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Edith Stein de filósofa judía a mártir cristiana - Cap IX Nuevos lugares, nuevos encuentros

Edith Stein se decía continuamente que Dios nos va enseñando el camino que debemos seguir y todo llega a su tiempo. Por entonces se encontraba nostálgica y cada día extrañaba más el convento y la escuela donde había dado clases. Así que, para buscar nuevos horizontes, hizo una solicitud en la Universidad de Friburgo, donde daba clases el famoso filósofo Heidegger, al que había conocido en la casa de su maestro y quien le había agradado mucho.


La vida de una Santa


Pese a todos sus esfuerzos, no consiguió la cátedra que buscaba, parece ser que por su origen hebreo y por ser católica, cosas que no agradaban a las autoridades de la institución que eran cercanas al régimen- Y cuando no sabía qué hacer, de repente le llegó una oferta para ir a dar clases a la Universidad de Münster, donde daría formación académica a un grupo de profesores.

Se fue a vivir con unas monjas benedictinas que le dieron una celda con la máxima austeridad, donde no había en su cuarto ni siquiera un mueble para colocar sus libros; lo único que tenía a la vista era un crucifijo, que para ella era más valioso que todo lo demás. Aprovechó esto para escribir un libro espiritual llamado “Los Caminos del Silencio Interior”. Siguió siendo invitada a dar conferencias, inclusive en el extranjero. En París conoció al famoso filosofo Jacques Maritain.

Para cualquier observador externo, Edith estaría en la cumbre de la realización al ser tan aplaudida y reconocida; sus compañeros de trabajo la consideraban como una gran colaboradora, que siempre aportaba ideas interesantes. Pero ella se sentía cada vez más desconectada del mundo y, sin embargo, estaba segura que Dios quería que siguiera aportando sus conocimientos y su mensaje en la comunidad de Münster.

Pero las cosas cambiarían dramáticamente con la llegada de Hitler al poder en 1933. EL Instituto de Ciencias Pedagógicas del padre Steffes se puso en la mira porque promovía ante todo la libertad.

Un día que regresaba a su casa, se dio cuenta de que se le habían olvidado las llaves; llamó a la puerta, pero nadie la escuchó; en eso, un amigo profesor que pasaba por ahí le preguntó si podía auxiliarla. Edith le contó lo que pasaba y el profesor le dijo que él y su esposa estarían encantados de tenerla como huésped en su casa.

Edith, durante y después de la cena, escuchó con verdadera angustia la plática del profesor que le narraba las horribles cosas que empezaban a suceder. El profesor no sabía que Edith era judía, pues ya la había conocido como católica, así que no podía saber que para su colega la narración era doblemente dolorosa.

Edith sintió un gran temor y al mismo tiempo una gran iluminación, sintiendo que pasara lo que pasara el Señor estaría con ella acompañándola en el doloroso camino que por primera vez sospechó le podría esperar, porque aún se sentía solidaria con su pueblo.

Son esos momentos en que los elegidos de Dios presienten que su vida está yendo hacia un abismo, pero que ponen su vida con confianza plena en las manos de Dios, sabiendo que nunca quedarán defraudados.

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