Últimas noticias:

Edith Stein de filósofa judía a mártir cristiana - Cap XV Despedida y bienvenida

Edith, ahora Sor Teresa Benedicta, tenía muchas visitas a través de la rejilla; las apreciaba, pero no recibiría nunca la que más hubiera deseado, la de su madre. Le escribía cada semana, pero nunca recibía una respuesta, pues su mamá nunca pudo superar el dolor que le había causado la decisión de su hija.


La vida de una santa


El 14 de septiembre de 1936, víctima de un cáncer de estómago, la señora Stein partía de este mundo; antes, había dejado entre las cartas a sus hijos un mensaje para Edith, donde recordaba que pase lo que pase una madre nunca se olvida de una hija. Edith se despedía de su mamá, pero se sentía ahora más cerca de ella, porque estaba segura por la fe que un día no muy lejano se unirían nuevamente ambas en la casa de Dios.

Pero con la despedida se ligaría una bienvenida; ésta sería a Rosa, su hermana, que llegaría a la Iglesia Católica como lo deseaba desde hacía mucho tiempo, pero que no lo había hecho por no apenar más a su mamá; ahora ya no tendría ningún impedimento de conciencia para hacerlo.

Los caminos de Dios son más sorpresivos que los que podemos encontrar en la novela más imaginativa. Así, nadie hubiera podido imaginar que estas dos hermanas judías un día se encontrarían en la fe de la Iglesia Católica, que para los católicos de alguna manera sería un camino lógico, pues desde su perspectiva la misión de ese pueblo escogido era preparar la venida del Mesías, por lo que parece muy lógico para quien así lo analiza esta conversión.

Rosa, desde hacía mucho tiempo asistía a misa todos los días muy temprano, pero se lo reservaba para ella. Cuando llegó a Colonia, se encontró con la noticia de que su hermana estaba hospitalizada, por una fractura de un pie. Esa mala noticia tuvo una parte muy positiva: Edith pudo preparar a su hermana con mucho tiempo en el hospital para su bautizo, al que le dieron permiso de asistir. Como Rosa no tenía una capa blanca, Edith le prestó su manto Carmelita.

Rosa era ocho años mayor que Edith. De pequeña le decían que era un pequeño león, por todas las travesuras que hacía con los chicos que eran sus vecinos. No fue fácil para la señora Stein conducirla. Hoy ese gran corazón de León se encontraba de rodillas frente a Cristo crucificado, que con su amor endulzaba a Rosa y le hacía sentir que había encontrado lo que buscaba en la vida: seguridad y luz en un amor que siempre es fiel y nunca traiciona.

Pero estos eran unos momentos de luz que precedían a días oscuros y de tragedia. El cielo seguía nublándose en las afueras del convento y Edith tenía un doble estigma sobre su cabeza: era judía y además era religiosa católica, ambas cosas imperdonables para un régimen fanático lleno de soberbia.

@yoinfluyo

comentarios@yoinfluyo.com


 

Lo más visto

Síguenos en nuestras redes sociales

Yoinfluyo Yoinfluyo Yoinfluyo Yoinfluyo

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar