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Junípero Serra, un santo de 3 naciones - Cap VI Frutos espirituales

Muy de mañana, el 1 de junio de 1750, Fray Junípero y el Padre Palou se encomendaron a Dios y salieron rumbo a la misión de Jalpan. No era un camino nada fácil... Primero, un paisaje un tanto árido y muy caluroso, después, la sierra escarpada que al llegar a la parte más alta súbitamente se transformaba en un hermoso bosque de coníferas; de ahí empezaba a descender, el clima se volvía húmedo y la vegetación iba cambiando -por así decirlo- a una especie de selva tropical.


Fray Junípero Serra; Misión Jalpan


Después de dieciséis días de un penoso camino sobre todo para Junípero, por la llaga del pie que jamás lo abandonaría, llegaron a la misión donde fueron recibidos con júbilo por cerca de mil indios entre grandes y chicos, con la dificultad que casi ninguno conocía el español.

Una vez que se establecieron, los Padres empezaron a evaluar la situación y se dieron cuenta de que la participación de los indios en la misa y en los sacramentos era mínima debido, principalmente, a la dificultad del lenguaje, así que por medio de un intérprete que conocía la lengua Pame, empezaron a armar lecciones y después de un tiempo comenzaron a comunicarse con los nativos, tradujeron un catecismo y les enseñaron las oraciones.

Poco a poco los indios fueron comprendiendo la doctrina, se fueron acercando a los sacramentos. Al principio con desconfianza pero después con mucha fe fueron practicando la confesión y acercándose a comulgar; los que no estaban bautizados recibían sus clases de iniciación y cuando ya estaban preparados, se procedía a bautizarlos. Se dice que cuando el Padre Serra se fue nueve años después, no quedaba en la región alguien sin haber recibido el sacramento.

Con gran entusiasmo les fue explicando el significado de las principales fiesta religiosas y las de los grandes santos; en las solemnidades las misas eran cantadas y eso les gustaba mucho, y en Navidad, después de la misa de gallo, los Padres organizaban una pequeña representación sobre el nacimiento del niño Jesús.

Desde luego la cuaresma era profundamente vivida para que llegaran muy bien preparados a las solemnidades de la Semana Santa. Todo el pueblo acudía el Miércoles de Ceniza a la ceremonia donde el Padre se las imponía y además, les daba explicaciones muy claras -y sobre todo prácticas- para que pudieran vivir esa cuaresma como buenos cristianos, ejercitando la caridad unos con otros.

El Domingo de Ramos se hacía una procesión y el Jueves Santo después de la misa, se ponía el Monumento para adorar al Santísimo. El Viernes Santo, el Padre Serra cargaba sobre sus hombros una pesada cruz para que los indios pudieran ver con toda claridad el terrible sacrificio de Jesús y después les predicaba el significado de todo lo que se estaba viviendo.

El Domingo de Resurrección los festejos se iniciaban desde muy temprano con gran entusiasmo anunciando que Jesús estaba vivo, todo el pueblo participaba con regocijo y se incluía una imagen de la Virgen que participaba de la alegría de ver a su hijo resucitado.

Se fueron haciendo tan famosas las celebraciones de la Semana Santa en las misiones que, poco a poco, llegaban españoles de los pueblos cercanos y se mezclaban en el culto, llenándose todos de la alegría de ser partícipes de las gracias que se obtienen formando parte de las ceremonias y de los sacramentos.

Así, con gran esfuerzo, pero sobre todo con entusiasmo y caridad, las misiones iban creciendo en sus frutos espirituales.

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