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Junípero Serra, santo de 3 naciones – Cap. II Su profesión

Lo buscaban también de los pueblos cercanos para que fuera a predicar durante la Cuaresma, el resultado que se obtenía era la conversión de muchos que se encontraban alejados de Dios. Se cuenta que durante una de éstas prédicas se levantó una mujer obesa y empezó a insultarlo y a decirle que no acabaría vivo este ciclo, sin embargo el Padre Serra lo atribuyó a una maniobra del Demonio para alejar a la gente y considerando que el Diablo es el padre de la mentira, no se preocupó mucho por tal amenaza.


La vida de un santo


En la vida de cada persona hay fechas siempre muy importantes, pero sobre todas ellas generalmente se destaca alguna. Para muchos es el día de su boda, el nacimiento de su primer hijo, cuando obtuvieron un título profesional o algún logro destacado. Para fray Junípero ese día fue el de su profesión definitiva (el 14 de septiembre de 1730), cada año lo recordó siempre e inclusive escribió en sus memorias que antes de este acontecimiento siempre fue enfermizo y por lo tanto le asignaban pocas tares, además, se veía muy bajo y con poca energía; sin embargo, a partir de esa fecha, se sintió mucho mejor e incluso creció un poco, todo, por la gracia de Dios.

Pero esto no detuvo a Junípero en sus deseos de estudiar, y viendo sus maestros que era un estudiante destacado lo siguieron impulsando para que se especializara en filosofía y una vez logrado esto se doctoró en teología por la Universidad Lulliana.

Además de catedrático era conocido por sus profundos y bellos sermones, a los que acudía mucha gente sobre todo en las grandes solemnidades sin faltar las expresiones después de escuchar alguno de ellos, en que, los participantes decían que habría que escribirlos en letras de oro.

El Padre Serra con todo y ser un catedrático de gran reconocimiento, no se aferró nunca a ninguna prerrogativa, porque su verdadero deseo era ser un auténtico evangelizador, así que lo que más le gustaba era estar en contacto con las personas y acercarlas al amor de Jesús.

Dentro del corazón del Padre Serra se fue anidando el deseo de llevar el Evangelio a las tierras descubiertas del otro lado del mar, y un día llegó a pedirle consejo el Padre Palou sobre los deseos que sentía de partir para las Indias, entonces Junípero se alegró mucho y le confesó que el tenía las mismas ideas en la cabeza y que desde hacía tiempo su corazón estaba inflamado con este mismo deseo buscando un compañero para iniciar la aventura.

Con el permiso de sus superiores, se embarcaron ambos Padres para Málaga; después de algunos días de navegación llegaron al puerto para trasladarse al convento que los Hermanos tenían en Granada, al llegar, lo primero que hizo el Padre Serra y su amigo fue incorporarse al rezo de las horas litúrgicas para dar gracias a Dios por lo que consideraban el primer paso para cumplir su gran sueño.

Pero en la vida real no todo resulta tan fácil... entonces se enteraron los Padres que ya estaban completos los lugares destinados para ir a las misiones, además había una cierta discriminación para los isleños a los cuales daban siempre menos oportunidades, pero el Padre Serra no desmayó ni en su insistencia ni en la oración, así que resulta que cuando se iniciaba el embarque, algunos de los ya destinados (que eran hombres de tierra adentro) jamás habían visto el mar entonces, al presenciar su apariencia imponente les entró miedo y desistieron tomando su lugar los Padres Junípero y Palou.

Así son los caminos de Dios, llenos de sorpresas.

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