo, sabiendo que no se podía abandonar a esa grey, decidió tomar esa enorme responsabilidad. En esos momentos Fray Junípero se encontraba de misión en la provincia del Mezquital, Hidalgo; seguramente la noticia de que debería regresar urgentemente al Colegio para partir de inmediato a California le debió haber causado una enorme sorpresa y alegría al mismo tiempo. Sin más, emprendió rápidamente el camino de regreso a la Capital.

Sólo dispuso el buen Padre de dos días para prepararse para el viaje, el Padre Superior los despidió con las siguientes palabras: “Vayan Padres y queridos hermanos con la bendición de Dios y de nuestro Santo Padre San Francisco a trabajar en aquella mística labor de California que nos ha fijado nuestro caótico monarca; vayan, vayan con el consuelo de que llevan para su prelado al Padre lector Junípero, a quien por esta patente nombro presidente de todas vuestra reverencias y de aquellas misiones, y no tengo que decirles más sino que le obedezcan como a mí mismo y me encomienden a Dios”.

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