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Edith Stein de filósofa judía a mártir cristiana - Cap XVI Huyendo hacia Holanda

“De ahora en adelante mi única vocación es el amor”, decía una estampa que Edith llevaba entre las manos mientras salía, nerviosa, rumbo al Carmelo de Holanda, pues las autoridades habían descubierto su origen judío y pesaba sobre ella la amenaza de ser detenida. En el Carmelo de Echt la esperaban con los brazos abiertos; ella tenía plena confianza en Dios, pero los hechos externos no podían dejar de influir sobre su ánimo y pronto se percató que en el mundo exterior se vivía una seria amenaza sobre la paz.


La vida de una santa


Resulta que a la hora de votar, las religiosas habían pensado en no hacerlo, pero Edith les pidió que lo hicieran contra Hitler. Por la clausura, lo hicieron en el convento; pero, a la hora de contar los votos, los espías se dieron cuenta de que faltaba uno, porque los judíos no podían hacerlo, y así se dieron cuenta del origen de Edith.

Un día antes de la salida de Edith la sinagoga de Colonia había sido incendiada y las familias judías obligadas a huir. Curiosamente, en el Carmelo holandés todas las hermanas eran alemanas que habían tenido que huir en un conflicto anterior con el segundo Reich, y se les permitió quedarse, pero con la condición de que aprendieran el idioma local; para Edith y su extraordinaria inteligencia no resultó nada complicado aprender el nuevo idioma.

El 1º de septiembre de 1939 las cosas se precipitaron con la invasión alemana a Polonia, y Francia e Inglaterra declararon días después la guerra, no porque les importaran los polacos como se dice, sino para cuidar sus propios intereses. Su hermana Erna, con toda su familia, pudo salir hacia Estados Unidos, sin poder despedirse, y fue triste que ya nunca más pudieron volver a encontrarse.

Como compensación a tan enorme tristeza, un día inesperadamente apareció su hermana Rosa a las puertas del convento, después de haber huido de una trampa que le había puesto una supuesta amiga que le ofreció formar una falsa comunidad religiosa, gracias a Dios Rosa lo descubrió a tiempo y pudo huir, llegando así con su hermana. La joven judía fue recibida por todas las hermanas y pronto se incorporó con diversas actividades.

Edith estaba inmersa en diversas tareas, hasta que la priora de Holanda, conociendo el currículum de la religiosa judía, le pidió que continuara trabajando en sus obras; y así, Edith pudo terminar su obra: “Ser infinito y ser Eterno”.

Mientras tanto, las noticias eran terribles. Muchos conventos en Alemania habían sido desalojados y saqueados, y cada día Edith despertaba con el temor de saber que lo mismo le había sucedido al Carmelo de Colonia.

El año siguiente se cumplirían 400 años del nacimiento de San Juan de la Cruz, así que la superiora le pidió a Edith que escribiera una obra relacionada con el gran místico y poeta español, y así nació la idea de escribir “La Ciencia de la Cruz”, que desgraciadamente no podría concluir.

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